Por @Wicho — 13 de Octubre de 2025

La descripción
En el quirófano – Foto de Anna Shvets

Un equipo de la Universidad Médica de Anhui ha publicado un trabajo en el que cuentan el caso de un paciente cuya vida consiguieron prolongar en casi seis meses después de trasplantarle un hígado de cerdo genéticamente modificado¡. Se puede leer en Genetically engineered pig-to-human liver xenotransplantation.

El paciente, de 71 años, sufría de cirrosis derivada de la hepatitis B y además tenía un tumor en lóbulo derecho del hígado. En según qué casos el tumor puede ser extirpado mediante cirugía. Pero es necesario que el tamaño de lo que quede de hígado sea suficiente como para que sea capaz de cubrir las necesidades de la persona a quien le han hecho la resección. Pero en el caso de este paciente habría que extirpar demasiado hígado.

Así que sus médicos intentaron reducir el tamaño del tumor mediante quimioterapia. Pero el tratamiento no funcionó. No sólo eso sino que en un momento dado el tumor alcanzó tal tamaño que amenazaba con romperse.

Debido a la presencia del cáncer el paciente no era candidato a recibir un trasplante, por lo que el equipo médico hizo análisis a su familia a ver si podían donarle parte de sus hígados para hacer un injerto. La idea es que el injerto sirva de apoyo al hígado original para mantener al paciente con vida. Aunque tampoco hubo suerte.

En esta situación, y sin más opciones viables, plantearon al paciente y su hija injertar parte del hígado de un cerdo con diez modificaciones genéticas hechas utilizando CRISPR/Cas9 para intentar reducir el rechazo, algo que ambos aceptaron.

Las cosas fueron muy bien con el injerto y apenas terminada la operación el tejido de cerdo empezó a producir bilis y la función hepática del paciente fue mejorando en las horas y días siguientes. De hecho para el día diez tras la operación lo que quedaba del hígado del paciente estaba funcionando mejor que antes. Además sin síntomas de rechazo, que estaba siendo tratado con medicamentos estándar para ello.

Sin embargo a partir del día 25 el paciente empezó a desarrollar una microangiopatía trombótica derivada del trasplante. Es una condición que produce coágulos sanguíneos microscópicos que dañan los vasos sanguíneos más pequeños y el resto de los órganos.

Así que para el día 38 hubo que extirpar el hígado de cerdo aprovechando que el del paciente, que en ese tiempo había crecido –es una cosa que el hígado es capaz de hacer– ya tenía el tamaño suficiente. Y el hígado siguió funcionando bien, a a vez que desaparecieron los síntomas de la microangiopatía trombótica.

Pero esta historia no tiene final feliz: en el día 135 después de la operación el paciente sufrió una hemorragia gastrointestinal superior repentina derivada de sus problemas de hígado. Y aunque fue sometido a varias intervenciones los episodios de sangrado persistieron y le provocaron la muerte en el día 171 del postoperatorio.

En cualquier caso, y aunque aún estemos a años –o más bien décadas– de que el xenotrasplante de hígado sea viable para casos normales, aunque sólo sea como medida de apoyo temporal, los resultados de este caso son un avance. En especial porque los anteriores ensayos se habían hecho con pacientes en muerte cerebral.

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