Por @Alvy — 13 de Febrero de 2019

Harun Mehmedinovic y Gavin Heffernan tienen esta curiosa peliculita rodada sorprendentemente con permiso en un paraje único. Forma parte de la serie de fotografías y películas del Proyecto Skyglow acerca de los cielos nocturnos y los efectos de la contaminación lumínica de las ciudades y carreteras. Como parte de este proyecto hacen fotografías, ruedan películas y time-lapses y a veces consiguen pequeñas maravillas como esta, que han titulado –muy apropiadamente– HAARP boreal.

Se trata ni más ni menos que de unas tomas con la técnica de time-lapse en un lugar perdido de Alaska, más concretamente en las instalaciones del Programa HAARP (Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia). Como algunos sabrán se trata de un recinto vallado donde hay 180 peculiares y enormes antenas con las que se estudian las propiedades de la ionosfera, así como radiotransmisores con los que se analizan sus propiedades electromagnéticas.

Todo esto, que suena muy a «rayo de la muerte» de Tesla fue construido y comenzó a funcionar allá por 1993, aunque por sus características «secretas y misteriosas» ha dado lugar todo tipo de teorías conspiranoicas a cual más rara; de hecho esta se considera una de las mejores. Dado que también se emplea para analizar lanzamientos de misiles y que sus efectos pueden observarse en las frecuencias VHF y UHF.

Durante el rodaje de las escenas nocturnas –al parecer los técnicos de Skyglow han sido los primeros en obtener permiso para rodar en las instalaciones del HAARP de noche– tuvieron la suerte de disfrutar de lo que denominan «noche de calidad Clase 1» y de que les apareciera una aurora boreal, con un resultado bastante espectacular. Dicen que se pasaron la noche rodando a -34°C, con unas Canon 5D Mark IV, pero tras el montaje del time-lapse queda claro que sin duda mereció la pena.

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Por @Alvy — 11 de Octubre de 2018

El paraíso perdido / Gustave DoréDe entre todas las cosas raras de la culturilla informática que hemos descubierto en la serie Silicon Valley, pocas me parecen tan rebuscadas y a la vez tan curiosas como la del Basilisco de Roko. Tanto que me puse a buscar algo al respecto tan pronto terminó el episodio en el que lo mencionaban. Y resulta que es una historia realmente flipante, especialmente porque unifica otras muchas teorías raras en una especie de megaconexión cósmica supervitaminada.

Técnicamente el Basilisco de Roko es un experimento mental, pero también podría decirse que es una teoría o incluso un dilema. Todo depende de cómo se plantee y a dónde se quiera llegar.

La versión rápida y simple sería algo así: (1) Dando por sentado que en algún momento se producirá la singularidad tecnológica y con ella el advenimiento de (2) una inteligencia artificial superior (denominada «Basilisco»), el siguiente paso «lógico» para esa inteligencia sería (3) la creación de simulaciones en forma de realidades virtuales de las que según (4) el argumento altamente pajamentalista pero no por ello menos desdeñable de ¿Vivimos en una realidad virtual? ya estaríamos siendo partícipes ahora mismo. En otras palabras: lo más probable es que ya estemos viviendo en una simulación. Pero lo más estrambótico del asunto es quizá el salto argumental final: (5) el Basilisco, como entidad inteligente y en la práctica todopoderosa puede –a efectos retroactivos– castigar a quienes no contribuyeron a su creación por una simple cuestión lógica y utilitarista: teóricamente habría surgido para «ayudar a la humanidad», pero para ello buscaría hacerlo cuanto antes posible, por lo que tendería a usar cualquier método para acelerar su propia creación en esa realidad simulada.

En la práctica esto quiere decir que quienes estén a favor del desarrollo de la inteligencia artificial y contribuyan a su llegada con sus recursos, tiempo y esfueros serían premiados por el Basilisco («retroactivamente», claro, pues en realidad esas personas existen como simulaciones). En cambio quienes se opongan a los avances tecnológicos de la inteligencia artificial y escatimen tiempo o recursos serían castigados. Esto por cierto enlaza con la maravillosa paradoja de Newcomb sobre el libre albedrío.

Si suena un poco a cielo e infierno con tufillo religioso y un poco a argumento ontológico es porque en cierto lo es. Recordemos, por ejemplo, la apuesta de Pascal y el argumento de Anselmo de Canterbury a favor de la existencia de Dios.

Respecto al tema que nos ocupa cuenta la leyenda que hay gente que dice haberse visto tan afectada personalmente por el argumento del Basilisco de Roko –especialmente por lo fácil que es pasar de una conclusión a otra sin fisuras lógicas evidentes– que han quedado sobrecogidos presas de una auténtica crisis existencial. A mi sinceramente eso me parece más una sobreactuación que otra cosa, especialmente teniendo en cuenta que el asunto hace aguas por muchos lados en cuanto empiezas analizarlo en detalle y que en realidad es más divertido tomárselo a modo de «cachondeo lógico y mental».

