Por @Alvy — 22 de Junio de 2017

¿Sabes aquello de encender una bombilla con una patata? Ahora la cosa puede ser más divertida: alguien tuvo la idea de conectarle un circuito especial que recoge la energía aunque sea tan escasa como para a duras penas alimentar una calculadora. Se puede almacenar esa corriente en un condensador, de modo que a partir de cierto voltaje almacenado (unos 2,8V) se descargue. Esto permite alimentar un motor que ponga en marcha la patada – a la que previamente se han conectado unas ligeras ruedas de plástico, claro.

El robótico tubérculo ha sido bautizado cariñosamente como «Pontus» y tiene un aspecto muy juguetón. Pero la cosa puede ir más allá: añadiendo una pequeña placa de control y un segundo motor se puede hacer que gire más libremente, con lo cual sus viajes aleatorios tienen algo más de alcance – bueno, al menos más variedad, porque es bastante random.

Eso sí, muy rápida no es: tan solo recorre unos 8 cm cada 15 minutos, pero ¡oye, que es una patata! Su final está escrito, como puede verse al final del vídeo de Marek Baczynski; su creador… ¡Es el ciclo de la vida y la naturaleza!

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Por @Alvy — 15 de Junio de 2017

Esta robot llamada Valkyrie es una criatura mecánica de la NASA y IHMC Robots. En este vídeo muestra cómo son sus lentos pero firmes pasos por un camino de ladrillos colocados más o menos al azar.

Una de las características de Valkyrie es que es completamente autónoma, capaz de planificar el recorrido gracias a un lídar, el mismo tipo de sensor con el que van equipados los coches autónomos. El operador solo tiene que indicar cuál es el objetivo («llegar a la última piedra») y la robot planifica dónde colocar los pies y en con qué inclinación según cómo sea el plano de la superficie.

Aunque sus movimientos parecen lentos y cansinos cual tortuga –a veces parece incluso un perezoso– también son muy estables y fluidos. Y no parece tener dudas sobre qué camino seguir tras cada paso. Me pregunto qué sucedería si una de estas robots fuera enviada a Marte u otro planeta, ¿podría en el futuro la raza robótica reclamar ese planeta como propiedad por «haberlo pisado primero»? ¿Sería motivo de guerra con futuros pobladores?

De momento lo más práctico será que la humanidad se mantenga a una distancia prudencial, visto su poderío.

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Por @Alvy — 13 de Junio de 2017

El robot Emme está en Kickstarter buscando compradores, porque la financiación básica ya la tiene. Nos lo ha explicado su inventor, Salvador, que trabaja en Calpe (Alicante). Emme encaja muy bien con la definición de robitijo: pequeño, simpático y muy capaz, un poco a lo R2‑D2.

Una de sus peculiaridades es que se trata de una especie de kit de «cuatro robots en uno»: si se compra la versión más barata (35 euros) se reciben los ficheros de impresión 3D y la electrónica, que está basada en Arduino. Basta usar los ficheros para imprimir en 3D el modelo deseado, añadir motores y baterías y listo. A partir de los 175 euros se puede recibir un modelo completo ya montado. También hay kits educativos.

Emme

Su principal característica es que es muy todoterreno y multiuso: sus grandes ruedas pueden mover al pequeño Emme cual rover marciano sobre arena o piedras; por otras superficies también parece manejarse bien. Incluso sobre el agua o bajo ella, porque flota y bucea. Y, naturalmente, puede llevar una GoPro incorporada para grabar imágenes. Otra de sus funciones es servir de trípode para hacer fotos panorámicas.

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Por Nacho Palou — 9 de Junio de 2017

Su nombre completo es Distance Control of Rocket-propelled Miniature Exploration Robot (Robot explorador en miniatura que se impulsa con cohetes a distancias controladas) y ha sido diseñado y contrsuido por investigadores de la agencia espacial japonesa (JAXA).

El uso de cohetes de combustible sólido tiene como ventajas que son fiables, simples y eficientes a pequeña escapa, siempre y cuando “estés preparado para controlar una gran cantidad de impulso de una vez y fin”, explican en IEEE Spectrum. Controlar el impulso es uno de los problemas de los cohetes de combustible sólido que son un poco “binarios” en este sentido: una vez encendidos entregan toda su potencia de forma constante “la quieras o no y no siempre dirigida de la manera en la que querrías” y no hay forma de aumentar o de reducir la cantidad de empuje (acelerar o enlentecer).

El salto de este robot de nombre infinito se controla mediante un giroscopio que minimizar los giros indeseados durante el vuelo propulsado con los cohetes y mantiene el vuelo recto. Para la precisión del aterrizaje el robot dispone de retrocohetes o cohetes de frenado que se encienden para modificar la trayectoria y que el robot aterrice en el lugar deseado, tal y como se ve en el vídeo — en la segunda parte del vuelo parabólico. “Lo malo es que el robot sólo tiene una oportunidad ya que, al dispone de un único cohete puede saltar una vez y ninguna más”.

Sin embargo puede resultar útil en la exploración de otros planetas. Por ejemplo si viajan varios de estos robots en una sonda desde las cuales son disparados en diversas direcciones. El impulso que proporciona el cohete supone que el robot puede dar un salto de 30 metros aquí en la Tierra, que serían unos 200 metros en la Luna por la menor fuerza de gravedad de allí y más todavía en cuerpos con una gravedad más débil, como un asteroide o lunas de menor tamaño. Además, una vez el robot vuelve a caer a tierra conserva cierta movilidad haciendo girar y deteniendo la rueda de inercia, tal y como se muestra al comienzo del vídeo.

Más en A Rocket-Propelled Miniature Robot for Planetary Exploration.

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