Por @Alvy — 26 de Julio de 2021

Pocas escenas hay tan espectaculares hoy en día como los aterrizajes de los cohetes de SpaceX, ya sea en tierra o sobre los espaciopuertos flotantes que los reciben con total precisión. Sin embargo, llevan arrastrando un problema desde el principio de sus aventuras frente al gran público: cuando están a punto de aterrizar… ¡adiós al enlace de vídeo! El clímax de la misión, los segundos críticos, el momento de máxima emoción… pasa a ser un pixelado de tonos amarillos, un cartel de «downlink lost» y cuando reaparece segundos después… el cohete ya está –normalmente- de pie perfectamente aterrizado. Un show interruptus en toda regla. Por suerte parece que SpaceX ya lo ha solucionado.

Como pudo verse medio por sorpresa en las imágenes de hace unos días de la misión GPS III Space Vehicle 05 ya no hay cortes, ni pixelados ni «problemas de la tecnología del pasado»: una retransmisión en vivo perfecta. Mucha gente estaba mosqueada –y con razón, diría yo– porque se suponía que esto era el futuro y es difícil imaginar cómo puedes enviar cohetes al espacio y hacerlos aterrizar de forma autónoma sin problemas y en cambio no puedes hacer una retransmisión en directo decente. Creo que en parte se debe a que hoy en día prima eso de «foto, o no existió» y lo mismo se aplica al vídeo. Incluso teorías conspiranoicas al respecto ha habido.

La solución que han encontrado en SpaceX está explicada en un estupendo vídeo de Primal Space. Allí se analizan los dos problemas principales y las dos soluciones que ha encontrado SpaceX:

  • La primera es la dificultad de que las dos señales del cohete (la telemetría y el vídeo de las cámaras a bordo) atraviesen la zona de calor y plasma que rodea la base del cohete durante la reentrada a 500 Km/h. Esta señales se transmiten en banda S, primero al centro de control, luego al espaciopuerto. La banda S atraviesa bien las nubes, pero no sucede lo mismo con el plasma generado, porque está en las mismas frecuencias. La solución que han encontrado es colocar los transmisores de banda S en una zona más alta de los cohetes, evitando así la base que es donde durante el frenado se acumula más plasma. De ese modo señales pueden «salir» sin problemas desde el cohete hasta la estación base en el espaciopuerto flotante.
  • El segundo problema es que el espaciopuerto debe retransmitir el vídeo a la central de Hawthorne (California) donde se remezcla con la telemetría y el audio de los comentaristas para luego ser distribuido a través de YouTube. En este caso el problema es que el espaciopuerto utiliza una antena direccional que apunta a un satélite de comunicaciones en órbita, pero los movimientos generados por los motores de propulsión del cohete al frenar sobre la barcaza hacen temblar las antena, de modo que se suele perder el enlace. Esas vibraciones pueden ser más grandes o menos, pero inevitablemente han arruinado muchas retransmisiones. Se podría usar otro barco cercano más estable (conectado con un cable a la barcaza flotante) pero sería caro y poco práctico. La solución que han encontrado es utilizar los satélites de Starlink —que también es un proyecto de Elon Musk– cuyas antenas emplean una tecnología que resulta más estable a la hora de garantizar la conexión; además de ancho de banda no van mal en casi cualquier lugar del planeta. Estas antenas «saltan» de un satélite a otro según sea la calidad de la señal, y la red Starlink puede bajarla a California sin problemas. Así que problema solucionado.

Ambas soluciones son muy prácticas y no demasiado caras, como en el caso de las cámaras en el aterrizador Perseverance, que eran casi de juguete. Muchas misiones espaciales no han trabajado hasta ahora mucho este aspecto porque «lo importante es volar», pero la realidad es que es algo más necesario a cada día que pasa. Vivimos en la era del vídeo y del espectáculo; un ejemplo perfecto han sido las imágenes de vídeo del rover chino Zhurong sobre Marte que han triunfado frente a las fotos estáticas de los rovers de la NASA y las pobres, escasas e insulsas tomas del dron marciano Ingenuity. Otro tanto se puede decir de los vuelos de Virgin Galactic y Blue Origin, con sus comentaristas, múltiples cámaras, previos, preparativos y todo el show business asociado.

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