Por Nacho Palou — 9 de Febrero de 2016

Carga-Paginas-Noticia-Millones-De-Teras
Ejemplo de todo lo que debe cargar y procesar el navegador web para visualizar un artículo online de dos mil palabras con una foto.


Cualquier artículo publicado en alguno de los principales medios online de noticias requiere transferir 3 o 4 MB, promedia 500 conexiones y peticiones y requiere unos 17 segundos de carga. Después de que se haya cargado la página en el navegador ésta sigue haciendo peticiones adicionales, cada pocos segundos: las herramientas de medición de tráfico y de análisis notifican que la página sigue abierta y en qué parte. Algunos sitios incluso dedican 3 o 4 conexiones por segundo para hacer este tipo de seguimiento mientras que la página se mantiene abierta. Algunos sitios incluso continúan enviándolas después de haber cerrado la ventana del navegador. Un periódico indio al que accedí realizó 6500 conexiones en 13 minutos, transfirió un total de 100 MB y siguió abriendo conexiones hasta casi cinco minutos después de haber cerrado la ventana del navegador.

En el artículo de Forbes, Why The Web Is So Slow And What It Tells Us About The Future Of Online Journalism Kalev Leetaru enumera algunos casos más. Ejemplos de los resultados que obtuvo tras una semana pesando distintas noticias y artículos online.

Según sus medidas —tomadas directamente con la herramienta para desarrolladores de Chrome— de promedio una noticia de cualquier medio “relevante” gasta 5 MB de ancho de banda y se conecta con entre 50 y 100 dominios diferentes durante la carga de la página.

Y por norma general todo ese consumo de transferencia no se debe precisamente a contenidos extensos ni a vídeos o a imágenes en alta resolución que informan o que acompañan al texto. No en la mayoría de los casos.

De hecho, escribe Kalev, «los medios parecen haber hecho grandes esfuerzos para minimizar el peso de las imágenes y de otros contenidos visuales y hasta los artículos más ilustrados pesan relativamente poco», al menos por sí mismos.

Así que la mayor parte de los datos transferidos no tienen nada que ver con el contenido. Todos esos datos no tienen nada que ver con informar, con ilustrar o con entretener. En cambio, la mayor parte de los datos transferidos al cargar un artículo online son invisibles y su finalidad es explotar virtualmente al lector: extraer todo lo posible de aquellas personas que acceden para leer su contenido.

Ese abuso por parte de los medios es muy probablemente el principal motivador de los bloqueadores de la publicidad: «tal vez después de esto los medios aprendan algo y puedan combatir los bloqueadores de publicidad ofreciendo a los usuarios una experiencia mejor.» Una en la que el contenido no se utilice como reclamo para el matarife.

* * *

Precio oculto de las aplicaciones moviles

Este problema no es un asunto exclusivo de la Web: también las aplicaciones móviles en muchas ocasiones y de forma parecida transfieren más datos de la cuenta sin que el usuario tenga constancia y a costa del consumo del tráfico móvil y de la batería del teléfono.

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Por @Alvy — 2 de Febrero de 2016

Youtubers Thumbfaces - vaya caretos, majetes
Mi página personalizada de Vídeos del momento al entrar en Youtube. Más o menos.

Ojos abiertos y saltones. Boca abierta con cara entre el asco y el asombro. Mirada perdida como de locos. Ese parece ser el look de los años 10, al menos si lo juzgarían las generaciones futuras por las miniaturas que muestran los vídeos de YouTube más populares del mundo en los diferentes países del globo. Es el equivalente a los morros de pato de los selfies o a las poco originales poses de Instagram. Y es indiferente tomar muestras para examinar en Estados Unidos, España, Japón o Alemania.

No deja de ser curioso que esa sobreactuada imagen (?!) se mantenga a veces durante toda la duración del vídeo. Entre los grandes clásicos tenemos a Grav3yardgirl (alias de Bunny Meyer), un ejemplo superlativo en sí mismo. Pero también podemos dar con gente que pone solo la «cara llamativa para la miniatura» como Vsauce3 (segunda cadena de Vsauce) e incluso a gentes que después demuestran un comportamiento aparentemente «normal» -aunque un tanto inquietante- como Grace Helbig.

