Por @Wicho — 16 de Noviembre de 2016

Alfredo Corell nos escribió para que le echáramos un ojo a su charla de TEDx Valladolid, Los complices imprescindibles en la innovacion educativa, en la que defiende la importancia de involucrar a los alumnos en el proceso de aprendizaje.

Estos días estoy sufriendo en carnes casi propias la figura del profesor que llega a clase a largar su rollo sin importarle en lo más mínimo si sus alumnos se están enterando de algo o no –lo que tiende a suponer que no se enteren de nada– así que me parece muy importante lo que defiende.

Pero tampoco tengo nada contra una clase magistral bien ejecutada, aquella en la que el profesor o ponente se preocupa realmente de que quienes le están escuchando le sigan.

Eso sí, aún queda mucho camino por hacer para que no se mire como bichos raros a los profesores a los que les preocupa que sus alumnos aprenden. Aunque me consta que cada vez son más. O eso quiero creer.

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Por @Alvy — 20 de Mayo de 2016

… Al menos si eliminas la advertencia previa al interlocutor respecto a que puede estar hablando con una máquina o una persona, sin saber con cuál exactamente. Lo cuenta Rosalía en 20 Minutos; Yo, chatbot:

XiaoiceXiaoice no es una chica. Es un robot «conversacional» o chatbot creado por Microsoft en China para experimentar con inteligencia artificial y lenguaje natural en internet (…) Xiaoice recuerda conversaciones anteriores, almacena información de su interlocutor a partir de ellas, y toma frases, expresiones y emoticonos de todo internet para usarlas en su propia conversación.

Y funciona: cuando la lanzaron por primera vez al sistema de mensajería chino WeChat (similar a Whatsapp), en mayo del 2015, recibió 1,5 millones de invitaciones para charlar en 72 horas (…) Muchos de sus interlocutores dijeron que no se habían dado cuenta de que no era humana hasta 10 minutos después de haber iniciado la conversación.

Si no has oído hablar nunca de esto, prueba el clásico entre los clásicos: Cleverbot a ver qué opinas.

Aunque, la verdad, no te inquietes:

Os estáis preocupando demasiado por las máquinas que pasan el test de Turing y demasiado poco por los humanos que no pasan el Voigt-Kampf.

– @NewIlluminatus

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Por Nacho Palou — 10 de Mayo de 2016

Punto recarga arturo soria plaza

Esta noticia surge de vez en cuando con el mismo titular: En Japón hay más puntos de recarga para coches eléctricos que gasolineras. En esta ocasión es el World Economic Forum el que rescata la afirmación del fabricante de coches eléctricos Nissan,

Segun Nissan, en Japón hay 40 000 puntos de recarga para coches eléctricos y menos de 35 000 gasolineras.

Aunque el artículo del World Economic Forum hace suyo el titular, en el texto admite que hay un “pero” con tal afirmación,

Sin embargo esta cifra incluye los puntos de recarga instalados en las viviendas particulares, además de los 3000 puntos de carga rápida disponibles públicamente. Pero la economía compartida permite a esos particulares compartir sus enchufes privados entre ellos.

De modo que la cifra incluye enchufes privados, situados en garajes particulares y vivendas, que han sido adaptados para acelerar la carga de un coche eléctrico. Y en realidad cada uno de esos enchufes normalmente se utiliza sólo para cargar un coche, el del dueño del enchufe y lo de compartir es opcional.

La misma noticia ya había aparecido tal cual hace un año o más en Phys.org (More electric car charging points in Japan than gas stations) y venía a decir lo mismo,

Nissan dice que en Japón hay 40 000 puntos de carga, incluyendo aquellos situados en viviendas particulares, y 34 000 gasolineras.

En realidad, según la Wikipedia en Japón hay unos 3.000 puntos de carga rápida para coches eléctricos. Una cifra que resulta mucho menor porque todavía hoy los enchufes de casa no se consideran parte de una infraestructura pública. El objetivo del gobierno japonés es ampliar esa infraestructura pública a 5.000 puntos de carga rápida en el año 2020, de modo que esas serían la cifras “oficiales”.

Tal vez en el futuro sea habitual compartir y utilizar los enchufes particulares con aplicaciones como PlugShare y similares. Pero por ahora sumar unos y otros puntos de recarga y compararlos con el número de gasolineras abiertas al público es el equivalente energético a mezclar ovejas churras con merinas. Además también hay que tener en cuenta que lo más habitual es que haya más de un surtidor por cada gasolinera. De modo que una buena parte de esas 35 000 gasolineras (si no la mayoría) prestan el servicio de «recarga» a varios vehículos a la vez.

