Por @Alvy — 13 de Abril de 2018

Este montaje es un poco complicado pero bastante resultón. Consiste en utilizar un dron para poder «ver a través de las paredes», como si se tuviera visión de rayos X – guiándolo más intuitivamente. La fórmula son unas gafas HoloLens de realidad aumentada que reciben en tiempo real imágenes de la cámara de un dron que está al otro lado de la pared.

Es en cierto modo parecido a los sistemas FPV (vista en primera persona) pero mejor: las gafas controlan los movimientos del dron y los movimientos del dron se ven en la cámara. Circular pero efectivo.

El dron se controla con los gestos de las HoloLens. El software emplea un modelo 3D de la estancia que «sigue» los movimientos de la cabeza - y donde se añaden las imágenes procedentes del dron. En el vídeo de demostración se puede ver la realidad aumentada de las gafas, junto con un pequeño recuadro con la «escena real» desde arriba. El dron azul es la posición real de la cámara voladora; el gris el «objetivo» al que ha de llegar para tomar las fotografías. Con los gestos de las manos y clics se elige la nueva posición.

Los investigadores creen que puede ser una buena idea para controlar los drones a la hora de examinar lugares peligrosos o innaccesibles con una visión alternativa «desde dentro». Por lo general el control «exocéntrico» (visto «desde fuera») suele ser mejor, pero en los lugares cerrados esto no siempre es posible, así que esta alternativa podría más intuitiva y fácil de utilizar al proporcionar una imagen mejor y más general que la que puede dar una pequeña pantalla tradicional.

El trabajo completo sobre este tipo de visión y controles está publicado en IEEE Explore: Drone-Augmented Human Vision: Exocentric Control for Drones Exploring Hidden Areas.

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Por @Alvy — 8 de Abril de 2018

La gente de Aerones, una empresa letona dedicada a trabajos con drones profesionales que ya nos sorprendió con otras ocurrencias, se las ha ingeniado para crear un dron limpiador-descongelador. Al parecer cuando en los fríos parajes se congelan las palas de las turbinas al ponerlas en marcha puede ser peligroso y conviene descongelarlas. Es un poco como vivir en el futuro de Desatranques Jaen con drones voladores.

Como no hace falta que tengan demasiada movilidad los drones suben arrastrando un par de cables: uno para la electricidad y el otro para el agua. Pueden levantar hasta 200 kg y mantenerse en el aire todo lo que haga falta. El truco es que suban hasta las palas de las turbinas y mezclen allí el agua con los líquidos limpiadores repartidos en varios depósitos: de ese modo pueden disparar agua normal, agua caliente o líquido descongelante.

Como los drones, cables y líquidos no tienen que conectarse a la turbina ni a ningún edificio se puede llevar todo en un camión y funcionar de forma bastante autónoma: se traslada allí donde se necesita, se descongelan los aerogeneradoresx, se comprueba con la cámara de vídeo el resultado y arreando al siguiente. Una persona puede controlar el dron y completar el trabajo en mucho menos tiempo que el sistema actual y –según dicen– con todas las garantías.

(Vía The Verge.)

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Por @Wicho — 3 de Abril de 2018

Ruanda lleva desde octubre de 2016 usando drones de la empresa Zipline para hacer llegar sangre a buena parte de sus hospitales rurales, bajando los tiempos de entrega de horas a minutos, salvando unas cuantas vidas en el proceso. en total han volado más de 300.000 kilómetros para entregar 7.000 bolsas de plasma en algo más de 4.000 vuelos.

Los drones siguen una ruta preprogamada usando el GPS y cuando están a punto de llegar avisan por SMS al destinatario, que no tiene más que esperar fuera a que el dron deje caer en paracaídas el pedido antes de volver a base.

Con lo que han aprendido desde entonces Zipline ha diseñado una nueva versión de los drones que tiene una velocidad máxima de 128 kilómetros por hora y una velocidad de crucero de 101, un aumento de un 25 por ciento sobre los 80 kilómetros por hora de la versión anterior. Su autonomía es de 160 kilómetros con 1,75 kilos de carga.

Dron Zip v 2

Pero además, según el presidente de la compañía, son mucho más fáciles de preparar para el vuelo, con lo que un pedido puede ser despachado en un minuto en lugar de los diez que les llevaba antes, lo que a su vez contribuye a que una base de reparto que use los nuevos drones puede hacer diez veces más lanzamientos al día. También se han ocupado de que los nuevos drones sean mucho más fáciles de mantener.

Estos nuevos drones ya están volando en Ruanda y Zipline espera a llevarlos pronto también a Tanzania e incluso a los Estados Unidos, donde las zonas rurales se están encontrando con el problema de que cada vez cierran más clínicas. La idea sería poder enviar a los pacientes sus medicamentos sin que sean los pacientes los que tengan que hacer largos recorridos para recogerlos. Y es una idea que, sin duda, se podría aplicar en muchos otros sitios con poblaciones rurales con un acceso complicado a los centros de salud.

Implantar un sistema así, además, no es sólo una ventaja para los pacientes sino que también lo es de cara a reducir los gastos tras la inversión inicial: en Ruanda se han reducido en un 95% las mermas al no andar llevando bolsas de plasma a sitios en los que quizás terminen por no ser usadas.

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Por @Alvy — 2 de Abril de 2018

Para ser justos esta carrera de karts en la que un dron persigue a los coches es más bien una carrera amistosa. Más que nada porque si fuera una carrera equilibrada el artilugio volador se habría salido varias veces del circuito marcado. Sin duda objetivo era más bien obtener una buena filmación que ver quién era más rápido (obviamente, el dron).

Según cuenta Jab1a en su canal de YouTube el circuito era el RaceWorld Indoor Karting Exeter y todo el mundo «sabía a lo que iba», incluyendo que la cosa podía ser ligeramente peligrosa. Todos los corredores iban bien equipados y estaban avisados de antemano. Antes de empezar a grabar acordaron con los encargados del circuito y los corredores las zonas donde no se podía adelantar, las posibles escapatorias y demás.

El resultado es una película con una apropiada y marchosa banda sonora, en la que aunque algunas escenas están demasiado oscuras y un poco forzadas resulta en cualquier caso bastante espectacular.

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