En el territorio del castellano poco se puede decir que nadie haya visto ya: tenemos por supuesto a ElRubius, rey-de-reyes; a la expresiva YellowMellow, al rapidoparlante Germán... Un grupo de lo más variada pero que sigue unos mismos patrones de imagen, miniaturas, tono de voz - como sucede en el resto de países, todo sea dicho.

Lo que se puede deducir, así en plan casero, visto lo visto, es que en YouTube:

  • Nada se deja al azar: las fotos-miniatura están cuidadosamente elegidas y todas utilizan la opción «personalizar miniatura» que ofrece YouTube entre sus herramientas, pero previamente se ha hecho un montaje o elegido un fotograma con sumo detalle. Por tanto...
  • ... si los protagonistas aparecen con caras de locos/asombrados/sorprendidos es porque es conveniente que así sea. Esto puede ser una cuestión estética y temporal («look de los 2010») o más probablemente una forma efectiva y comprobada de atraer más clics para que se contabilicen más visitas a los vídeos [de hecho YouTube tiene una opción para marcar las «miniaturas engañosas» cuando se abusa de esta opción]. Esto quiere decir que...
  • ... ese look funciona y es el que más llama la atención del «público». En un entorno tan competitivo por la atención como es YouTube -y más a nivel global- el resultado es casi cuestión de pura evolución, de supervivencia de la idea más apta. Si los protagonistas deciden que la «cara de loco» es la mejor opción, la moda o lo más efectivo, así seguirán haciéndolo.

La conclusión podría tener una lectura cuanto menos curiosa: los youtubers ponen cara de locos (¿es ya un meme?) porque poner cara de locos ayuda a que los canales sean exitosos y por tanto los youtubers sigan reproduciendo el comportamiento de poner cara de locos.

Pero ya digo: a lo mejor la conclusión no debería ser esa sino que simplemente poner cara de loco está de moda. O que ni siquiera está de moda porque hay muchos más vídeos sin caras de locos que con ellas y lo que se ve en los Vídeos del momento son imaginaciones nuestras. ¡Ah, los misterios de Internet!

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Por @Alvy — 16 de Diciembre de 2015

Google 2015

Del informe El año en búsquedas 2015 y las listas más populares que ha publicado Google aprendimos este año que:

  • La gente ya no busca «sexo» ni «porno» en internet, es más popular y relevante en el buscador la «Copa del mundo de Rugby», como todo el mundo sabe.
  • Mucha gente quiere «ser hacker» pero antes que eso es prioritario ser «modelo, guapa y popular».
  • La televisión como medio difusor de la cultura progresa adecuadamente, con telebasura como «Gran Hermano 16, Eurovisión o Supervivientes» dominando las búsquedas.
  • Es importante saber «si te roban el wifi», pero más importante es saber si «estás embarazada», si «le gustas a un chico», si «estás enamorada» o si el fruto de todo lo anterior será «niño o niña».
  • «España» está entre Estados Unidos y Francia en ordenación alfabética, pero solo puede estar en la lista de «Internacionales» en «el año en búsquedas» porque Google considera que no es lo suficientemente relevante como para hacerle una página del año propia en Google Trends. ¡Oooh!

Bonus:

Esto es lo que habéis buscao vosotros
entre todos
y así nos podemos hacer una idea
de esta sociedad actual

El Langui ft. Google (vía Entre machacas y becarios).

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Por @Alvy — 15 de Diciembre de 2015

Concurso de belleza, 1960 (CC) City of Vancouver Archives @ Flickr

Uno de los economistas más influyentes en el estado actual del mundo, John Maynard Keynes, utilizó un concurso de belleza como ejemplo para ilustrar un concepto que, según su teoría, explicaba el comportamiento de los mercados y la economía.

El ejemplo es fácil de entender

Una revista organiza un concurso y pide al público que elija seis de los rostros más atractivos que se publican en sus páginas. Pero lo interesante es que no es un concurso de belleza al uso, en el que ganan las caras más bellas que reciban más votos. Las reglas estipulan que ganan los lectores que más predicciones acierten cuando se sumen todos los votos de todas las personas participantes.

