Por Nacho Palou — 28 de Noviembre de 2017

La carrera de drones organizada por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA hace unas semanas enfrenta a un dron controlado mediante inteligencia artificial y un dron de las mismas características controlado por un piloto de drones de competición.

La finalidad de la competición es poner a prueba los algoritmos de control del dron autónomo, que utiliza tecnología del JPL. El JPL está desarrollando sistemas mapeo y de navegación mediante visión artificial para aplicar a sondas y vehículos para la exploración espacial de la NASA, rovers incluidos. Esos mismos sistemas son aplicables también a vehículos aéreos no tripulados, como en este caso.

Los drones autónomos normalmente vuelan utilizando el GPS. Pero en los vehículos espaciales, como sucede en interiores, la navegación por GPS no es posible.

Los dos drones utilizados para la carrera están construidos con especificaciones de competición. Pueden alcanzar los 130 km/h volando en línea recta sin obstáculos, o moverse por un circuito con obstáculos y giros (como el utilizado en esta carrera) a entre 50 y 65 km/h.

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Según la NASA aunque los drones autónomos vuelan de forma precisa y constante también resulta que son “más cautos” y por tanto más lentos que el dron controlado por un piloto humano; tal vez la inteligencia artificial de los drones teme por su vida. También sucede, dice la NASA, que la gran velocidad a la que vuelan los drones de competición produce numerosas vibraciones en la imagen que el sistema de visión artificial se queda ciego y no es capaz de ver la pista.

Como sea, de momento gana el humano (completa el circuito en 11,1 segundos). Pero hay que reconocer que si el dron autónomo vuelta realmente sólo con inteligencia artificial (completa el circuito en 13,9 segundos) es bastante impresionante.

A pesar de que por ahora el JPL vuela drones autónomos “por diversión” las tecnologías utilizadas, además de su utilidad en la exploración espacial, también tienen aplicaciones terrenales: drones que vuelan en almacenes haciendo el inventario o en operaciones de búsqueda y de rescate después de un desastre, dice la NASA.

Imagén: NASA/JPL-Caltech.

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Por @Alvy — 18 de Noviembre de 2017

En este vídeo se pueden ver algunos experimentos para entender lo que sucede cuando se hace volar un dron en el interior de un coche. ¿Seguirá el dron el movimiento del coche? ¿Permanecerá estacionario? ¿Respecto al coche o respecto al suelo? ¿Sucede lo mismo si las puertas están abiertas o cerradas? Es interesante imaginar el experimento y pensar qué va a sucede antes de verlo.

El lema de The Action Lab es que «un experimento vale más que mil opiniones» y el vídeo así lo demuestra. Sacrificándose por la ciencia el presentador arriesga un poco: las hélices del dron –que probablemente acabe dañado al golpearse–, el interior del coche y su propio físico. También es verdad que es un poco burro el hombre, porque no se protege ni con unas gafas, ¿eh? De hecho en uno de los experimentos se hace daño y se corta un dedo cuando el dron le golpea.

Es importante percatarse de que en este experimento hay varios marcos de referencia, varios «respecto a qué se mueve»: el coche, el suelo, el aire… El dron funciona simplemente intentando mantenerse estable: pero no usa el GPS; tan solo sus giroscopios digitales, y se le ha desactivado el control de colisiones.

En primera instancia el dron tiende a permanecer estacionario respecto al suelo, pero como puede verse a los pocos segundos comienza a moverse como si quisiera acompañar al coche (aunque es muy poco tiempo antes del crash). Si el coche va suficientemente despacio el dron puede mantenerse estático respecto al coche sin intervención humana. ¿Cuál es la razón? Básicamente es por las turbulencias y el rozamiento del aire, suficientes para que el dron ajuste: en realidad el dron se está manteniendo estático respecto al aire que hay en el interior del coche.

Un último experimento con el maletero y las puertas del coche abiertas aclara el asunto: en este caso cuando el coche comienza a moverse el dron simplemente se queda estático respecto al suelo (aunque al principio tiende a acompañar al coche, probablemente también por las turbulencias). Dejando el dron flotar y azuzándolo con una superficie de plástico, como se ve al final, sucede un poco lo mismo: el dron busca la estabilidad a toda costa: si el chorro de aire impulsado por sus propias hélices chocha con algo y lo desestabiliza, corregirá la posición.

Buen experimento de resultado curioso, aunque recordemos que el del globo de helio dentro de un coche es más soprendente todavía.

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Por Nacho Palou — 6 de Noviembre de 2017

“Pero mereció la pena.”

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El fotógrafo Erez Marom (en Instagram) tomó estás espectaculares imágenes de flujos de lava —roca fundida que chorrea por las laderas— en el volcán Kilauea, en Hawai.

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Para tomarlas Erez Marom usó un dron de DJI que hizo volar sobre la lava durante varias horas durante el día, al atardecer y en las primeras horas de la noche. “En un momento dado me di cuenta de que las imágenes comenzaban a salir más oscuras por la derecha, pero no le di importancia y seguí tomando fotografías.”

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“La sorpresa llegó cuando ya en casa comprobé que el plástico de la cámara del dron se había derretido. Aun así mereció la pena.” escribe Erez en Boredpanda.

Más fotografías en I Melted My Drone Camera Flying Too Close To The Lava Flows Of Mount Kilauea, Hawaii y también en Photographer melted his drone to capture lava flows. It was worth it.

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Por Nacho Palou — 24 de Octubre de 2017

El vídeo de Douglas Thron, grabado con un dron, muestra a un cartero del servicio postal entregando el correo —en aquellos buzones que permanecen todavía en pie— en un barrio de Santa Rosa, California, casi arrasado por completo a causa de los incendios sucedidos durante días y hasta apenas unas horas antes.

Vía Laughing Squid.

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