Por @Wicho — 8 de Febrero de 2023

Portada de libro con un diseño que en su parte superior sugiere el pubis de una mujerInferior. Por Angela Saini. Círculo de Tiza (2ª edición, 1 de noviembre de 2017). 270 páginas. Traducción de Alejandra Chaparro.

En 2011, mientras estaba en plena promoción de su libro Geek Nation, la autora tuvo que enfrentarse con un «señoro» que, al terminar una de sus charlas, vino a preguntarle que dónde estaban las mujeres científicas. Que dónde estaban las ganadoras de premios Nobel. A decirle que, simplemente, las mujeres no eran tan buenas en ciencia como los hombres y que estaba demostrado que eran menos inteligentes. Por supuesto no falto una dosis de racismo en la diatriba del individuo ese; y es que aunque Ángela nació en Londres sus padres son indios.

Ella intentó rebatir los ¿argumentos? del ¿señor? pero pronto se dio cuenta de que no había nada que hacer y lo dejó por imposible.

Años más tarde Ian Tucker, editor del Observer, le pidió que escribiera un artículo sobre la menopausia. La investigación que llevó a cabo para escribir ese artículo la acercó a la enorme riqueza de la investigación sobre la mujer, y en particular las controversias dentro de la ciencia acerca de cómo definir lo que es una mujer. Y se convirtió en el germen de este libro.

En él recorre la vida de una mujer, desde el nacimiento hasta la vejez, pasando por la vida laboral, la maternidad y la menopausia, mientras se cuestiona lo que la ciencia nos dice realmente y las controversias en torno a lo que sigue siendo incierto. Así, neurociencia, psicología, medicina, antropología y biología evolutiva tienen un importante papel en él.

Pero tan importante o más que el papel de esas ciencias en él es la actitud de la autora, que intentó enfrentarse a lo que se iba encontrando sin posiciones preconcebidas. Y lo que queda claro es que la inmensa mayoría de los estudios –sino todos– que de alguna forma afirman que existe una clara diferencia entre hombres y mujeres y que, casi siempre, indican una superioridad de los hombres en lo que sea de lo que trata ese estudio, son, como poco, muy matizables. Cuando no han sido distorsionados por los medios de comunicación y la sabiduría popular, en especial a través de las redes sociales, hasta que al final acaba popularizándose la idea de que el estudio dice algo que no dice.

Igual que el mundo no es en blanco y negro, las diferencias entre hombres y mujeres tampoco lo son; a menudo están en grises o son una cuestión de graduación, y sólo los casos más extremos, generalmente patológicos, puede que se puedan interpretar en el sentido de que uno de los géneros es superior al otro en algo. Por lo general todos los hombres tenemos nuestra parte femenina y todas las mujeres tienen su parte masculina; y las personas somos un continuo de pequeñas variaciones, con lo que las diferencias son muy sutiles, si es que existen; a menudo tan siquiera son realmente medibles.

Y es que lo que se ha encontrado Angela es que, en sus propias palabras, «hay un convincente corpus de investigación científica que, en lugar de separar aún más a mujeres y hombres en la guerra de sexos, afirma la importancia de la igualdad sexual. Nos acerca más.»

El feminismo es simplemente defender la igualdad de oportunidades para ambos sexos. En otras palabras, es defender la democracia. Y todas somos feministas, o debería darte vergüenza no serlo.

– Sarah Blaffer Hrdy,
primatóloga y antropóloga

Aunque a menudo la ciencia, influenciada por los sesgos de las personas que la practican, se haya equivocado en casi todo lo que tiene que ver con las mujeres.

Este libro es un magnífico recurso para cualquiera que se enfrente a la necesidad de poder desmontar «argumentaciones» como las del señoro del primer párrafo de esta reseña; es un gran punto de partida para tomarse con una enorme dosis de escepticismo esos estudios que dicen que los hombres esto o las mujeres aquello. Y para que cada vez que nos encontremos con uno, nos lo pensemos dos veces antes de creernos lo que dice.

De este hueco entre lo que dice la ciencia y lo que de ella se comunica hablaremos mañana, en la jornada Género y comunicación de la ciencia, organizada por la Universidad del País Vasco y Euskampus con la colaboración del Gobierno Vasco, EiTB e Iberdrola. Se puede seguir en directo.

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Por @Wicho — 8 de Febrero de 2023

La Progress con la Tierra y el negro del espacio al fondo vista mientras se aleja de la Estación
La Progress MS-22 a su partida de la EEI - Roscosmos

A primera hora de la mañana del 7 de febrero de 2023 terminaba la misión de la cápsula de carga Progress MS-20. Como es lo habitual, lo hizo con una reentrada controlada en la atmósfera sobre una zona remota del Pacífico –la más remota del mundo, de hecho– por si algún resto sobreviviera a la maniobra. Llevaba a bordo materiales de desecho y ya no necesarios en la Estación Espacial Internacional, que han resultado incinerados en la atmósfera igual que la cápsula.

