Por @Alvy — 15 de Febrero de 2020

En la Universidad de Toronto un equipo de neurocientíficos está investigando cómo reconstruir imágenes visuales a partir de la actividad cerebral. En otras palabras, sería algo así como «ver lo que ven otras personas». Para ello utilizan el clásico gorrito-de-piscina-ridículo lleno de cables que realiza un electroencefalograma (EEG) al cerebro de una persona mientras está viendo rostros en una pantalla. Con esos datos se trabaja después en la reconstrucción de los rasgos faciales.

The Neural Dynamics of Facial Identity Processing: Insights from EEG-Based Pattern Analysis and Image Reconstruction / U of T

Es una tarea que desde luego no resulta fácil; en el proceso intentan mediante algoritmos de aprendizaje automático discernir los patrones correspondientes a lo que se detecta en el cerebro comparándolos con las imágenes de los rostros en cuestión.

Los investigadores creen que esto puede ser útil para tanto para entender cómo funciona en el cerebro la visión humana –y cómo distingue unas características de otras, por ejemplo rostros de objetos– como para que quienes no pueden moverse puedan comunicarse o usar un lenguaje de signos. Por el lado inquietante, también podría usarse para que las fuerzas del orden comprobaran la validez de los testimonios de testigos, que como sabemos no siempre son los más fiables del mundo.

Hay más detalles en el trabajo publicado en eNeuro: The Neural Dynamics of Facial Identity Processing: Insights from EEG-Based Pattern Analysis and Image Reconstruction.

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Por @Alvy — 9 de Febrero de 2020

Sony, patente US20190388785A1
– Me pregunto quién será…
– Parece que probablemente debería morir

Estos días ha estado circulando esta imagen con aspecto de diagrama de patente, atribuida a Sony, en la que alguien que está mirando a una persona en un televisor se pregunta «¿Quién será?» y un robot de juguete que está al lado contesta «Parece que probablemente debería morir».

Pues resulta que la imagen sí que es de Sony y que es real. Pero, ¡que no cunda el pánico! No es lo que parece ni se trata de la patente de Skynet.

Es caso de elección desafortunada de la imagen, o del texto, o de ambas cosas a la vez. La patente es la # US20190388785A1 titulada «Sistemas y métodos para proporcionar una salida audible basada en la sección de contenido que se presenta».

Aunque suene un poco raro –como todo en el idioma patentil– el invento al que se refiere la patente es este: mediante cámaras, por ejemplo en los ojos de un robot de juguete, se puede ver lo que sucede en el salón de casa. Cuando un algoritmo reconoce una escena conocida de un videojuego, de esas en las que quien está jugando se atasca y reintenta varias veces, el robot puede hacer de «asistente» y dar una pista sobre lo que se podría hacer a continuación. Se describe básicamente un asistente virtual que da ideas verbalmente en base a lo que está reconociendo a través de su sistema de reconocimiento visual.

Un invento interesante para rodearse de amigos a lo J.F. Sebastian, pero definitivamente nada del lado del Mal ni de Skynet.

(Vía jwz.)

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Por @Alvy — 4 de Febrero de 2020

Corría el año 1994 y Karl Sims, de la Thinking Machines Corporation, publicó un trabajo titulado Evolving Virtual Creatures [PDF]. En este vídeo del canal que lleva su nombre se puede disfrutar –con calidad muy de programa Metrópolis grabado en VHS– de cómo eran aquellos curiosos bichos matemáticos que evolucionaban en un mundo virtual. Supusieron todo un avance en la forma de entender cómo funcionaba todo esto, especialmente por lo atractivo de la visualización y con el mérito de hacerlo con la tecnología existente en aquella época.

En el vídeo se pueden ver criaturas bastante simples, formadas por bloques, en un sencillo mundo 3D que recuerda un poco a los escenarios de Tron. La simulación se realizaba con un superordenador como el CM-5 (Connection Machine), uno de los icónicos equipos con forma de cubo de la compañía. Las criaturas evolucionan de forma darwinista: pueden realizar tareas y moverse por tierra o agua; también se copian y combinan. Las que sobreviven mutan cuando se cambian algunas de sus instrucciones: si son mejores que sus antecesores, tienen un futuro.

