Por @Alvy — 30 de Junio de 2022

En el M.I.T. han desarrollado este brazo robótico llamado FuseBot que es una combinción de hardware y software relativamente inteligente capaz de encontrar objetos en una pila de trastos desordenados aunque no puedan verse. Y ese razonamiento va mucho más allá de los clásicos «pues estará donde tú lo hayas dejado» o el «a que voy yo y lo encuentro» que usaban nuestras madres; es un complejo algoritmo capaz de «razonamientos complejos», según sus creadores.

El brazo encuentra los objetos de dos formas: por un lado, mediante etiquetas RFID (como las de las alarmas de las tiendas) pegadas a los objetos o mediante reconocimiento viual. Eso sí: el «objetivo» no tiene por qué llevar el RFID y ni siquiera ser visible: tal vez esté sepultado por una montaña de otroso objetos inútiles. La forma en que opera es en cierto modo muy humana: primero prueba a quitar algunos objetos de la parte de arriba del montón, los aparta y va observando con la cámara el resto, repitiendo el proceso tantas veces como haga falta. Cuando da con el que podría ser el objetivo, simplemente lo saca con sus pinzas.

Parte de la complejidad del asunto es la combinación de algoritmos y el hecho de que los objetos (muñecos, ropa, etcétera) sean deformables y que puedan acabar con cualquier orientación espacial al mezclarse en una inmensa pila de kippel. Quien no sueñe con uno de estos para que encuentre en casa esos trastos que siempre se pierden y acaban en cualquier rincón o Pila™ no sabe lo que se pierde.

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Por @Alvy — 24 de Mayo de 2022

Para darle una vuelta a su famosa campaña, la gente de Stop Killer Robots ha rodado un documental muy interesante, que además se puede ver con subtítulos en castellano. En él se utilizan dos formatos: los argumentos razonados de expertos y un juego de preguntas de tipo sí/no hechas a gente corriente. Ambos permiten ver cómo se llega –más o menos– a la misma conclusión, aunque lógicamente cada persona tenga su punto de vista y experiencia.

Código inmoral es un documental que contempla el impacto de los «robots asesinos» en un mundo cada vez más automatizado, en el que las máquinas deciden a quién matar o qué destruir.

Las decisiones automatizadas están llegando a todos los ámbitos de la sociedad. Desde los prejuicios preprogramados hasta la protección de datos y los problemas de privacidad, estos algoritmos tienen verdaderas limitaciones, especialmente cuando esa misma autonomía se aplica a los sistemas de armamento.

Las decisiones sobre la vida y la muerte no son blanco o negro, unos y ceros. Son complejas y difíciles. Reducir estas decisiones a procesos automatizados plantea muchos problemas legales, éticos, técnicos y de seguridad.

Aunque la parte argumental es estupenda, me gustó más la parte de las preguntas y respuestas, que me recordó a los dilemas y trilemas de aquellos experimentos filosóficos que ya comentábamos hace una década. ¿Matarías a una persona para salvar a cinco? ¿Y a quinientas? Aquí se utiliza un recurso similar: ir «cociendo a la rana poco a poco», en este caso a la creencias iniciales de la persona, añadiendo matices y variantes. Por ejemplo: aunque nadie mataría a un niño, reconocen que podrían matar en defensa propia, en una guerra por ejemplo, en cuyo caso se les pregunta ¿Y si la persona que te ataca fuera un niño soldado de 12 años? ¿Y si pudiera un algoritmo eliminarlo antes de que te atacara? Ah, ya no son tan fáciles ni binarias las respuestas.

Aunque hoy en día mucha gente confía en los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial («los robots», en este contexto) otras no tienen claro –o no se han preguntado nunca– hasta qué punto están cómodos con una recopilación de datos masiva, con la clasificación automática, con que esos algoritmos pueden discriminar y «juzgar» a la gente. Y esto vale tanto para contratar a alguien para un trabajo como para detectar terroristas o seleccionar objetivos legítimos en un escenario de combate.

Me ha parecido una iniciativa interesante y un buen formato para alimentar la mente con dolorosas píldoras de dudas, tener que razonar sobre ellas y darle una vuelta a la situación actual, que cambia cada día sin que apenas nos demos cuenta.

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Traducción de la cita (robotizada) DeepL.