Deja en la Estación unas tres toneladas de alimentos, combustible y suministros que incluyen 599 kilogramos de combustible para la Estación propiamente dicha; 420 litros de agua para el segmento ruso; 40 kilos de nitrógeno comprimido; y 1.458 kilogramos de suministros varios para la tripulación que incluyen comida, bebida, ropa, y algunos objetos personales.

Deja su sitio a la Progress MS-23, cuyo lanzamiento está previsto para el día 9.

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Por @Wicho — 8 de Febrero de 2023

Vista frontal de los altavoces con el mando a distancia apoyado en el derecho

He estado probando durante un tiempo unos altavoces activos Edifier S3000 Pro que me prestaron las buenas gentes de Zoco City. Y he alucinado con su calidad de sonido. Claro que era de esperar porque su precio es de 900 euros, así que ya pueden sonar bien. También he de decir que aunque pueda haber escuchado altavoces mucho más caros en alguna feria esta es la primera vez en la que disfruto de unos en casa, así que tenían muchos boletos para dejarme impresionado.

Los S3000 Pro están en la parte alta de la gama de productos de Edifier, dentro de lo que denominan altavoces para estantería. Aunque no sé exactamente qué tipo de estanterías tienen los de Edifier en sus casas porque miden 356 mm de alto por 232 de ancho y 268 de fondo.

Vamos, que son bastante grandes. De hecho, si los colocas al lado de ellas, dejan pequeña a una tele 32 pulgadas; no tanto a otra de 37, claro, con la que la proporción ya es más razonable. Aunque siempre queda la opción de colocarlos sobre unas peanas y no ponerlos en la estantería o sobre la mesa.

Además pesan 10,5 kilos cada uno. Contribuye a ese peso el que que están construidos en tablero MDF de 21 mm. El acabado es negro ligeramente satinado en el frontal y la trasera así como en la parte superior e inferior; los lados van terminados en madera veteada. Unas patas en color bronce con la parte inferior de goma negra los aísla de la superficie sobre la que los coloques anulando cualquier tipo de vibración no deseada.

En el frontal montan un altavoz de bajos y medios de aleación de aluminio de alta dureza de 179 milímetros de diámetro capaz de entregar 120 vatios RMS y un tweeter de 107 milímetros capaz de dar 8 vatios, también RMS. Van cubiertos por una rejilla de tela desmontable. Su rango de frecuencias va de los 38Hz a los 20KHz. Sólo muy brevemente me atreví a darles volumen a tope para evitar crear una crisis en la comunidad de vecinos. Y he de decir que tienen potencia más que suficiente para cualquiera de las habitaciones de mi casa sin distorsionar.

Para quienes sepáis más de esto, las tripas de los S3000 Pro son un chip DAC PCM 5242 para convertir las señales digitales en analógicas; y un procesador xCore multi-core de XMOS y un chip de procesamiento de audio TI TLV320AIC3268.

Pero lo importante, como decía al principio, es que los S3000 Pro suenan muy, muy bien. Iba a escribir que increíblemente bien pero, de nuevo, son unos altavoces de 900 euros, así que ya pueden. Me preocupaba un poco que al no tener subwoofer les pudiera faltar algo de pegada en los bajos, pero no. Además, puedes ajustar la potencia de los bajos y los agudos –y el volumen– mediante unos mandos que están en la parte trasera del altavoz derecho. La ubicación de esos mandos, por cierto, es uno de los pocos detalles que criticaría de los altavoces; creo que sería mucho más cómo que estuvieran en un lateral.

Eso sí, el que suenen tan bien hace que te des cuenta de lo malo que es el audio de muchas conexiones o que veas las enormes diferencias en la producción de sonido que hay entre distintas series y películas. O lo mal que suenan algunos temas en Spotify. Claro que, por el contrario, te permiten disfrutar enormemente cuando el audio es bueno.

Entradas para todos los gustos

Vista trasera de los S3000 Pro con todos los conectores a la vistaAparte del sonido otro aspecto en el que destacan los S3000 Pro es en la conectividad. Les puedes enchufar (casi) de todo. La parte trasera del altavoz derecho tiene dos entradas de línea con conectores RCA (una de ellas a 600 ± 50mV y la otra a 800 ± 50mV); una entrada de fibra óptica SPDIF; una entrada coaxial; una entrada balanceada con conectores Canon XLR de tres pines; y una entrada USB. Además soportan Bluetooth 5.0 con codecs aptX y aptX HD. Además, vienen con cables de 3,5 mm a RCA, RCA a RCA, USB-A a USB-B y de fibra óptica.

