Por @Wicho — 2 de Marzo de 2017

No en LaCoru, neno

Hace algo más de una semana me alertaron de que Josep Pàmies iba a dar dos charlas en A Coruña, una en un centro cívico del ayuntamiento y otra en el paraninfo de la universidad. Cualquiera de las dos opciones me parecía una aberración, y afortunadamente conseguimos llegar a tiempo de evitarlo.

La visita de Pàmies a A Coruña era parte de una gira que está haciendo por varias ciudades y también hemos conseguido evitar que Pàmies pudiera hablar en lugares públicos de otras ciudade como por ejemplo Astorga, aunque en otras ciudades como Hospital de Órbigo no ha habido tanta suerte.

Hoy he aprovechado mi espacio sobre ciencia con Mayte González Trillo en Radio Coruña para explicar por qué me opongo tan vehementemente a que Josep Pàmies y gente de su calaña pueda usar espacios públicos para divulgar sus mentiras*.

Sé que dará su charla en otro sitio; y todo parece indicar que además de en Hospital de Órbigo también le permitirán usar instalaciones municipales en Pola de Lena y Cascante, aún a pesar de toda la información que se le ha hecho llegar al respecto…

Pero hay que irle achicando los espacios a esta gente. Cada día. Cada minuto. Sin descanso. Sus afirmaciones son peligrosas y además por lo general se aprovechan de la desesperación de enfermos y familiares, lo que hace aún más despreciable su proceder.

La anotación de José Ramón Alonso a la que hago referencia y que se puede enviar a cualquier entidad pública que acoja charlas como estas es Nunca más – Charlas de pseudociencia en lugares públicos; la carta abierta de Borregos Illuminati sobre Pàmies también puede servir.

*Josep Pàmies dice, entre otras muchas cosas, que el virus de la hepatitis C no na sido aislado (mentira), lo mismo que afirma del VIH, del que además dice que no produce el sida (mentira otra vez), que una planta llamada Kalanchoe –que él vende– deja en entredicho a la quimioterapia (más mentiras), o que la solución mineral milagrosa (un producto cuyo uso como medicamento es ilegal y que de nuevo él vende) lo cura casi todo (mentira, mentira, mentira), que se puede usar agua de mar en lugar de sangre para hacer transfusiones (¿tengo que decirlo?), etc…

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Por Nacho Palou — 1 de Marzo de 2017

Nokia 3310 renacido 1

En este MWC de la nostalgia el resucitado Nokia 3310 ha sido uno de los productos que más han llamado la atención desde el mismo momento en que se empezó a rumorear su regreso.

Recurrir al sentimiento de nostalgia es uno de los trucos más efectivos para llamar la atención. Y atención es algo que Nokia necesitaba este año. Además del resucitado 3310 la compañía finlandesa HMD (que tiene los derechos de la marca Nokia aplicada a móviles) llevó al MWC tres smartphones convencionales, los modelos 3, 5 y 6. Son móviles de aspecto y prestaciones muy razonables a precios todavía más razonables. De hecho, cualquiera de ellos es más interesante que el 3310 que arrastró masas humanas hasta el stand de Nokia.

Los Nokia 3, 5 y 6 tienen buen aspecto y acabado y también tienen buenas prestaciones a precios que se sitúan en 139 euros para el Nokia 3 (pantalla de 5 pulgadas), 189 euros para el Nokia 5 (pantalla de 5,2 pulgadas) y 229 euros para el Nokia 6 (pantalla full HD de 5,5 pulgadas). Los tres modelos llevan Android 7.

Nokia 5 mwc 2017
El Nokia 5 (189 euros), con Android 7 y pantalla de 5,2 pulgadas.

Al lado de esos smartphones el Nokia 3310, por 49 euros, no tiene mucho sentido más allá del que puede tener cualquier otro móvil convencional o featurephone como los que ya existen, ni más allá del sentimiento de nostalgia que es poco racional. El 3310 permite hacer llamadas y enviar SMS y poco más. Tiene conexión 2G y un navegador web básico incapaz de digerir una página web promedio. En la mano resulta más frágil que el original, incluso demasiado ligero y pequeño para manejarlo con comodidad. A la serpiente se puede jugar en cualquier móvil.

