Por @Alvy — 8 de Enero de 2017

Los milénicos son cronológicamente los descendientes de la Generación X, jóvenes que ya han entrado en la edad adulta y que tienen entre 16 y 30 años más o menos. Y ahora están empezando a incorporarse a los puestos de trabajo.

Los milénicos (…) se caracterizan por su familiaridad con internet y las nuevas tecnologías; también, entre otros rasgos, destacan por ser individualistas, por contar con gran conciencia global y medioambiental, así como por haber crecido en una época de bonanza económica, pero encontrarse hoy con dificultades para entrar en el mercado laboral.

El matiz es cierto: solo se incorporan al mercado de trabajo los que pueden, no todos los que quieren. Pero ni siquiera para esos afortunados –ni para quienes les rodean– es fácil. En este vídeo el escritor Simon Sinek explica algunas cosas sobre cómo es trabajar con milénicos debido a sus peculiares características, que describe en cuatro características (a ver si te suenan):

  • Muchos de ellos provienen de una estrategia educativa fallida, en la que se les consentía todo, se les explicaba que «todo el mundo es especial» y se premiaba cualquier comportamiento, incluso sin merecerlo. El resultado es que al llegar al mercado de trabajo se encuentran con que la vida no es tan fácil, mamá no va a conseguirte un ascenso y es difícil prosperar en la jungla corporativa.
  • La tecnología social tampoco ha hecho mucho por mejorar su situación: en concreto habla de la dopamina y cómo afecta al cerebro. Es un neurotransmisor que se genera como «gratificación» al participar en redes sociales, igual que al fumar, beber alcohol o apostar a los juegos de azar. La dopamina es lo que hace que el simple hecho de recibir mensajitos, correos o likes resulte en cierta medida «satisfactorio». Los milénicos se vuelven adictos a la dopamina – pero la forma de «generarla» no está prohibido (mientras que fumar, beber o apostar siendo menor de edad sí). Cuando los milénicos se enfrentan a situaciones estresantes o deprimentes simplemente vuelven a lo que mejor conocen: sus pequeñas y satisfactorias dosis de dopamina.
  • Impaciencia: para quienes viven en un mundo de «gratificaciones instantáneas» es difícil esperar a algo que desean, de modo que quien quiere un libro va a Amazon y lo compra al instante, quien quiere ver una película se conecta y la ve y quien quiere ver una serie tiene todos los capítulos de todas las temporadas a su alcance a la vez (ni siquiera hay que «esperar una semana» como antiguamente). Pues lo mismo sucede con otras cosas en la vida como las relaciones personales o laborales: los milénicos lo quieren todo y lo quieren ya, lo cual además de poco realista resulta muy frustrante porque el mundo muchas veces no funciona así.
  • El último factor es el entorno de las empresas, que no favorece a todos estos jóvenes. Las empresas y corporaciones sólo se fijan en los números y no en las personas y eso no ayuda a los empleados a ser autosuficientes o mejorar su autoestima. En cuanto al día a día, lejos quedan los tiempos en los que en las reuniones –o entre reuniones– se prohibían los móviles para facilitar la socialización entre compañeros.

Parte de la entrevista-monólogo tiene que ver con el uso de los móviles socialmente, algo muy interesante en sí mismo, pero me quedo con el resto como cuestiones sobre las que meditar y sobre lo que fijarse más a menudo.

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Por @Alvy — 6 de Enero de 2017

En un rebaño hay 125 ovejas y 5 perros. ¿Cuál es la edad del pastor?

En este vídeo se presenta un problema de matemáticas a 32 estudiantes de octavo curso (el equivalente en España sería más o menos 2º de ESO, 12-13 años). El vídeo muestra cómo razonan y cómo calculan, incluyendo en ocasiones algunas preguntas que se les hace al respecto.

La mayor parte es un poco repetitivo, por eso va a cámara rápida con un incesante conteo de ¡bzzzzzzs! (fallos) y ¡dings! (aciertos) que por desgracia acaban en lo peor: tan solo la cuarta parte dan una respuesta correcta (8 de los 32) .

Robert Kaplinsky, que es quien ha realizado la prueba y el vídeo, concluye que hay tres factores clave para que los estudiantes puedan encontrarle el sentido a los problemas. Según él todo estudiante debería

  • Entender el significado del problema.
  • Planear la forma de solucionarlo en vez de pasar directamente a intentar resolverlo con operaciones.
  • Preguntarse continuamente si las cosas tienen sentido.

