Por @Alvy — 11 de Junio de 2015

Hoy me tocó explicar didácticamente la evolución biológica como parte de una charleta sobre «cómo funciona el mundo y el universo» en la que quienes no creemos en ningún Dios se lo explicamos y otras personas que sí – o que a lo mejor no tenían clara ni una cosa ni la otra. No digo más que el asunto empezó con los seres humanos y retrocedimos de unas especies a otras hasta el origen de la vida unicelular; de ahí a los planetas y al resto del universo: 13.700 millones de años en momento (o no, según quien tomara la palabra).

Entonces me acordé del legendario calendario cósmico de Carl Sagan en el Cosmos original y lo estuvimos viendo en YouTube, aunque hoy en día siete minutos pueden considerarse una pequeña eternidad. Las reacciones fueron interesantes, pero sobre todo la duda sobre si los seres humanos fuimos «inventados», «diseñados» o «evolucionamos» quedó sembrada para siempre.

Los cambios evolutivos que muestra esa estupenda animación son tan graduales y las menciones del tipo «a lo largo de millones de años» tan repetidas y acertadas que permiten entender que lo que aparentemente parece un acto tan divino como repentino en realidad fue algo mucho más lento, no planeado y fruto de un proceso mucho menos intuitivo pero que encaja mejor con la realidad que observamos. (Incluyendo opciones fallidas, alternativas y meteoritos aniquilando dinosaurios).

El otro día comentábamos en otro círculo que hay gente que tiene una firme «creencia» en algo –ya sea cuestiones científicas, filosóficas o políticas– a la que es muchas veces casi imposible hacerle cambiar de opinión; situaciones en las que creo que este tipo de ejemplos ayudan como excelentes explicaciones. Son para mi la mejor forma de sembrar la duda y despertar la inquietud por el conocimiento, por saber más, que puede ser a la larga algo mucho más efectivo. Cuando un buen día esas personas se cuestionen nuevamente sus creencias tal vez acepten la alternativa no como algo impuesto sino simplemente sugerido y dejado a su libre elección, algo que puede hacer más fácil que lo acepten como si lo hubieran descubierto por ellas mismas.

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Por @Alvy — 28 de Mayo de 2015

El otro día salió este tema. Y por ejemplo el próximo 4 de junio (un mes atípico para fiestas) es el Corpus Christi, este años fiesta oficial - y para muchos, por extensión, puente. La cuestión es... ¿Si eres ateo deberías celebrar estas fiestas religiosas o ir a trabajar como un día cualquiera?

En España por tradición -de hecho por ley, artículo 37.2 del Estatuto de los Trabajadores- se celebran prácticamente solo fiestas cristianas (ej. Navidad) además de otras históricas (Día de Catalunya) o neutras (Día del Trabajo). Creyentes de otras religiones donde hay otras festividades han de adaptarse a esto y organizarse de otra manera. Pero los ateos tienen pocas fiestas «con personalidad» que celebrar.

Supongo que podrían inventarse fiestas neutras exentas de polémica como podrían ser el «Día de la Tierra», el «Día de la Ciencia», el «Día de los niños» o algo parecido. Los ateos también pueden razonar que es normal para ellos celebrar las fiestas cristianas, dado que esos días nadie trabaja y sería poco práctico acudir a una fábrica vacía, a vender por teléfono cuando nadie está su su empresa o salir a una calle con todas las tiendas cerradas. (Habría que modificar la Constitución para que esto fuera distinto y laico, pero eso es otra guerra.)

Pero hay otras razón más definitiva todavía: el trabajo por cuenta ajena no es sino un intercambio de horas de trabajo por dinero: se trabaja más o menos 40 horas a la semana durante un año, y se recibe un dinero anual repartido en 12, 14 o el número de pagas que se acuerde. Pero las horas han de ser siempre las mismas.