Para un usuario “normal y corriente”, fuera de nicho, las 22 horas de autonomía en llamada del 3310 (un mes en espera, sin tocarlo) es poco realista porque hoy en día nadie llama durante 22 horas seguidas y nadie está un mes sin tocar el móvil. Cualquier smartphone también dura más o menos un día de uso siendo mucho más versátil. Las baterías de los smartphones duran poco muy en parte porque los utilizamos mucho. Si usas un 3310 mucho (haciendo lo único que puedes hacer con él, llamar) la batería te dura igual de poco, un día.

Con un uso moderado cualquier smartphone permite hacer muchas más cosas con igual o mejor autonomía en proporción, y si lo usas poco o muy poco su batería también durará días. Tampoco se trata de menospreciar ahora algo por lo que hace años cualquiera habría cambiado su 3310 sin pensarlo.

Nokia 3310 renacido 2

Esto no significa que el Nokia 3310 no tenga su lugar en el mundo, que lo tiene igual que lo tienen muchos móviles convencionales todavía hoy. Los móviles convencionales no son ninguna novedad y tienen su público. Por ejemplo, como teléfono de empresa en determinados entornos profesionales, entre los tecnófobos, las personas mayores o los niños, si acaso queda algún niño que no te lo tire a la cara al descubrir que no tiene Instagram. Porque el Nokia 3310 no tiene Instagram, ni WhatsApp, ni Facebook ni nada parecido, y la cámara (que el 3310 original no tenía) es tan mala como lo eran las cámaras móviles hace diez años. Para eso mejor no ponerla y bajar un poco el precio.

Es verdad que por sus formas y dimensiones el Nokia 3310 es como un cachorro adorable, como un tamagotchi. Pero lo cierto es que el Nokia 3310 no es el Nokia 3310 que muchos conocimos también porque el contexto y el momento no son los mismos. Sencillamente no estamos en el año 2000. Puestos a gastarte 49 euros tiene más sentido un Nokia 3, por ejemplo, incluso aunque se vaya a utilizar principalmente para hacer llamadas, porque en caso de necesidad se trata de una herramienta mucho más capaz y adecuada en 2017.

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Por @Alvy — 8 de Enero de 2017

Los milénicos son cronológicamente los descendientes de la Generación X, jóvenes que ya han entrado en la edad adulta y que tienen entre 16 y 30 años más o menos. Y ahora están empezando a incorporarse a los puestos de trabajo.

Los milénicos (…) se caracterizan por su familiaridad con internet y las nuevas tecnologías; también, entre otros rasgos, destacan por ser individualistas, por contar con gran conciencia global y medioambiental, así como por haber crecido en una época de bonanza económica, pero encontrarse hoy con dificultades para entrar en el mercado laboral.

El matiz es cierto: solo se incorporan al mercado de trabajo los que pueden, no todos los que quieren. Pero ni siquiera para esos afortunados –ni para quienes les rodean– es fácil. En este vídeo el escritor Simon Sinek explica algunas cosas sobre cómo es trabajar con milénicos debido a sus peculiares características, que describe en cuatro características (a ver si te suenan):