Quien haya tenido que ayudar a algún estudiante a resolver problemas de este tipo no habrá podido evitar asombrarse cuando dan respuestas sin sentido alguno, incluyendo valores estrambóticos (camiones con longitudes de varios kilómetros de largo, piscinas que tardan años en llenarse en vez de horas o días o personas que viven más de 200 años). Esto se debe a que ignoran una variante del tercer factor: «preguntarse si la respuesta tiene sentido», algo que los adultos tendemos a evitar – quizá de de forma automática, quizá por costumbre. (Bueno: quiero creer que al menos la mayoría de los adultos.)

Los otros factores diría que tienen que ver con el lamentable nivel de comprensión lectora que precisamente es lo que da sentido a las palabras de un texto: hay que comprenderlo y sobre ello reflexionar, tras lo cual las palabras y datos se pueden hacer equivaler a números o incógnitas a las que aplicar diversas técnicas para dar con una solución.

Y para cerrar esto con algo un poco más complicado, ahí va un problema que ha circulado mucho en las últimas semanas por ahí y que tiene su intríngulis (pero no trampa, ni es un acertijo):

Si una gallina y media pone un huevo y medio en un día y medio, ¿cuántos huevos pondrán siete gallinas en seis días?

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Por @Alvy — 14 de Diciembre de 2016

Notificaciones (CC)-by Alvy @ Microsiervos.com

Cada notificación irrelevante que envías daña gradualmente tu marca. ¿Quieres realmente quieres que sea conocida como esa empresa molesta que envía basura a los usuarios simplemente para atraer más visitas? Los usuarios merecen algo más.

– John Saito, diseñador UX de Dropbox
ex-Google, ex-Youtube

Muy interesante el análisis de Saito en su artículo Stop the spammy notifications!, que descubrí vía Fernand0 en Muerte por notificaciones. Sí, otra causa de muerte estilo Siglo XXI a añadir a la Muerte por PowerPoint.

El hecho es que hay toda una serie de aplicaciones diseñadas para hacernos perder tiempo con la excusa de ayudarnos o ayudar a los demás, cuando generalmente a la gente le preocupa lo contrario: cómo ahorrar su precioso tiempo. Por no hablar de los envíos por correo que resultan totalmente irrelevantes.

Todo esto está a veces está oculto en notificaciones del tipo «Mira lo que ha dicho fulanito», «Quizá conozcas a zutanito» o después de una compra «Como compraste esto, hemos pensado que querrías ver esta otra oferta…». Y acaban «saltando» en la pantalla mientras navegas o, lo que es peor, incluso en el móvil. Y aunque se pueden gestionar con los controles de permisos, ¿por qué tiene el usuario que sufrir esa lucha por la atención constante?

La desgracia para muchas marcas (muchos son medios de comunicación, pero también hay anunciantes y sitios de comercio electrónico) es que no entienden que si de cada cien envíos que hacen solo uno o dos o tres recibe respuesta el otro 98 o 99 por ciento está dañando su imagen. Es una lenta y segura muerte por notificaciones irrelevantes. Bienvenidos a la época en la que la no-atención de la guerra por la atención es peor que la muerte.

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Por @Wicho — 16 de Noviembre de 2016

Alfredo Corell nos escribió para que le echáramos un ojo a su charla de TEDx Valladolid, Los complices imprescindibles en la innovacion educativa, en la que defiende la importancia de involucrar a los alumnos en el proceso de aprendizaje.

Estos días estoy sufriendo en carnes casi propias la figura del profesor que llega a clase a largar su rollo sin importarle en lo más mínimo si sus alumnos se están enterando de algo o no –lo que tiende a suponer que no se enteren de nada– así que me parece muy importante lo que defiende.

Pero tampoco tengo nada contra una clase magistral bien ejecutada, aquella en la que el profesor o ponente se preocupa realmente de que quienes le están escuchando le sigan.

Eso sí, aún queda mucho camino por hacer para que no se mire como bichos raros a los profesores a los que les preocupa que sus alumnos aprenden. Aunque me consta que cada vez son más. O eso quiero creer.

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