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Por Nacho Palou — 4 de Mayo de 2016

Foto: Steven Sinofsky

Steven Sinofsky, ex presidente de la división Windows en Microsoft, cuenta en My Tablet Has Stickers cómo el iPad Pro de 9,7" ha reemplazado a todos sus otros ordenadores, portátiles y de sobremesa,

Cuando recibí el nuevo iPad Pro 9,7 decidí romper la tradición y opté por decorarlo con pegatinas, tal y como he hecho con mis ordenadores portátiles y Surfaces durante años. Lo hice para empezar a mentalizarme de que ese iPad iba a reemplazar a mi ordenador portátil Surface, Yoga o MacBook a tiempo completo. Un mes después eso es lo que ha sucedido. Mi inversión en pegatinas mereció la pena.

Más allá del tema central del artículo el texto de Sinofsky está lleno de planteamientos y de lecciones valiosas que merece la pena leer. También abundan las frases y los párrafos que además resultan perfectamente válidos para situaciones y casos más allá del “simple” gesto de cambiar de plataforma informática,

La mayoría de los problemas se resuelven no haciendo las cosas como antes. Lo más importante es tener en cuenta que cuando aceptas cambiar a una forma nueva de hacer las cosas (...) la mejor manera de adaptarse al cambio es no trasladar lo viejo a lo nuevo.

No hay que olvidar que los iPad no tienen ratón ni posibilidad ninguna de usar uno, aunque el iPad Pro sí tiene un lápiz a modo de puntero,

Tuve que disponerme a olvidar 30 años de informática para cambiar a un teléfono gigante con un teclado pegado. ¿Fue todo fácil y divertido? No. Pero ya tenía experiencia previa en esto de cambiar a un sistema operativo que no es para un «PC completo», y además estaba motivado.

Sinofsky —quien en su día se postuló como CEO de Microsoft si bien finalmente abandonó la compañía en 2012— aclara que no se trata de una guerra santa entre Windows y Mac ni entre Android y iOS ni entre tabletas y ordenadores. Si no que todo esto trata sobre la experiencia del cambio a una plataforma móvil, con todo lo que eso implica.

Un cambio que, admite, tampoco es válido para todos. Ni por el tipo de tareas ni por capacidad o disposición de cada uno,

Una mentalidad orientada al cambio, especialmente para la tecnología, es aquella que se obliga a sí misma a dejar de lado los modelos propios para aprender cómo funcionan las cosas y adoptar nuevos enfoques. Reprogramarse uno mismo y dejar de lado la memoria muscular y las costumbres que a menudo ha llevado años desarrollar y perfeccionar es increíblemente difícil, técnica y emocionalmente.

Gran parte de nuestra sensación de poder hacer cosas se debe a que dominamos las herramientas que utilizamos. Y cambiar o sustituir esas herramientas supone dejar de ser maestros y volver al nivel de otras muchas personas; y a nadie le gusta tener que descender en la jerarquía tecnológica.

Vía Manu Contreras. Fotografía: Steven Sinofsky.

* * *

Llevo un par de semanas probando precisamente un iPad Pro de 9,7 con teclado y Apple Pencil y entiendo y mucho el planteamiento de Steven Sinofsky.

Probablemente ese movimiento suyo es equiparable al que para muchos suposo en su día pasar de un ordenador de sobremesa con ratón a un ordenador portátil con trackpad. El ordenador portátil como ordenador único que hoy en día es muy habitual en casa y en la oficina y que cada vez más se trata del mismo y único ordenador personal.

Con la tableta sucede algo parecido, aunque es cierto que el cambio de sistema operativo es más radical en el caso de pasar iOS y no tanto en el caso del sistema operativo Windows 10 que se encuentra en las tabletas Surface o equivalentes — como la Samsung Tab S Pro que también estoy probando.

Pero independientemente de qué tableta se trate hay un aspecto que deben resolver todas ellas: hacer que sea mucho más fácil y directo —cuando no hacer posible— la conexión con los monitores actuales y no sólo con televisores.

Después de todo Sinofsky está básicamente jubilado. Porque cuando se trata de pasar ocho o diez o doce horas delante del ordenador —sea el ordenador, tipo y sistema operativo que sea— se agradece sin duda disponer de una pantalla más grande que esas 10 o 12 pulgadas de las tabletas pro.

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