Por Nacho Palou — 12 de Mayo de 2015

1912
«Arriesgaré mi vida saltando con mi paracaídas desde la Torre Eiffel y demostraré ahora mismo y ante los ojos de todos los presentes que mi invento funciona.» —Franz Reichelt.

vs.

2015
«Arriesgaré el dinero de otros a ver si mi invento funciona. La verdad es que no sé si funcionará ni cuándo lo tendré. Hay que hacer muchas pruebas primero. Tengo por ver aun dos temporadas de Juego de Tronos. Igual dentro de un año tengo un prototipo. O no. Bueno, es complicado.» —Numerosas gentes de IndieGogo, KickStarter y similares.

* * *

Inventores muertos por su ingenio
(si crees que algo funcionará, has de probarlo tú mismo.)

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Por Nacho Palou — 12 de Mayo de 2015

Que las pulseras de actividad tienen los días contados al ser reemplazadas por aplicaciones en el móvil o en relojes inteligentes es cada vez más evidente.

Me quedó claro nada más probar la aplicación Moves y más aún cuando el iPhone 5s estrenó un procesador dedicado a detectar los movimientos físicos del usuario.

Aunque Wicho no está de acuerdo conmigo, tal y como argumenté en su día al fin y al cabo el teléfono móvil ya puede reemplazar prácticamente cualquier gadget de uso habitual, desde la cámara de fotos y de vídeo a la videoconsola portátil, el lector de libros electrónicos, el navegador GPS, el despertador, la agenda o los reproductores de música y de vídeo portátiles.

Y no creo que las pulseras de actividad vayan a ser la excepción. O eso espero, porque me juego unas cañas con Wicho.

A colación, en Quartz, Fitbit’s long-term future sales curve revealed,

Esta gráfica es en realidad la evolución de las ventas a lo largo de los años del iPod de Apple —un negocio muy parecido al de otros dispositivos que tienen una única utilidad, como las pulseras de actividad o el Kindle de Amazon: son asequibles, funcionan razonablemente bien y dominan un mercado específico (...) Pero hay un problema. El seguimiento de la actividad física va camino de convertirse en una función —una app o varias apps— en dispositivos con una utilidad más amplia, de forma muy parecida a como ‘iPod’ y ‘Kindle’ se convirtieron en aplicaciones para los teléfonos móviles.

Lo que suceda finalmente con las pulseras de actividad depende de qué haga FitBit o cualquier otro fabricante de pulseras al respecto; pero parece inevitable que la cuantificación o el registro de la actividad física —al menos para la mayoría del público— acabará siendo más una función de otro gadget que un producto específico.

Relacionado, Medidas innecesarias: En serio, no nos interesa saber cuánto has corrido hoy.

Lebowski-Lo-Que-Tu-Opinas

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Por @Wicho — 10 de Diciembre de 2014

Diez + uno tuits de José Luis Ferreira, @JL_Ferr:

  1. La ciencia es una manera más acercarse a la realidad, la tuya es tan válida como cualquier otra.
  2. La ciencia no lo sabe todo, así que por qué no va a ser cierta tu creencia.
  3. Tal disciplina no es realmente una ciencia (vale mejor para todo lo que no sea Física), así que no te vengan a dar lecciones de nada.
  4. No hay observación sin teoría, por tanto puedes interpretar los datos según cualquier otra teoría.
  5. Los científicos de ahora nunca aceptarán un cambio de paradigma que los muestre equivocados. Tu creencia supera el paradigma.
  6. También se burlaron de Galileo, por tanto puedes tener razón perfectamente.
  7. Los propios científicos reconocen que no están seguros 100% de todo y discuten entre ellos. Eso justifica tu creencia.
  8. La ciencia ha cambiado de opinión en el pasado. Pronto lo hará otra vez para darte la razón.
  9. En ciencias sociales y humanidades todo es ideología, y ahí la tuya es la mejor.
  10. En ciencias de la salud se olvidan de fuerza de la mente y ahí cabe muy bien tu creencia.

Estos diez puntos del decálogo se resumen en dos: tú estarás más contento con tu creencia y los demás seguirán creyendo que eres tonto del culo.

Pero para compensar también tenemos el Decálogo de valores culturales de la ciencia.

(Los tuits de José Luis Ferreira vía los RT de @ptarra).

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Por @Alvy — 3 de Diciembre de 2014

Dna-Watson

Según cuenta The Telegraph, el famoso biólogo James Watson va a subastar su medalla del premio Nobel porque –tal y como cuenta Joe Hanson en It's Okay To Be Smart– el científico admite que se ha convertido en una «no-persona» sobre la que «nadie quiere admitir su existencia».

Tal y como explica Hanson el asunto viene a raíz de que, simplemente, Watson es un racista y por ende un perfecto gilipollas. Hace ya años (2007) montó una gorda afirmando que «los negros son menos inteligentes que los blancos». Algo de lo que luego se retractó – lo cual le honró, pero no impidió que le mostraran la «puerta de salida» en los laboratorios en los que trabajaba.

Luego se dedicó a llamar «dinosaurios», «mediocres», «mataos», «fósiles» y otras lindezas a diversos compañeros de profesión. Naturalmente, tanto troleo tocahuevos –aun viniendo de un laureado gran descubridor de la ciencia, en concreto de la estructura de la molécula de ADN– terminó por agotar a otros científicos, que simplemente decidieron ignorarlo, quizá por puro aburrimiento (o quizá como mejor respuesta: Don’t feed the troll).

Pero la clave del desencadenante parece haber sido ese y otros asuntos racistas. Moraleja: seas quien seas, y por más grande que sea lo que hayas hecho, cuando el espacio dedicado a las Controversias de tu artículo en la Wikipedia es más grande que el de tu biografía, o cuando esas controversias se ordenan en una lista de puntos numerada probablemente es que deberías hacértelo mirar.

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