Así, los tuve enchufados a una de las teles mediante una de las entradas en línea para el audio de los canales que recibimos por la antena y mediante fibra a un Apple TV para lo que llega por ahí; la conexión Bluetooth me permitía enviar el audio desde mi móvil o cualquier otro dispositivo que lo soportara.

En la otra tele los usé con la entrada de línea conectada a la salida RCA de la televisión para escuchar por ahí las consolas que se conectan a la tele mediante un switch HDMI; con la de fibra conectada al descodificador de nuestra operadora de cable; y de nuevo con Bluetooth para los dispositivos móviles.

El botón de volumen sirve también para ir pasando en secuencia de una entrada a otra si haces clic en él, pero, de nuevo, su ubicación no me parece la más adecuada. Aunque también puedes usar el mando a distancia para seleccionar la entrada, lo que es como infinitamente más cómodo. El mando sirve también para ajustar el volumen –no así los bajos y los agudos– y controlar la reproducción en el dispositivo Bluetooth que tengas conectado a los altavoces. Otra función del mando es seleccionar entre los cuatro preajustes de ecualización de los altavoces: monitor, que es el más neutro; dinámico; clásico; y vocal.

El mando, por cierto, es otro punto que me pareció un poco flojo en los altavoces: para la calidad de construcción que tienen, es un poco «plasticoso» y demasiado ligero. Que no es que no haga su función, ojo, sólo que me parece que desentona un poco.

La entrada y el modo de ecualización activos se indican en una pantalla situada en la parte inferior del altavoz derecho mediante unos ledes diminutos que a poco que estés un poco lejos de los altavoces te resultará imposible de distinguir; aunque siempre queda la opción de memorizar la posición de cada led para saber cual está encendido aunque no puedas leerlo.

Un detalle curioso de los S3000 Pro es que el altavoz izquierdo se conecta de forma inalámbrica al derecho, usando una tecnología que Edifier llama Kleernet. Eso te evita el cable que tendría que conectar los dos altavoces, lo que a su vez facilita su colocación. Aunque no te evitas que el altavoz izquierdo necesite un cable, pues tiene que ir conectado a la corriente; igual que el derecho, claro. No hay que olvidar que se trata de altavoces activos. Los dos altavoces ya vienen emparejados de fábrica, así que no hay que nacer nada más que enchufarlos y conectarlos a las fuentes de audio para empezar a disfrutar de ellos.

Como decía antes, son unos altavoces que cuestan 900 euros. Yo ahora mismo no estoy en el mercado para unos en esta gama. Pero por lo que he estado viendo el precio es muy competitivo. Y la calidad de sonido me hace que pueda recomendar sin dudarlo echarles un ojo –y ambos oídos– si estás buscando algo en esta gama.

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Por @Alvy — 7 de Febrero de 2023

He aquí una charla/entrevista de dos horas que no se hace larga, sino todo lo contrario. Es el episodio #71 de Kapital, un podcast de Joan Tubau, quien lleva cerca de dos años publicando material sumamente interesante tanto en forma de anotaciones de weblog como de boletín electrónico y como podcast.

El entrevistado en este caso es Kiko Llaneras, un doctor en ingeniería que trabaja publicando artículos en El País sobre análisis de datos y visualizaciones. Publicó hace poco el libro Pensar claro: ocho reglas para descifrar el mundo y tener éxito en la era de los datos donde bucea en un montón de temáticas de las que nos gusta también hablar en este blog.

Pensar claro / Libro de Kiko Llaneras editado por DebateLa entrevista no es sólo sobre el libro, aunque sirve de hilo conductor, pero trata acerca del azar y la probabilidad, de los modelos predictivos, de la intuición humana frente al análisis y muchas más cosas, salpicadas con historias algunas bien conocidas y otras no tanto. Están por ejemplo la lotería y las dificultades de comprender lo improbable que es que nos toque, el cambio que supuso en el béisbol, el baloncesto, el fútbol y otros deportes el análisis de datos al estilo Moneyball, o cómo se crean modelos para pronosticar los resultados de las ligas, los mundiales de fútbol o las elecciones.

La gente que no tiene ni idea de nada es tremendamente rotunda, y la gente que conoce mejor un asunto es más vaporosa y resulta menos convincente, cuando debería ser al revés.

– Kiko Llaneras
aludiendo al efecto Dunning-Kruger

También hay menciones a historias clásicas como la de la regresión a la media en el rendimiento de los pilotos o deportistas, cómo valoramos los riesgos y cómo se cuentan todas esas historias. Definitivamente el podcast merece la pena como repaso general a todos estos temas, y el libro naturalmente ya lo tengo encargado, porque es el paso lógico y subsiguiente para quien le interese todo lo que allí se cuenta.

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Se suponía que esto era el futuro | un libro de Microsiervos, por Alvy y Wicho

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