Por @Alvy — 13 de Diciembre de 2021

Por cosas del algoritmo me he cruzado con este vídeo de UFO (1970-1971), una serie británica creada por Gerry y Sylvia Anderson que me ha evocado recuedos de mi niñez: fue una de las primeras ciencia-ficción que vi, junto con la mítica Star Trek y la no menos clásica Espacio: 1999.

UFO puede verse hoy en día como una especie de cruce bizarro entre Thunderbirds (1965) y Star Trek (1966) y probablemente algo de Doctor Who (1963), aunque esta última no es de las que más me gustaban. De hecho UFO podría pasar por un Thunderbirds con actores humanos –al fin y al cabo los creadores de la serie eran los mismos– porque todas las maquetas, efectos especiales y decorados son muy similares: sencillos y planos, con colores brillantes y botones sobresalientes, un truco que también empleara Star Trek. Eso sí: eran vehículos fantásticos, variados, ingeniosos y llamativos se mire como se mire. Por otro lado ovnis y alienígenas había, pero tampoco se veían muchos, un poco lo que pasaba con el tiburón de Tiburón; por aquello de ahorrar y las «cosas del guión» eran transplantados a cuerpos humanos.

En la serie había muchos puntos característicos de los que «hacen afición», desde la Base Lunar a las pelucas púrpura de las guapas operativas del cuartel general, cuyo maquillaje era galácticamente espectacular. No menos mítico era el tobogán por el que los pilotos se lanzaban hasta las naves espaciales (ineficiente pero fotogénico), los ovnis circulares que no paraban de dar vueltas o el coche SHADO que se construyó a medida para la serie.

El vestuario también era para nota: desde los trajes color plata de las mujeres a los monos de los pilotos (que bien podrían ser pijamas) a las mallas estilo Aquaman que usaban en la base submarina. Todo ello rodeados de monitores de TV en blanco y negro, grandes botones mecánicos y contadores digitales perfectamente analógicos. Incluyendo teléfonos del futuro con… ¡cable en espiral! El paraíso de lo retro, vamos.

UFO era un auténtico derroche de creatividad, donde cada elemento era llamativo en sí mismo. Los episodios –se emitieron 26 en total– seguramente no aguantarían el paso del tiempo, y el ritmo debía ser glacial, pero ver algunas escenas y escuchar la musiquilla setentera no deja de llamar la atención y remontarnos al pasado.

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