Por @Alvy — 16 de Marzo de 2017

El valle inquietante de la mente

Un artículo titulado con el intrigante título Venturing into the uncanny valley of mind (Aventurándose en el valle inquietante de la mente) explica un experimento que se ha llevado a cabo respecto a cómo las personas percibimos la «humanidad» de las inteligencias artificiales dependiendo de cómo nos comuniquemos con ellas y lo que sepamos previamente que son realmente.

Utilizando un mundo virtual 3D los participantes tenían que interactuar con avatares, algunos de los cuales eran operadores humanos, otros inteligencias artificiales más o menos avezadas en su capacidad de comunicación y conocimientos. Además de esto a veces se le decía a los participantes previamente si iban a hablar con un ser humano o con una inteligencia artificial, y luego se examinaban sus sensaciones al respecto.

Los resultados sugieren que a los humanos nos resulta inquietante y desagradable tratar con ordenadores «demasiado humanos», pero también que tenemos esa misma sensación cuando hablamos con humanos que «siguen un guión fijo» (se me ocurre el ejemplo de los teleoperadores). Ambos casos son muy distintos de tratar con una inteligencia artificial que sabemos de antemano que está limitada como tal o con un ser humano empático normal y corriente. De hecho dicen que probablemente la empatía y nuestra capacidad de reconocer la humanidad en otros seres (sin necesidad de verlos, o independientemente de su aspecto) es lo que nos hace más humanos.

El valle inquietante (CC) Wikimedia

La teoría del valle inquietante (o inexplicable, como también se le llama) proviene de 1970, cuando se analizaron las reacciones de las personas ante el aspecto físico de los robots: nos resulta indiferente o agradable que un robot se parezca a un humano, pero superado cierto punto, el parecido es demasiado real cuando nos consta (por el aspecto o las respuestas que ofrece) que es un ser mecánico – o un software, como en este caso.

En Inverse cuentan que las sensaciones de los participantes en estos experimentos verbales –donde se intentaba evitar el aspecto físico y visual– acababan en descripciones como «son humanos sin sentimientos» o «parecen zombis filosóficos» para referirse a las inteligencias artificiales, aun en casos en los que sus respuestas eran verbalmente idénticas simplemente porque no se les decía que había personas detrás.

También menciona que el famoso valle sigue siendo un problema para que las ventas de robots aumenten en ciertos sectores. Quizá por razones similares a las del rechazo de los participantes en el estudio, que se citan sensaciones como «sentirse amenazado por la existencia de los robots» o considerar que «el ámbito de las emociones es un privilegio exclusivamente humano». Más vale que nos vayamos acostumbrando a lo contrario, que tendremos que llevarnos bien en los próximos siglos.

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Por @Alvy — 15 de Marzo de 2017

Una empresa de impresión 3D llamada Voodoo Manufacturing ha puesto en marcha esta idea llamada Proyecto Skywalker: una fábrica en la que un robot que se encarga de la operación de clústeres de varias impresoras 3D. Tal y como explican en Vocativ en la fábrica hay unas 160 impresoras en total; agrupando 9 de ellas en un armario el robot puede llegar a todas ellas sin dificultad para gestionarlas adecuadamente.

El robot es todo un «modelo» de esclavo fiel: trabaja las 24 horas al día sin rechistar, cambia las placas de impresión en las que se colocan las piezas 3D y aumenta un 400 por cien la productividad, según han calculado. Dicen sus creadores (antiguos ingenieros de Makerbot) que al cabo de unos años puede reducir un 90 por ciento los costes. El modelo actual no se mueve; las impresoras van montadas en unos armazones especiales hasta los que tiene acceso. Si tuviera un motor y ruedas su alcance sería… Ilimitado.

Anteriormente los humanos de la fábrica dedicaban un 15 por ciento de su tiempo a las ingratas tareas que ahora realiza el robot. Las primeras pruebas fueron tan prometedoras que quieren que realice el proceso completo de impresión, incluyendo cambiar los rollos de material, limpiar algo si se estropea, etcétera. La sensación al llegar a la mañana siguiente, dicen, es como «ver que ha pasado por allí un hada mágica» y ha hecho todo el trabajo.

En este otro vídeo puede verse a sus creadores explicando algunos detalles más sobre cómo funciona y hacia dónde quieren dirigir su desarrollo. Para acallar las voces de los más agoreros, el Proyecto Skywalker no ha eliminado ningún puesto de trabajo en la pequeña fábrica: el tiempo que se ahorran los técnicos lo dedican a labores «de mayor valía profesional». Como ha de ser.

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Por Nacho Palou — 14 de Marzo de 2017

Minibrew robot cervecero

El funcionamiento del robot MiniBrew es parecido al de una cafetera cualquiera, pero en vez de café produce cerveza. Es para esos momentos de ”aparta café, esto es trabajo para el alcohol”.

La producción de cerveza se realiza por completo desde el teléfono móvil, desde pedir los ingredientes (que varían según el tipo de cerveza a preparar) hasta seguir las instrucciones (también dependiendo del gusto) y hacer funciona la máquina. Tampoco tiene mucho misterio por lo que se puede ver en el vídeo: se añaden los ingredientes, unos litros de agua (o de otra cerveza) y la máquina empieza a funcionar fermentando la mezcla y añadiendo ingredientes a la mezcla de forma automática a lo largo del proceso.

La máquina produce unos 5 litros en 3,5 horas antes de la fermentación. Dependiendo de la receta utilizada la fermentación necesita entre unos días y unas semanas, o meses. Pero a las bravas en cinco días puedes servirte una jarra de cerveza. Más o menos. Se supone.

La máquina está pensada para quien guste de preparar cerveza en casa por gusto: la MiniBrew cuesta 999 euros y los ingredientes hay que comprarlos aparte.

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Por Nacho Palou — 13 de Marzo de 2017

Este robot desarrollado por el CSAIL (Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory) del MIT es un prototipo primigenio de un sistema que permite a un humano supervisar o corregir a un robot mediante las ondas cerebrales,

Imagina poder encargarle a un robot que realice determinada tarea sin necesidad de teclear un comando, sin pulsar un botón y sin tener que decir ni una sola palabra”, dice Daniela Rus, directora del CSAIL. “Esa comunicación humano-máquina mejoraría nuestra capacidad para supervisar a los robots, los vehículos sin conductor y otras tecnologías que todavía están por inventar.”

Realizando una lectura de la actividad cerebral a través de un electroencefalograma el sistema detecta si un humano se percata cuando el robot Baxter está cometiendo un error al clasificar botes de pintura y bobinas de hilo eléctrico. En cuestión de milisegundos el robot recibe el “aviso” y corriege la tarea.

El electroencefalograma mide una señal cerebral que se genera cuando el cerebro percibe un error. Así que basta con que el humano se percate del error cometido por el robot para que se active el sistema: “Para supervisar al robot todo lo que hay que hacer es estar de acuerdo o no estar de acuerdo con lo que está haciendo”, explican en Brain-controlled robots.

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