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Por @Alvy — 4 de Mayo de 2022

Si de pequeños alucinabas con los gigantescos brutos mecánicos del Doctor Infierno y jugabas a hacer volar a mano el Jet Scrander para recoger a Mazinger Z y acabar con sus mortíferos enemigos a base de rayos láser y «fuego de pecho» estás de suerte: en el siempre educativo canal de Meatball Studios el artista Álvaro Gracia Montoya ha recopilado los mechas (mekas) o robots tripulados más grandes de la ficción para compararlos a «tamaño real» y que podamos hacernos una idea de su grandeza.

La verdad, yo esto de los mechas (pronunciado «mekas») lo tengo tan oxidado como el propio Mazinger Z, aunque hace unos años pude revivirlo a gusto en la sala de cine (¡snif!) con Mazinger Z Infinity. Pero más allá de los mechas de Pacific Rim y algún otro de alguna película hollywoodiense no sigo tan de cerca la cultura del manga y el anime como para entender todas las referencias, aunque me ha sorprendido la variedad… por no decir los tamaños, claro.

A destacar: El Hulkbuster de Iron Man cuenta como mecha, y también el AMP de Avatar. Aparecen muchos mechas de videojuegos, incluyendo Halo, Overwatch y Metal Gear; también está los AT-ST, AT-TE y AT-AT de Star Wars (aunque esos los veo un tanto forzados). El buen Mazinger de toda la vida figura con 18 metros de altura, pero aunque sea colosal sabemos que hay variantes de Mazinger más grandes, aunque esos otros no aparecen en la animación, por desgracia: Great Mazinger con 20 metros, Mazinkaiser con 23 y el Grendizer con 30; además de esos el Infinity del Dr. Infierno en la película creo que es muuucho más alto, unos 600 metros.

Pero aparte de esos, los hay más grandes todavía: Megazord, de los Power Rangers, mide 41 metros y los Unit-01 de Evangelion, unos 70. Los supertitanes de Pacific Rim se mueven en torno a 80 metros de altura, tamaño rascacielos. Más allá están un tal Shiokutazer de 500 metros y el SDF-1 Macross, que pasa de los 1.200 metros. El más grande a esa escala es el Macross Cannon, de casi 6 km de altura (!) Al precio al que va el combustible no quiero ni imaginar lo que gastan.

Entonces cuando comienzan los tamaños burros, burros: el Super Galaxy Gurren Lagann ni los que lo han inventado saben cuánto mide, pero es «algo menos que la mitad de la Tierra», así que digamos 5.000 km. También hay otro llamado Diebuster de 10.000 km, bastante estilizado por cierto para las fuerzas y presión que se generarían, así que no tengo yo claro si eso aguanta sobre un planeta tamaño Tierra. Increíblemente, la cosa no acaba ahí, porque hay un tal Getter Emperor (de Getter Robo) a escala cósmica, «tamaño Vía Láctea»; luego un tal Tengen Toppa Gurren Lagann que es unas 1025 veces más grande que el Gurren Lagann. Finalmente, rompiendo todos los récords irrompibles, hay un tal Super Tengen Toppa que es directamente más grande que el universo observable. ¡A ver dónde lo enchufas para recargar! Parece claro que en la ficción… todo vale.

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Por @Alvy — 27 de Marzo de 2022

En 3DprintedLife tienen este proyectillo que nació como una forma de usar una impresora 3D para fabricar una especie de plotter-brazo-robótico y que ha terminando siendo un simpático robotijo llamado Tobot capaz de jugar al tres en raya, quizá el más antiguo de los juegos antiguos de ordenador.

La documentación es mínima y está en Github, porque su creador dice que lo le gusta explayarse con los detalles (ejem). Al menos tiene una lista de componentes bastante completas: una Rasperry Pi Zero W, su cámara V1.X, motores paso a paso, un servo, una Adafruit Feather M4, un altavoz…

Y es que el Tobot hace de todo:

  • Mira con la cámara para reconocer las jugadas que se dibujan
  • Dibuja movimientos con un rotulador moviéndolo con los motores
  • Habla para indicar los turnos y alguna que otra cosilla

En el vídeo se puede ver el curioso ingenio en funcionamiento y cómo algunas tareas que parecen fáciles no lo son tanto, como por ejemplo la forma de calibrar correctamente la cámara para que reconozca los círculos y las cruces.

Es sabido que en el tres en raya la estrategia básicamente permite a quien comienza el juego empatar siempre, si no ganar. Pues bien: una de las funciones divertidas de Tobot es –como se ve en el vídeo– poder usar trucos creativos (por no llamarlos «trampas») para ganar incluso aunque la partida no pueda ganarse. ¡Todo es cuestión de ingenio!

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