Por @Alvy — 14 de Julio de 2018

En esta visita guiada al Laboratorio del Reactor Nuclear del MIT, situado en pleno centro de Cambridge (Massachusetts), en la calle paralela al campus de la afamada universidad tecnológica, es ciertamente peculiar. Se trata de un reactor nuclear universitario, el más grande de este tipo en los Estados Unidos y lleva más de 50 años funcionando. Tiene una potencia de 6 MW (aunque no se usa para generar electricidad) y muchos vecinos no saben ni que lo tienen en la puerta de al lado.

Las instalaciones están protegidas por una aparatosa y gigantesca puerta dado que todo el edificio es estanco. De ese modo todo el aire que sale de allí pasa por los filtros y se evita una posible contaminación del aire en caso de problemas. La visita comienza con el clásico dosímetro «por si acaso» y se explican los niveles de radiación que hay en el interior, similares a los del exterior, gracias a los aislamientos de hormigón y , de casi dos metros de espesor, que actúan como blindaje protector del núcleo.

Por lo demás el reactor tiene su núcleo convencional con el uranio 235 dividiéndose y emitiendo neutrones y puede verse durante la visita. Está protegido por unos 3 metros de agua y tiene forma hexagonal; las piezas de base cuadrada son los elementos combustibles, que es donde se producen las fisiones.

El reactor se utiliza para experimentar con materiales como semiconductores y otros compuestos que absorben neutrones, para investigar la forma de algunas moléculas y para crear modelos de cálculo de la potencia de los reactores. También se investigan sus aplicaciones médicas y hay una enorme caja con brazos robóticos para manejar los materiales que salen a enormes temperaturas.

En el centro de control, que al igual que el resto de las instalaciones está lleno de fascinantes botones, palanquitas, luces y letreros –un poco al estilo viejuno, pero es que tiene 50 años. Una de las estudiantes que ya sabe para qué sirven todos los botones explica para qué sirven algunos de ellos, incluyendo su favorito: el botón de Scram, que es una especie de apagado general que hace caer las barras de control para detener el reactor y a la vez activa el aislamiento completo del exterior.

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Por Nacho Palou — 11 de Julio de 2018

La idea es de un empresario francés y podría no ser tan descabellada si la tecnología lo permite.

"Link & Fly" es como se llama la propuesta de Akka Technologies y consiste en "trenes voladores": el avión toma tierra, se desconecta de las alas y se dirige a la terminal correspondiente todavía con los pasajeros a bordo.

Mientras tanto se pone combustible en las alas y llega otro de los "aviones sin alas" desde la terminal, ya con los pasajeros a bordo; se conecta automáticamente a las alas y sale volando, probablemente mientras todavía los pasajeros del vuelo anterior no han terminado de desembarcar.

El concepto es aplicable también para aviones de carga.

No es algo que vayamos a ver de aquí a mañana, pero en Akka Technologies lo tienen muy claro: "Después de que los coches autónomos la próxima gran interrupción tendrá lugar en los aviones", según recoge Bloomberg.

Pero incluso Akka Technologies —la compañía de donde procede la idea— reconoce que no es probable que convenza a ningún fabricante de aviones para que haga suyo el concepto.

Pero ahí queda como idea rompedora que llame la atención y quien sabe si entera o en parte acabe en los aviones comerciales del futuro.

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Por Nacho Palou — 6 de Julio de 2018

Este time-lapse reduce a unos minutos el trabajo de construcción de un paso subterráneo bajo cuatro vías en apenas cinco horas e interrumpiendo el tráfico de trenes lo imprescindible.

La construcción del paso subterráneo es parte del plan de la compañía ferroviaria india para reducir los pasos a nivel y los cruces entre carreteras y caminos con vías ferroviarias en varios lugares del país.

Según The News Minute la construcción de un paso subterráneo bajo dos vías de tren suele requerir entre seis y ocho horas de trabajo. En este caso la constructora redujo el tiempo a menos de cinco horas para completar un paso subterráneo situado bajo cuatro vías férreas.

Aunque la calidad del vídeo no es muy allá (¡lástima!) permite ver el proceso de construcción del paso subterráneo y hacerse una idea de la cantidad de personas (hasta 300) y de la maquinaria utilizada, incluyendo media docena de excavadoras y de volquetes, grúas, gatos hidráulicos y un millar de sacos de arena.

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Por Nacho Palou — 3 de Julio de 2018

Below the surface

Below The Surface es a la vez un proyecto arqueológico y un proyecto de ingeniería civil para el desarrollo de la línea de metro que discurre junto al río Amstel. A su paso por el centro de la ciudad los arqueólogos tuvieron la oportunidad de acceder físicamente al lecho del río gracias al drenaje parcial y las excavaciones realizadas para el proyecto de infraestructura de la línea de metro Norte / Sur entre los años 2003 y 2012.

Estas excavaciones en el Amstel sacaron a la luz una ingente cantidad de objetos —unos 700.000— de todo tipo y de todas las épocas. Algunos llevaban días en el lecho del río, otros llevaban miles de años bajo el lecho del río.

Los arqueólogos han fotografiados, clasificado y colocando en la web una selección de esos objetos. En total más de 11.000 que se pueden ver The Archeological Finds of the North / Southline y que incluye monedas (muchas), armas, móviles, tarjetas y carnets, juguetes, prendas de vestir... y hasta artefactos, utensilios y fragmentos de herramientas de hace algunos miles de años.

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