Por @Alvy — 20 de Julio de 2020

Este simpático invento de Johan Link es un Sistema de estabilización PIB sumamente sencillo y elegante. Se trata de una plataforma con tres controladores PID (inciales de proporcional, integral y derivativo) que mantiene una bola de ping‑pong en equilibrio con mucha habilidad. Anda haciendo las rondas por las redes sociales, aunque ya tiene un par de añitos y por desgracia no lo vimos pasar en su día.

El brazo con lo que parece una lámpara o bombilla es en realidad una webcam que filma las imágenes, que luego se analizan para calcular la posición exacta de la bola mediante un programa en Python. En el vídeo puede verse [01:27] cómo lo hace y cómo varían los valores. El controlador PID compensa entonces los movimientos para intentar mantener la bola en el lugar deseado –ya sea el centro o en movimiento circular– con bastante éxito.

Este tipo de controladores se utilizan en la industria en todo tipo de aparatos, desde los controladores de velocidad de crucero en los coches a los calentadores y similares. Funcionan calculando las desviaciones o errores. Su algoritmo calcula los errores pasados, el actual y predice los futuros para actuar en consecuencia, algo que resulta muy útil sobre todo en entornos en los que no es fácil atinar con las ecuaciones que rigen los movimientos o si suceden perturbaciones, como también se ve en el vídeo.

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Por @Alvy — 15 de Julio de 2020

De la mano de Hello Robot llega este modelo de «robot doméstico» llamado Stretch. Se trata de un atípico brazo robótico telescópico que tiene una base con ruedas que le permiten moverse por la casa. De hecho no lo llaman «robot» sino simplemente «manipulador»: equipado con unas pinzas en las demostraciones se le ve recoger objetos y ordenarlos, limpiar el polvo pasando un trapo o eliminar la suciedad con una bayeta. También se le puede acoplar un aspirador y cosas así.

Para mi es un robot no sólo ingenioso, sino que diría precursor de lo que serán realmente los robots domésticos: aparatoso, un poco «raro» pero increíblemente versátil: igual te aspira un sofá que te pone una lavadora o te recoge los juguetes de los niños. Me recordó mucho a los robots de las novelas de Staniwsav Lem e incluso de Asimov. Un chisme torpón pero práctico.

El invento, eso sí, tiene todavía que progresar bastante. Los vídeos de demostración muestran dos tipos de tareas: las autónomas y las realizadas mediante teleoperación (a distancia y por una persona que lo dirige con un mando). Ambas son muy lentas, pero las autónomas son tal lentas que deben ser glaciales; los vídeos van a velocidad ×20 de hecho.

Aparte de eso, el zuzto llega al final, con la etiqueta del precio: 17.950 dólares (casi 16.000 euros) cuesta el modelo suponemos que básico. ¿Lo mejor? Que de momento no se vende como una solución doméstica sino como una «plataforma de desarrollo», abierta y sobre la que cualuqiera puede programar y mejorar con accesorios o software. Así que cuando valga diez veces menos y haga diez veces más cosas igual vemos a los Stretch llegar a nuestras casas.

(Vía Spectrum.)

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Por @Alvy — 5 de Junio de 2020

Este curioso robot formato por «medio cuerpo» –básicamente un torso, brazos, cuello y cabeza (decorativa)– se llama LIMS2-AMBIDEX. Un nombre tan extraño como lo que hace: aprender a describir suaves trayectorias parabólicas con objetos. Lanzar una pelota a canasta, vamos. Procede del Laboratorio IRIM Koreatech.

Lo mejor: lo humano de los movimientos. Inquietantemente humanos, se diría.

Lo segundo mejor: la cara y gestos de miedo de algunos de los técnicos cuando empiezan a ponerle «tapones» para impedir los lanzamientos en las pruebas de seguridad.

El robot tiene dos brazos con 7 grados de libertad de movimientos, el torso tiene 3 grados y el cuello otros 3. Como puede verse aprende rápido a coger la pelota, lanzar y encestar; de hecho acierta sin mayores problemas. Lo que hace es básicamente calcular una «trayectoria suave», una parábola suave variando 11 de los puntos de las uniones del cuerpo (codo, hombro, mano, etcétera).

Lo que intentan en la segunda parte del experimento es hacer que el robot sea seguro, utilizando unos valores límite que garanticen «interacciones seguras». De ese modo si una persona se pone en medio no se llevará un golpe del amenazante artilugio, que debe medir casi dos metros cuando alza sus brazos metálicos.

Primero intentan ponerle tapones y todo va bien, pero alguno acaba fostiado, aunque todos son risas y diversión. Al menos hasta que un día el robot se canse de la pelota, desactive la seguridad y se ponga a partir caras… ¡Skyneeeet!

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Por @Alvy — 13 de Mayo de 2020

Este pequeño y simpático robot se llama Quincy y es un juguete educativo para enseñar a dibujar, escribir y practicar con los números. Tan solo necesita que le pongan un rotulador en las «manos» y una hoja de papel sobre la mesa para empezar a garabatear con gran habilidad.

Quincy tiene un «ojo» que en realidad es una cámara, con la que reconoce unas tarjetas especiales QR con dibujos, letras y números, 64 en total. Después de mostrárselas habla y explica lo que está haciendo; también hace preguntas.

Para dibujar se puede utilizar cualquier rotulador. Como lleva una batería recargable se puede enchufar a cualquier conector USB para funcionar hasta 5 o 6 horas sin cansarse. También lleva unos cuadernillos de actividades. Los pequeños pueden ver cómo dibuja e imitarle, colorear los diseños o practicar con sumas y restas sencillas. Su precio es de unos 99 dólares (unos 90 euros).

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