En las simulaciones hay criaturas que tienen que realizar tareas como caminar, nadar, saltar, reptar, perseguirse o luchar para controlar un cubo verde. En algunos casos hay estímulos externos como una luz roja que deben seguir. En el trabajo es interesante ver cómo funcionan la idea de un «genotipo virtual» que da lugar a la morfología de los bichos y cómo se aplican las reglas evolutivas según unas probabilidades de supervivencia, tamaños de población y demás. Todo un documento histórico.

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Por @Wicho — 24 de Enero de 2020

Viviendo en el futuro por Enrique Dans

Viviendo en el futuro: Claves sobre cómo la tecnología está cambiando nuestro mundo. Enrique Dans. Deusto, 2019.

Hace diez años Enrique afirmaba en su primer libro que Todo va a cambiar. Pero en Viviendo en el futuro su argumento es que el futuro ya está aquí. Aunque el argumento principal del libro igual no es el que cabría pensar de alguien tan pegado a la tecnología como él.

Y es que aunque en efecto en los capítulos centrales del libro habla de como los avances tecnológicos están poniendo patas arriba todo, empezando por nuestras casas y terminando por la política pero pasando por la salud, las finanzas, la educación o la forma en la que entendemos el trabajo, por citar algunos ejemplos, ese no es el mensaje principal del libro.

De hecho Enrique dice que todo esto en realidad importa poco porque a causa de la emergencia climática quizás a nuestra civilización le quede muy poco tiempo. Argumenta, gracias a la tecnología la especie humana ha sido capaz de provocar drásticas modificaciones en su entorno y

[…] esas modificaciones en el entorno y ese ecosistema de continua competencia nos ha abocado a un escenario insostenible, que amenaza con provocar en muy poco tiempo el fin de la civilización humana […] el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir, pero en este momento lo más complicado es asegurar que realmente podemos disfrutar de un futuro. Y a este dilema deben dirigirse todas nuestras prioridades.

He de decir que aunque lo menciona en la introducción Enrique a veces parece olvidar que él vive del lado bueno de la brecha digital. Y no sólo eso sino que a menudo va muy por delante incluso de quienes nos consideramos unos apasionados por la tecnología. Así que tengo mis reservas acerca de esa afirmación de que «el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir». Porque no puedo olvidar que ya no en países del tercer mundo o en países en desarrollo sino en el nuestro –y especialmente en nuestra provincia– aún hay una parte no desdeñable de la población que no tiene acceso en condiciones a Internet. De hecho según datos de la Secretaría de Estado para el Avance Digital en 2019 había unos 13 millones de personas en España «que no disponen de cobertura de redes de banda ancha de nueva generación, ni previsiones para su dotación por algún operador en el plazo de 3 años, en base a planes de inversión creíbles».

Y es que como lleva años diciendo William Gibson «el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido».

Tengo también mis reservas respecto a algunas de las afirmaciones que hace en las que creo que peca de un excesivo optimismo tecnológico como por ejemplo cuando dice que dispositivos de distintos fabricantes se podrán integrar en arquitecturas en las que compartirán datos de tal forma que los algoritmos podrán monitorizar nuestra salud con un nivel de detalle impensable hasta ahora; la experiencia por ahora es más bien la contraria.

Pero en cualquier caso el libro está lleno de referencias en línea que seguir para obtener más información acerca de lo que dice Enrique y que cada uno nos formemos nuestra propia opinión. Que para eso leemos, ¿no? Precisamente por la gran cantidad de referencias recomiendo comprarlo en digital, por cierto.

Y me encanta esta reflexión que hace, que como sociedad deberíamos tener muy en cuenta:

De hecho, los problemas actuales de las sociedades humanas no se derivan del desarrollo de la tecnología ni de los tecnólogos, que en general están haciendo su trabajo de manera muy eficiente, sino de la escasez, cuando no ausencia, de personas de otras ramas, tales como filósofos, educadores, historiadores o, en general, profesionales de las Humanidades capaces de añadir a esos procesos de adopción sensibilidades y elementos no precisamente tecnológicos, sino de otros tipos, planteados en muchas ocasiones desde perspectivas humanísticas.

Si sobrevivimos el tiempo suficiente, claro.

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