Una posible estrategia es elegir las caras que a cada cual le parezcan más atractivas: al fin y al cabo, los gustos de la gente son similares, puede haber cierto tipo de «belleza promedio» y eso garantizaría cierta posibilidad de éxito. Pero más inteligente sería intentar adivinar lo que elegirán los demás. Eso lleva a una curiosa situación: no parece óptimo elegir el rostro que a cada cual le parezca más atractivo sino concentrarse en los razonamientos de los demás y elegir en consecuencia.

El desarrollo de este concepto –que Keynes asoció a cómo se comportan los mercados y muchas situaciones de la economía– lleva a una espiral sin fin en la que es mejor predecir qué predecirán los demás o, mejor aún, predecir que predecirán los que predigan que harán los demás… ad infinitum. Ya en 1936 Keynes decía que «es normal practicar el tercer o incluso el cuarto grado de predicción; puede que en el futuro incluso se llegue más allá…» por la ventaja competitiva que esto supone.

Una pausa para meditar.

Todo esto puede volverse un poco lioso, como en el duelo de ingenio a muerte de La princesa prometida entre el malvado Vizzini y el enmascarado Pirata Roberts, en el que el malvado siciliano debe utilizar únicamente su raciocinio y mejor lógica para elegir la copa que no contiene veneno mortal si quiere salir airoso:

Volviendo al tema: la gente del estupendo podcast Planet Money hizo un experimento nada científico entre sus oyentes para comprobar los resultados. En vez de rostros usó fotos de animalitos adorables y el resultado coincidió –más o menos– con el planteado por Keynes… ¡Vaya lío si llega a ser de otra forma! Es cierto que en todo esto se pueden imaginar hay algunas limitaciones, «atajos» o «truquis» al respecto: el tiempo para contestar, encontrar un factor objetivo que resulte clave, poder calcular cuál será la profundidad de razonamiento de los «oponentes»… Lo mismo que hace Vizzini con las copas, vamos. (Y aun así ya sabemos cómo acabó.)

Si se analiza matemáticamente el famoso concurso de belleza lleva hasta el equilibrio de Nash: «una estrategia tal que si todos los participantes conocen cuál es nadie modificaría porque tendría claro que proporciona el mejor resultado individual para sí mismo». Según Keynes así funcionan los mercados bursátiles; idealmente todo el mundo es capaz de calcular o apreciar cuál es el «valor fundamental» de las cosas. Algo similar sería lo que sucede en cierto tipo de subastas y licitaciones (concursos públicos).

De Keynes al mundo electoral

Estas mismas situaciones, transformando los bellos rostros por candidatos electorales y los lectores de la revista por la población votante de un país lleva al popularmente denominado voto útil: en muchas elecciones los que parten como iniciales favoritos tienden a desear la polarización del voto entre dos alternativas, aunque haya muchas más opciones presentes. En Internet hay mucha más información acerca de esto y de otras modalidades de voto táctico. El voto útil juega con ideas que en palabras llanas serían «el candidato menos malo», las «posibilidades reales de ganar» y por supuesto con el «lo que votará la mayor parte de la gente»: el concurso de belleza de Keynes.

Las empresas dedicadas a los sondeos de opinión electorales tratan de trabajar con herramientas estadísticas lo que la gente va a hacer, pero han de tener en cuenta los diferentes niveles de razonamiento respecto a lo que ocurrirá en futuras votaciones teniendo todo esto en cuenta. No es lo mismo preguntar «A qué candidato votará» que «¿Quién prefiere que gane?» y mucho menos «¿Quién cree que va a ganar?» Alguien podría votar (tácticamente) al candidato A pero preferir que gane el B e incluso creer que finalmente haga lo que haga ganará C. ¿Qué publicar respecto a los datos de los sondeos previos entonces? ¿Cuánta gente lleva sus razonamientos a dos, tres o más niveles? ¿Es ese el secreto de las famosas recetas de cocina preelectorales?

Predecir el futuro comportamiento de grupos enormes de población –especialmente en tiempos muy cambiantes– no es estadísticamente nada fácil. Y a falta de que la psicohistoria de Asimov se desarrolle, tenemos de momento las limitadas herramientas que tenemos.

{Foto: Concurso de belleza, 1960 (CC) City of Vancouver Archives @ Flickr}

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