Por Nacho Palou — 29 de Junio de 2017

Retrato imaginario ia

Estos retratos humanos de gente imaginaria han sido creados por un programa de inteligencia artificial desarrollado por Mike Tyka que hace uso del aprendizaje máquina y de redes neuronales para convertir bocetos de entrada hechos a mano por una persona en imágenes fotorrealistas basándose en un repositorio de imágenes para “deducir” cómo sería una imagen real equivalente al boceto inicial.

Por si los retratos artificiales de Mike Tyka no fueran lo bastante inquietantes por sí mismos, otro desarrollador artístico, Branislav Ulicny, ha aplicado sobre ellos otro programa de inteligencia artificial, llamado DeepWrap, que manipula esos retratos para darles “vida”, o al menos para proporcionales movimiento de forma interactiva — en este caso proporcionando movimiento a los ojos para que los retratos sigan con la mirada el movimiento del cursor por la pantalla, tal y como se puede probar aquí aplicado a retratos pero que también es aplicable a otro tipo de imágenes, como esta de Júpiter.

Vía Fast Co.Design.

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Por @Alvy — 29 de Junio de 2017

Dream Bottles

Dicen que hay apps para todo y Dream Bottles [iOS, Android, gratuita] podría ser un buen ejemplo: una aplicación mediante la cual sumergirse en el romántico e imaginativo mundo de los «mensajes en botellas» combinando tecnología y las leyes de la física de las corrientes marinas.

Lo que hace esta app es básicamente enviar mensajes reales en «botellas virtuales». Tras registrarse se puede escribir el mensaje, elegir el papel, tipo de botella y lugar de lanzamiento. ¡Y allá que va! La botella virtual circula entonces por los mares y océanos siguiendo las corrientes marinas reales mediante una simulación con datos obtenidos de los observatorios que publican esa información. Según dicen además estas botellas son más ecológicas que las botellas físicas. Y como ventaja tecnológica permiten acelerar el tiempo para que todo suceda un poco más rápido.

Como usuario de la app se pueden ver otras botellas que andan dando vueltas por ahí y si se está suficientemente cerca de alguna se pueden recoger, leer y ver quién la ha enviado – incluso cuenta con un chat. ¿Quién dijo que el mundo digital no abriría un insospechado abanico de nuevas posibilidades a algo tan añejo como el envío de mensajitos en papel?

Desde luego usar la app no es exactamente igual que lanzar una botella de vidrio «de verdad», pero también hace mucho más probable que encuentres una botella con mensaje y a la persona que lo envió. Lo que suceda a partir de ahí depende del destino –literalmente– que haya seguido por los diversos mares.

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Por @Alvy — 28 de Junio de 2017

En esta interesantísima entrevista que ha mantenido Numberphile con Robbert Dijkgraaf, un físico matemático –que no un matemático físico– se habla de la eterna relación entre matemáticas y física, dos campos del conocimiento humano con los que pretendemos entender el universo, sus reglas y el porqué de su comportamiento.

Lo curioso es que tradicionalmente la física siempre ha sido considerada algo así como la versión ruda de la realidad: un tanto tosca, algo imprecisa aunque práctica y en continua evolución, mientras que las matemáticas han ocupado el lugar elegante, pristino e ideal que suponemos a los más altos conceptos subyacentes en el universo.

Pero tal y como explica Dijkgraaf esto está cambiando y se debe principalmente a la mecánica cuántica. Una teoría que pese a todos sus aspectos difíciles de entender y contrarios a nuestra intuición y experiencia resulta en ocasiones ser superior incluso a las matemáticas. Esto está haciendo que sean los matemáticos quien pueden ahora usar una teoría física en la práctica superior y más «real» para desarrollar ciertos conceptos.

La dificultad para aceptar esta transición de «toma y daca» tiene que ver con situaciones matemáticamente muy chocantes: en la mecánica cuántica a veces es imposible saber dos cosas a la vez debido a cuestiones como el principio de incertidumbre de Heisenberg o a las las distribuciones de probabilidad que hacen que se deban considerar infinidad de escenarios alternativos que no son los aparentemente obvios – para un electrón no hay un solo camino para ir de A a B, sino infinidad de ellos, cada uno con cierta probabilidad. Por no hablar de cómo afecta el papel del observador, algo nunca visto en matemáticas (el valor de π no cambia, por mucho que metas un círculo en una caja y lo mires luego o no).

Pero aprovechando estas características de la mecánica cuántica resulta que es más sencillo y eficiente resolver ciertos problemas, ya sean de topología o de geometría en espacios de cuatro o seis dimensiones. Dijkgraaf afirma que los matemáticos que añaden estas «armas teóricas» a su arsenal pueden progresar más en ciertos campos y ayudar con ello a una mejor comprensión del universo.

