Por @Wicho — 30 de Diciembre de 2021

El avión accidentado en una foto del 20 de septiembre de 2018
El avión accidentado en una foto del 20 de septiembre de 2018 – Foto CC BY-SA 4.0 por Rizky Bramantyo

El 19 de octubre de 2018 se estrellaba el vuelo 610 de Lion Air pocos minutos después de despegar. El avión que daba servicio a ese vuelo era el PK-LQP, un Boeing 737 MAX entregado poco más de dos meses antes a la aerolínea y con poco más de 800 horas de vuelo. Fue el primer MAX en sufrir un accidente. Y entonces no podíamos sospechar que en marzo de 2019 al modelo se le retiraría el permiso para volar en todo el mundo después del accidente del vuelo 302 de Ethiopian Airlines y que pasarían casi tres años antes de que Indonesia permitiera la vuelta al servicio del modelo.

Las aerolíneas tendrán que aplicar las modificaciones propuestas por Boeing y aprobadas ya por las autoridades de otros países antes de que los aviones vuelvan a volar; las autoridades indonesias revisarán cada uno de ellos antes de su primer vuelo.

Esto en realidad sólo afecta por ahora a los 9 MAX que le quedan a Lion Air tras el accidente; Garuda, la aerolínea de bandera indonesia, ha decidido que no volverá a poner en servicio su único MAX pues su prioridad ahora es reestructurar su deuda y para eso va a reducir su flota de 142 a 66 aviones.

La historia de cómo Boeing llegó a producir un avión con los problemas del 737 MAX está magníficamente recogida en Flying Blind: The 737 MAX Tragedy and the Fall of Boeing. Pero la versión TL;DR es que quisieron ahorrar dinero y tiempo a la hora de sacar un modelo capaz de competir con el Airbus A320neo y que nadie con autoridad en la empresa quiso escuchar a las personas que estaban preocupadas por las decisiones que se estaban tomando en su diseño. Y la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos, que se supone que supervisaba tanto el proceso de desarrollo como la autorización para la entrada en servicio del nuevo modelo tampoco hizo su trabajo.

El resultado ahora es sabido: casi dos años sin que el MAX pudiera volar en ningún lugar del mundo, miles de millones de dólares perdidos, y, sobre todo, 346 vidas que no se deberían haber perdido.

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