Por @Alvy — 20 de Agosto de 2017

Ante muchos de los inquietantes avances que se ven cada día en los modernos robots muchas veces se oye a la gente exclamar «¡espero que los programen con las Tres leyes de la robótica!», haciendo referencia a las clásicas leyes del mundo de los robots que inventó Isaac Asimov para sus novelas. Pero el problema es que no son leyes reales, son solo ciencia-ficción. Y, aunque intentáramos programarlas en nuestros amiguitos mecánicos no servirían de nada.

En este vídeo de Computerphile uno de los expertos en Inteligencia Artificial cuyas disquisiciones ya hemos mencionado alguna vez, Rob Miles, explica bien la situación. Algo que dice que nunca se han tomado en serio los expertos en robótica e inteligencia artificial porque… ¡son un planteamiento de ficción para poder escribir novelas!

La cuestión es que se definan como se definan las tres leyes –incluso sin preocuparnos ahora del orden exacto– están escritas en un lenguaje humano, e indefectiblemente tienen un problema definición. Conceptos como «humano», «causar», «daño» u «obedecer» requerirían una definición clara y cristalina, además de todo un contexto sobre lo que consideramos ético, moral, correcto o no.

En ese contexto, por ejemplo, sería muy difícil precisar qué es un «humano». Claramente vemos humanos caminando por la calle todos los días, y un tornillo no es un humano, pero la filosofía ética y moral nos ha enseñado que hay otros casos en los que las cosas no están tan claras: ¿Es humano alguien que todavía no ha nacido o nacerá dentro de diez años? ¿Lo es alguien con muerte cerebral que se mantiene artificialmente en estado vegetativo? ¿Sería «humano» en el futuro una copia de un cerebro volcado en una inteligencia artificial?

Lo mismo sucede con el concepto «causar daño». ¿Si alguien está sufriendo y se le deja morir, se le causa daño o se le está ayudando a no sufrir? ¿Cuánto daño supone realmente «causar daño» si la sensibilidad puede variar según cada persona? ¿Todos los tipos de daño son iguales ?

Un buen ejemplo planteado en la explicación es el de una persona que muere atendida por un robot, que según tenga programados estos conceptos podría intentar realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar o no. ¿Durante cuánto tiempo debería realizarlas? ¿Si el robot sabe que a veces la gente «resucita» con estas maniobras, las intentaría sin fin? ¿Acabaría un robot intentando reanimar a todos los humanos muertos del cementerio, para «evitarles el daño» en que se encuentran?

Si casi todas estas situaciones resuenan como «temas cotidianos» es porque convivimos con ellas cada día y están en los debates éticos y morales al que nos enfrentamos continuamente – y lejos de una solución única. No todo el mundo se pone de acuerdo.

De modo que resultaría imposible infundirle a un robot esas definiciones precisas y además el marco ético completo y «resuelto» necesario para procesar toda esa información. Equivaldría a resolver la ética: el comportamiento, la moral, la virtud, el deber, la felicidad… Así que de momento tendremos que dejar a los robots de Asimov para las novelas e ir pensando en otra cosa con la que controlar a los ingenios que inventamos cada día.

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Por @Alvy — 26 de Julio de 2017

Este vídeo tiene pinta de ser un invent como la copa de un pino, pero anda circulando por ahí: un robot de forma medio humanoide llamado Promobot que supuestamente «salva» a una niña de ser aplastada por una estantería por la que está trepando sin darse cuenta del peligro.

Digo lo de invent por no decir fake como la copa de un pino. Esto puede ser como lo de los vídeos de animalitos que se salvan unos a otros o salvan heróicamente a las personas: que a veces tendemos a atribuirles capacidades, pensamientos y acciones que nada tienen que ver con lo que en realidad está sucediendo, pero al «humanizarlos» entendemos mejor la historia y nos hace sentir mejor (y vender más periódicos o minutos de televisión basura).

En este caso lo que se sabe es que el robot se llama Promobot y es ruso; el sitio donde sucedió fue en la recepción del edificio de la Escuela Politécnica de Perm, el día de la graduación. Estaba allí como exposición durante la jornada y la cámara estuvo grabando largo rato (el vídeo que se ha difundido es una versión más corta). Sus creadores dicen que el robot «no está diseñado para hacer eso», en especial para «salvar» a la niña al más puro estilo Yo, robot. Como mucho, dicen que tiene un «modo espejo» que imita los movimientos que reconoce con su cámara: que tal vez al entrar la niña al recinto intentó imitarla y gracias a eso sujetó la estantería.

De todos modos, huele muy mal: este robot ya apareció en otras noticias hace tiempo por haberse escapado de su laboratorio (¡WTF!) y los sitios donde principalmente se ha hablado del tema son tabloides británicos de baja calidad lo cual no puede sino disparar todas las alertas.

No sé Rick, parece falso

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Por Nacho Palou — 24 de Julio de 2017

Nathan Seidle construyó este robot abrecajas cuando su mujer le regaló una caja fuerte con cerradura de disco que estaba cerrada, “ella sabe que me encantan los desafíos, loz puzzles, las cerraduras y la robótica.”

Como Nathan no tenía los tres número de la combinación para abrirla construyó un dispositivo para dar con la combinación correcta entre un millón de combinaciones posibles. Para construir y programar el robot Nathan tuvo en cuenta una debilidad en la cerradura de la caja: el recorrido de la palanca varía su recorrido en una milésimas conforme se van seleccionando los números correctos.

Esto tiene que ver con la manera en que funciona la cerradura, diseñada para difucultar su apertura por el método de “ir probando” combinaciones. Pero el resultado de ese diseño es “uno de esos casos en los que al tratar de hacer que la caja sea más segura se consigue que la caja se vuelve más insegura”, explica. Eso sí, Nathan pudo dar con la vulnerabilidad porque disponía de una caja fuerte igual que le permitió explorar el mecanismo “desde dentro”.

Como sea, usando su mecanismo abrecajas Nathan tardó apenas 15 minutos es dar con la combinación de tres número que la abre limpiamente.

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Por Nacho Palou — 21 de Julio de 2017

Inspirado en las plantas de guía —que crecen para recorrer distancias y esquivan obstáculos— este robot flexible desarrollado en la universidad de Stanford crece para avanzar en entornos estrechos y complicados. Incluso es capaz de levantar y de apartar obstáculos pesados que se encuentra a su camino para continuar avanzando. Esta capacidad hace que sea de utilidad en tareas de búsqueda y de rescate y en aplicaciones médicas, escalado a un tamaño mucho más pequeño para acceder al interior del cuerpo.

En la demostración el robot es capaz de deslizarse por debajo de una puerta, por una apertura que era de apenas el 10 por ciento de su diámetro, levantar pesos de 100 kg y continuar avanzando a pesar de haberse dañado con un clavo dado que la parte dañada no sigue moviéndose y en cambio se autorepara para que el resto del robot continúe avanzando.

La versión actual funciona con aire inyectado, pero versiones futuras podrán hacerlo con líquido a presión, por lo que servirían para llevar agua a personas atrapadas en espacios estrechos o para apagar fuegos en lugares cerrados. También se está analizando la posibilidad de utilizar materiales más resistentes, como el nailon o el kevlar.

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