La parte final la dedica a recordar lo que denomina la actual crisis de la física: el hecho de que haya dos teorías válidas y precisas para los mundos subatómicos y macroscópicos (la mecánica cuántica y la relatividad general respectivamente) pero que no haya una forma clara de unificarlas a día de hoy – incluyendo situaciones en cierto modo aberrantes como son los agujeros negros o el propio Big Bang.

Quizá para resolverlo ambos campos –el de las matemáticos y la física– tengan que remangarse para adaptar ideas de los otros y llegar a algo mejor. Quizá algo tan revolucionario o extravagante como que el espacio que percibimos no es algo geométrico sino quizá algo más parecido a «píxeles de información pura», del mismo modo que sabemos que una mesa no es sólida o que la «temperatura» no existe sino que son meros choques de partículas y que simplemente la podemos medir con un termómetro. Algo que tal vez requiera un nuevo Einstein, un nuevo Planck o un nuevo Heisenberg.

Hay algo de material extra en la post-entrevista en este otro vídeo, también interesante, aunque el grueso de la explicación está en los primeros diez minutos del vídeo principal.

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Por @Alvy — 28 de Junio de 2017

Ethereum bitcoin

Sarah Pan ha hecho un estupendo análisis del estado actual de la «fiebre del oro» de las criptodivisas en un artículo en el que ha extraído de diversas bases de datos todos los historiales disposibles y los ha cotejado con los hechos más relevantes durante los últimos años en tan complejo sector.

El texto se puede leer completo en el blog de Timescale, una herramienta SQL especialmente pensada para series históricas de datos: Analyzing Ethereum, Bitcoin, and 1200+ other Cryptocurrencies using PostgreSQL. Aunque es un tanto farragoso esto sería lo más destacable, junto con algunos otros enlaces y referencias que he encontrado por ahí:

  • La fiebre del oro es bastante palpable, con hechos como que nace más de una nueva criptodivisa casi cada día (en las llamadas ICO, initial coin offering, algo en cierto modo equivalente a las «salidas a bolsa» u OPV, ofertas públicas de venta).
  • Tan claro es el boom que efectivamente quien hubiera invertido ‑y guardado pacientemente– 100 dólares en Bitcoin hace 7 años (2010) tendría unos 5 millones de dólares a día de hoy.
  • Las criptodivisas conforman un mercado global, pero si en Bitcoin se invertía casi únicamente en dólares hasta 2014 pronto los yuanes chinos tomaron la delantera (probablemente debido a su devaluación). En 2017 el Banco Popular de China reforzó la regulación al respecto y entonces fue Japón quien pasó a liderar el volumen de transacciones, por encima tanto de China como de los Estados Unidos. (En Japón el Bitcoin se considera una «divisa legal»).
  • Una escalada similar se ha visto en Ethereum, la segunda criptodivisa por volumen que ha sufrido el mismo efecto explosivo pero en menos tiempo: en su primer año ya superaba a Bitcoin en crecimiento (530%) y el año pasado se apuntó otro 200%.

Cripto Marketcap

  • El mercado se ha transformado en cierto modo de un mundo para inversores en criptodivisas en también una oportunidad para creadores de nuevas criptodivisas. Las más de 1.200 ya existentes son un ejemplo claro, así como la semana del 25 de mayo en la que aparecieron 300 nuevas criptodivisas en menos de siete días.
  • En la larga cola de las criptodivisas [gráfico] sigue liderando Bitcoin (BTC) seguida por Ethereum (ETH) y a continuación un grupo más amplio con Litecoin (LTC), Ripple (XRP) y Ethereum Classic (ETC). Litecoin es casi idéntica a Bitcoin; algunas de las otras tienen usos específicos y ciertas mejoras y diferencias técnicas (como Ripple), pero algunas como Ethereum podrían acabar complementando o reemplazando prácticamente a Bitcoin con el paso tiempo.
  • A día de hoy es relativamente fácil comprar y vender bitcoins y también ethereum y otras criptodivisas; basta hacerlo a cambio de dólares o euros – al menos para volúmenes razonables. Digamos que tiene la misma dificultad –más o menos– que si decidieras comprar monedas de oro o acciones de Tesla, Inc.: disponer del dinero, una cuenta de banco, acudir a un mercado probablemente extranjero en el que comprar y vender, identificarse de forma fiable, hacer las transacciones, pagar comisiones, declarar los importes por aquello de los impuestos… Pero no son operaciones imposibles.
  • Bitcoin vs. Ethereum. En muchos sitios se habla de esta relación amor-odio que parte de una misma base (la tecnología blockchain) y se hace el –probablemente inapropiado– símil entre lo que sucedió con el VHS y el Betamax, o entre el VHS y los DVD… Pero a día de no está del todo claro qué podría suceder. Un buen artículo al respecto: Ethereum: The not-Bitcoin cryptocurrency en Mashable.

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