Por @Wicho — 20 de Octubre de 2025

Photo NOT confirmed Hearing there were scorch-marks, so space-debris or meteorite. THOSE ARE TWO THEORIES

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— JonNYC (@xjonnyc.bsky.social) 17 de octubre de 2025, 20:39

Están haciendo las rondas unas fotos del exterior y el interior de la cabina de un Boeing 737 MAX de United Airlines que la semana pasada chocó con algo a unos 36.000 pies de altura cuando volaba de Denver a Los Angeles.

Ese algo impactó contra la parte superior izquierda de la ventana izquierda de la cabina según la miras desde dentro y provocó daños tanto en el marco como en las dos capas de cristal que forman la ventana. De hecho hay algunas fotos en las que se ven pequeñas heridas en el brazo del comandante y restos de cristal sobre el pedestal central de instrumentos de la cabina.

Pero la capa flexible que va entre los dos cristales parece haber sujetado todo más o menos en su sitio. De hecho el avión no perdió presión pero aún así la tripulación decidió bajar hasta los 26.000 pies y desviarse a Salt Lake City. Allí el pasaje fue recolocado en otro avión mientras que el avión estuvo algo más de tres días parado en Denver antes de volar ayer a Chicago.

Un impacto contra cualquier cosa a esa altitud es extremadamente raro. No hay aves que vuelen tan alto, al menos no en los Estados Unidos. Lo mismo pasa con los insectos.

Pero estoy dispuesto a jugarme 42 gallifantes a que a pesar de que el comandante afirmó que era un resto de basura espacial pues va a ser que no. Un informe de la Administración Federal de Aviación (FAA) de 2023 dice que la probabilidad de que la basura espacial causara lesiones a un pasajero de una aerolínea es menor que una entre un billón. Ya sería mala suerte. Y mucha casualidad.

De hecho parece mucho más probable que fuera, por ejemplo, un resto de granizo expulsado de una tormenta a kilómetros de distancia y más baja que el avión; la Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos tiene una circular sobre eso. Aunque lo cierto es que la meteorología del día no apoya esta idea.

Pero de ser algo que viniera del espacio, es mucho más probable que haya sido un meteoroide –no son meteoritos hasta que llegan al suelo– con una composición relativamente blanda, que además son los más habituales; uno metálico habría hecho mucho más daño al avión aún en un impacto de refilón.

Y es que caen muchos más meteoroides al día que restos de basura espacial. Por mucho que SpaceX y compañía estén aumentando esta última cifra ya que la empresa de Musk pierde, por ejemplo, un par de satélites Starlink al día.

Claro que también cabe la posibilidad de que no hayan chocado con nada, aunque el comandante insiste en que vio venir lo que fuera que fuese, y que simplemente ese parabrisas haya salido malo. Aunque antes de que nos pongamos de los nervios, de ser ese el caso no sería otro problema del MAX, pues es un componente que comparte con los 737 NG de la generación anterior.

En cualquier caso habrá que ver qué dice la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) cuando analice los restos y los datos que está recopilando como los del radar, meteorológicos y de las cajas negras del avión. El parabrisas, por su parte, está en los laboratorios de la NTSB para su examen.

Actualización 21/10/2025: todo parece indicar que el choque ha sido contra un globo sonda meteorológico de la empresa WindBorne.

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