Por @Alvy — 16 de Enero de 2017

Este vídeo de la NASA muestra una simulación de las turbulencias que genera un dron DJI Phantom 3 durante el vuelo. Es un montaje un poco raro en el que los colores de las turbulencias han sido reemplazados por hilillos de plastilina para que se vean como algo físico y no como un simple gradiente de color.

En blanco se ve el cuerpo del dron y cuanto más azul/violeta es el color, más rápido se mueve el aire. Las «corrientes» que se forman muestran que las turbulencias degeneran rápidamente en caos –lo cual es completamente normal– pese a lo cual los drones pueden mantenerse estabilizados y volar como si tal cosa – como hacen la mayor parte de los vehículos que lanzamos al aire o al agua y en los que aparecen esos efectos caóticos.

Estudiando la velocidad de los «chorros» resultantes los investigadores pueden hacerse una idea de cómo conseguir más impulso con el mismo número de rotores o cómo mejorará la velocidad y estabilidad del aparato si se aumenta el número de rotores.

(Vía Sploid.)

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Por Nacho Palou — 11 de Enero de 2017

En los primeros segundos del vídeo se recoge el momento en el que un par de F/A-18 Super Hornet liberan en vuelo un centenar de microdrones Perdix, aunque resulta difícil verlos incluso con la secuencia de vídeo a cámara lenta y ampliada.

Una vez que se han liberado, los drones Perdix se comunican entre sí para coordinar el vuelo y llevar a cabo la misión encomendada, por ahora de momento relacionadas con vigilancia desde el aire.

Según el Departamento de Defensa de EE UU los drones no están programados previamente. En cambio se coordinan y sincronizan comunicándose entre sí una vez están en el aire. Cada uno de ellos maniobra y vuela teniendo en cuenta su posición y la del resto de drones para formar un enjambre y llevar a cabo la misión que se les ha encomendado. «Cada Perdix se comunica y colabora con los otros Perdix; no hay ningún líder en el enjambre y su formación se adapta conforme los drones que entran o salen del grupo.»

Los drones Perdix fueron originalmente desarrollados por el MIT y pueden lanzarse desde una aeronave que vuele como máximo a 0,6 veces la velocidad del sonidos (740 km/h) y con temperaturas de hasta 10° bajo cero.

Los drones Perdix son pequeños (pesan unos 450 gramos) y relativamente baratos, y volando en enjambre pueden realizar tareas de vigilancia y de seguimiento equiparables a las misiones llevadas a cabo por drones más grandes. Con la ventaja de su menor coste y tamaño, y de que el enjambre puede mantenerse operativo aunque se pierdan algunos de sus miembros.

En este artículo de The Washington Post hay otro vídeo que captura el momento del lanzamiento de los microdrones desde un F-16 que vuela a 700 km/h. El vídeo se grabó en 2014, cuando el Pentágono inició las primeras pruebas con microdrones.

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Por @Wicho — 3 de Enero de 2017

Festo es una empresa que se dedica a diseñar y fabricar robots industriales. Pero como parte del proceso de aprendizaje de su departamento de investigación y desarrollo de vez en cuando nos sorprenden con máquinas que parecen salidas de un mundo en el que reinaran formas de vida mecánica.

La primera es la eMotionButterfly, una mariposa de unos 30 gramos de peso, batería incluida, capaz de volar de forma autónoma gracias a las cámaras que incorpora y que es también capaz de coordinarse con otras nueve mariposas como ella para no chocar. Luego viene AirJelly, una especie de medusa llena de helio de unos 900 gramos que usa sus tentáculos para subir cuando lo necesita y un peso en su interior que se mueve mediante un servo para controlar la dirección en la que se mueve. El vídeo termina con AirPenguin, una especie de pingüino que es capaz de volar de forma autónoma sin chocar con nada gracias a un sistema de ultrasonidos que también le permite compartir espacio con otros dos congéneres sin que haya choques entre ellos.

No sé si lo que aprenden los ingenieros de Festo con estos cacharros es de mucha utilidad en las máquinas «serias» que fabrica la empresa, pero de lo que no me cabe duda es de que se lo tienen que pasar como enanos.

(Motherboard vía Massimo y RT de Retiario).

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Por Nacho Palou — 23 de Diciembre de 2016

Todavía no se ha dado el caso de que un dron haya chocado contra un avión en vuelo (a pesar de los vídeos falsos que se han visto incluso en las noticias de televisión) aunque ya se cuentan por cientos los casos reportados en los que esto casi sucede. Un incidente de este tipo no sería nada bueno para el avión según los resultados de las simulaciones y pruebas llevadas a cabo por, entre otros, la universidad de Cranfield y el laboratorio CRASH de Virginia Tech,

Un multicóptero de 4 kg puede romper los álabes de un motor a reacción de 2,7 metros de diámetro en menos de un cuarto de segundo. Los restos del dron succionado por el motor de un avión en maniobra despegue pueden moverse a 1150 km/h por el interior de la turbina. Los álabes dañados crean a su vez más fragmentos que deforman la carcasa o carenado del motor, causando daños catastróficos.

Si bien un dron de 4 kg no es el tipo de dron más habitual, ni el que utilizan la mayoría de aficionados, la simulación con ese modelo tiene que ver con ponerse en el peor de los casos posibles. Ese tamaño de dron ya se utiliza en el servicio postal francés y para la entrega de paquetes, «y la misma simulación puede reproducir con drones de cualquier tamaño y peso», dicen en What Happens If A Drone Gets Sucked Into A Jet Engine?

El diseño actual de los motores prevé la rotura de uno o más álabes y trata de contener los daños en el interior del motor y minimizar sus consecuencias en la medida de lo posible; tanto en el motor como en otras partes del avión, como depósitos de combustible, controles, instrumentación o el fuselaje. En 1996 el vuelo 1288 de Delta sufrió un incidente de este tipo. Como consecuencia murieron dos pasajeros y otros cinco resultaron heridos al ser alcanzados por los álabes y otros restos del motor izquierdo de un MD-88. También son habituales las pruebas de choque de aves contra el fuselaje y los motores, pero no tanto pruebas con drones u otro objetos «sólidos».

En What Really Happens When a Drone Strikes an Airplane,

Dronecrashplane

Los drones están fabricados con materiales que son mucho más densos que los tejidos y músculos de las aves. Se sabe que cuando un motor engulle un pájaro los álabes trituran y esencialmente licúan al animal. Pero las simulaciones muestran la diferencia cuando se trata de un dron: «un dron es como una roca atravesando el motor.»

Para simular el impacto de un dron contra un avión investigadores de la universidad de Cranfield utilizan un cañón de aire comprimido que dispara objetos similares a los drones (en cuanto a tamaño, forma, densidad y peso) contra partes del fuselaje de un avión; según las pruebas es poco probable que un dron llegue a atravesar el parabrisas del avión, por ejemplo. Pero otras partes como el cono del radar sí pueden sufrir daños parecidos a los que causan las aves más grandes, daños significativos pero menos catastróficos que los que puede sufrir el motor.

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