  • Muchos de ellos provienen de una estrategia educativa fallida, en la que se les consentía todo, se les explicaba que «todo el mundo es especial» y se premiaba cualquier comportamiento, incluso sin merecerlo. El resultado es que al llegar al mercado de trabajo se encuentran con que la vida no es tan fácil, mamá no va a conseguirte un ascenso y es difícil prosperar en la jungla corporativa.
  • La tecnología social tampoco ha hecho mucho por mejorar su situación: en concreto habla de la dopamina y cómo afecta al cerebro. Es un neurotransmisor que se genera como «gratificación» al participar en redes sociales, igual que al fumar, beber alcohol o apostar a los juegos de azar. La dopamina es lo que hace que el simple hecho de recibir mensajitos, correos o likes resulte en cierta medida «satisfactorio». Los milénicos se vuelven adictos a la dopamina – pero la forma de «generarla» no está prohibido (mientras que fumar, beber o apostar siendo menor de edad sí). Cuando los milénicos se enfrentan a situaciones estresantes o deprimentes simplemente vuelven a lo que mejor conocen: sus pequeñas y satisfactorias dosis de dopamina.
  • Impaciencia: para quienes viven en un mundo de «gratificaciones instantáneas» es difícil esperar a algo que desean, de modo que quien quiere un libro va a Amazon y lo compra al instante, quien quiere ver una película se conecta y la ve y quien quiere ver una serie tiene todos los capítulos de todas las temporadas a su alcance a la vez (ni siquiera hay que «esperar una semana» como antiguamente). Pues lo mismo sucede con otras cosas en la vida como las relaciones personales o laborales: los milénicos lo quieren todo y lo quieren ya, lo cual además de poco realista resulta muy frustrante porque el mundo muchas veces no funciona así.
  • El último factor es el entorno de las empresas, que no favorece a todos estos jóvenes. Las empresas y corporaciones sólo se fijan en los números y no en las personas y eso no ayuda a los empleados a ser autosuficientes o mejorar su autoestima. En cuanto al día a día, lejos quedan los tiempos en los que en las reuniones –o entre reuniones– se prohibían los móviles para facilitar la socialización entre compañeros.

Parte de la entrevista-monólogo tiene que ver con el uso de los móviles socialmente, algo muy interesante en sí mismo, pero me quedo con el resto como cuestiones sobre las que meditar y sobre lo que fijarse más a menudo.

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Por @Alvy — 6 de Enero de 2017

En un rebaño hay 125 ovejas y 5 perros. ¿Cuál es la edad del pastor?

En este vídeo se presenta un problema de matemáticas a 32 estudiantes de octavo curso (el equivalente en España sería más o menos 2º de ESO, 12-13 años). El vídeo muestra cómo razonan y cómo calculan, incluyendo en ocasiones algunas preguntas que se les hace al respecto.

La mayor parte es un poco repetitivo, por eso va a cámara rápida con un incesante conteo de ¡bzzzzzzs! (fallos) y ¡dings! (aciertos) que por desgracia acaban en lo peor: tan solo la cuarta parte dan una respuesta correcta (8 de los 32) .

Robert Kaplinsky, que es quien ha realizado la prueba y el vídeo, concluye que hay tres factores clave para que los estudiantes puedan encontrarle el sentido a los problemas. Según él todo estudiante debería

  • Entender el significado del problema.
  • Planear la forma de solucionarlo en vez de pasar directamente a intentar resolverlo con operaciones.
  • Preguntarse continuamente si las cosas tienen sentido.

Quien haya tenido que ayudar a algún estudiante a resolver problemas de este tipo no habrá podido evitar asombrarse cuando dan respuestas sin sentido alguno, incluyendo valores estrambóticos (camiones con longitudes de varios kilómetros de largo, piscinas que tardan años en llenarse en vez de horas o días o personas que viven más de 200 años). Esto se debe a que ignoran una variante del tercer factor: «preguntarse si la respuesta tiene sentido», algo que los adultos tendemos a evitar – quizá de de forma automática, quizá por costumbre. (Bueno: quiero creer que al menos la mayoría de los adultos.)

Los otros factores diría que tienen que ver con el lamentable nivel de comprensión lectora que precisamente es lo que da sentido a las palabras de un texto: hay que comprenderlo y sobre ello reflexionar, tras lo cual las palabras y datos se pueden hacer equivaler a números o incógnitas a las que aplicar diversas técnicas para dar con una solución.

Y para cerrar esto con algo un poco más complicado, ahí va un problema que ha circulado mucho en las últimas semanas por ahí y que tiene su intríngulis (pero no trampa, ni es un acertijo):

Si una gallina y media pone un huevo y medio en un día y medio, ¿cuántos huevos pondrán siete gallinas en seis días?

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