Dejando aparte redondeos y el periodo de vacaciones (que es de 30 días naturales o 22 laborables) el artículo 37.2 del Estatuto de los Trabajadores establece que:

Los trabajadores tienen derecho a 14 días festivos retribuidos y no recuperables.

Y no se menciona la religión. Es decir: seas ateo o creyente has de tener 14 días festivos. Lo que sucede es que los creyentes los celebran en las fechas tradicionalmente cristianas y el resto también por conveniencia. De hecho en ciertos puestos de trabajo a veces se negocia que sean otros días distintos y no pasa nada. Eso es algo que también podrían hacer los ateos aún no siendo creyentes porque los días de fiesta son festivos por ley, no porque haya que celebrar obligatoriamente las fiestas religiosas.

Si estás en el grupo de las personas ateas, ya sabes para la próxima discusión: -¿Por qué haces fiesta en Navidad si eres ateo, en vez de ir a trabajar? -Porque es obligatorio por ley.

Actualización: Tal y como nos han recordado por Twitter no deja de tener su punto irónico que las actuales fiestas laborales se basen en su mayoría en las fiestas cristianas que a su vez se «adaptaron» en la antiguedad de las dedicadas a deidades romanas o a las fiestas paganas equivalentes, como el solsticio de invierno.

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Por Nacho Palou — 12 de Mayo de 2015

1912
«Arriesgaré mi vida saltando con mi paracaídas desde la Torre Eiffel y demostraré ahora mismo y ante los ojos de todos los presentes que mi invento funciona.» —Franz Reichelt.

vs.

2015
«Arriesgaré el dinero de otros a ver si mi invento funciona. La verdad es que no sé si funcionará ni cuándo lo tendré. Hay que hacer muchas pruebas primero. Tengo por ver aun dos temporadas de Juego de Tronos. Igual dentro de un año tengo un prototipo. O no. Bueno, es complicado.» —Numerosas gentes de IndieGogo, KickStarter y similares.

* * *

Inventores muertos por su ingenio
(si crees que algo funcionará, has de probarlo tú mismo.)

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Por Nacho Palou — 12 de Mayo de 2015

Que las pulseras de actividad tienen los días contados al ser reemplazadas por aplicaciones en el móvil o en relojes inteligentes es cada vez más evidente.

Me quedó claro nada más probar la aplicación Moves y más aún cuando el iPhone 5s estrenó un procesador dedicado a detectar los movimientos físicos del usuario.

Aunque Wicho no está de acuerdo conmigo, tal y como argumenté en su día al fin y al cabo el teléfono móvil ya puede reemplazar prácticamente cualquier gadget de uso habitual, desde la cámara de fotos y de vídeo a la videoconsola portátil, el lector de libros electrónicos, el navegador GPS, el despertador, la agenda o los reproductores de música y de vídeo portátiles.

Y no creo que las pulseras de actividad vayan a ser la excepción. O eso espero, porque me juego unas cañas con Wicho.

A colación, en Quartz, Fitbit’s long-term future sales curve revealed,

Esta gráfica es en realidad la evolución de las ventas a lo largo de los años del iPod de Apple —un negocio muy parecido al de otros dispositivos que tienen una única utilidad, como las pulseras de actividad o el Kindle de Amazon: son asequibles, funcionan razonablemente bien y dominan un mercado específico (...) Pero hay un problema. El seguimiento de la actividad física va camino de convertirse en una función —una app o varias apps— en dispositivos con una utilidad más amplia, de forma muy parecida a como ‘iPod’ y ‘Kindle’ se convirtieron en aplicaciones para los teléfonos móviles.

Lo que suceda finalmente con las pulseras de actividad depende de qué haga FitBit o cualquier otro fabricante de pulseras al respecto; pero parece inevitable que la cuantificación o el registro de la actividad física —al menos para la mayoría del público— acabará siendo más una función de otro gadget que un producto específico.

Relacionado, Medidas innecesarias: En serio, no nos interesa saber cuánto has corrido hoy.

Lebowski-Lo-Que-Tu-Opinas

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