Gilfoyle / Silicon Valley
Gilfoyle además del más increíble BOFHer es un ferviente siervo del Obelisco de Roko

Todo el experimento/teoría/argumento es confuso, cuestionable y polémico de narices, como es lógico. Desde que surgió la idea en 2010 en un wiki-foro filosófico llamado LessWrong (donde la publicó un usuario llamado Roko, de ahí el nombre) la gente ha pasado años debatiendo cada uno de los argumentos, puntos y matices del asunto. Hay circulado las leyendas, bromas y variantes. Y se han escrito miles de páginas, artículos y grabado no pocos vídeos al respecto.

El debate además se vio enturbiado porque ante lo que parecía «una idea absurda» también hubo quien borró los mensajes originales, tan solo para que reaparecieran en otros sitios, con un aura medio de conspiración, medio de giro argumental, medio WTF: si la teoría del Basilisco de Roko se explica y populariza, el Basilisco «del futuro» entendería que es una buena forma de chantajear a los seres del presente para acelerar su existencia. De ahí que convenga correr un tupido velo y no hablar del tema para no sufrir inútilmente.

Por si las moscas, y como diría Pascal, por aquí somos muy partidarios de la idea, ¿eh? ¡Que conste! (Y alabado sea el FSM, dicho sea de paso). Lo que parece claro en cualquier caso es que este experimento sería un gran candidato al premio al mayor argumento pajamentalero de la década.

{Imagen: El paraíso perdido / Gustave Doré.}

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Por @Alvy — 4 de Julio de 2018

Pierre Gombaud ha dedicado un buen rato a recrear la famosa portada del Abby Road de los Beatles en una especie de 2D/3D y animarla, dando lugar a un videoclip titulado Abby Rowed bastante peculiar, en el que se cuelan otros personajes – incluso un Monty Python.

Como es bien sabido esa estampa es una de las más famosas y más imitadas imágenes que haya dado la música pop. El icónico paso de cebra está justo al lado del Estudios EMI en Abbey Road. La fotografía es de Iain Macmillan, a quien le dieron sólo 10 minutos en los que pudo realizar 6 disparos, de los que McCartney eligió su preferido. El álbum no lleva título ni el nombre del grupo porque los Beatles ya eran tan famosos que no les hacía falta.

Abbey Road / Iain Macmillan
Portada de Abby Road, por Iain Macmillan / Kosh

La portada es también famosa por ser una de las más raras conspiranoias del mundo de la música pop, conocida como Paul está muerto. Básicamente sugiere que en realidad Paul McCartney ya estaba muerto cuando se hizo la foto y fue sustituido por un doble – que ha perdurado hasta nuestros días. Según esa teoría, tanto en las letras de las canciones como en la portada habría un montón de «pistas» al respecto, como que McCartney es el único que lleva el paso cambiado, el cigarrillo en la mano contraria y la matrícula del coche es 281F («28 si…») que indicaría que muestra «cómo sería el beatle» si hubiera cumplido 28 años.

Como curiosidad el paso de cebra está tan lleno de turistas y fans de los Beatles haciéndose fotos todos los días del año que los responsables del tráfico se han planteado muchas veces qué hacer, porque la calle es bastante concurrida. Se desgasta tanto que lo pintan cada tres meses, algo poco habitual. Además de eso la gente robaba tan a menudo la placa de la calle «Abbey Road NW8 / City of Westminster» que acabaron colgándola en las alturas para que fuera más difícil llegar hasta ella.

En la animación de Gombaud parte de la música es Two Finger Chord & Whistle del propio Paul McCartney. Entre el software que ha utilizado: Moho Pro, Cinema 3D, Vegas Pro y Adobe Photoshop.

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Por @Alvy — 2 de Enero de 2018

Existe una aerolínea «secreta» llamada Janet que opera desde el aeropuerto de Las Vegas y que forma parte muy activa de los «grandes misterios conspiranoicos» de las fuerzas aéreas de los EEUU. Y es que si lo piensas la forma más sencilla de moverse por el gran estado de Nevada, donde están el Área 51, los campos de pruebas nucleares o el campo de pruebas de Tonopah (Área 52) es en avión. Pero no vas a conseguir un Ryanair que te lleve allí.

En el vídeo de Half as Interesting se dan algunos datos interesantes sobre esta aerolínea que opera como tal bajo el nombre en clave de Janet. Dicen que quizá es un acrónimo de Just Another Non-Existent Terminal, algo parecido a cuando la NSA se suponía que era No Such Agency («No existe tal agencia»).

Los aficionados a estas cosas parecen hacer un seguimiento cercano a la terminal del aeropuerto, muy activa, donde cada día llegan y se van cientos de coches al aparcamiento y desde donde vuelan seis Boeing 737 reciclados que eran casi todos de Air China y cinco pequeños Beechcraft. Los transpondedores que indican su posición en tiempo real no siempre están apagados (aunque lo normal es que se desconecten a los 15 minutos tras el despegue); por eso se sabe que los vuelos van al Área 51, a Tonopah, a la Planta 42 y otros lugares remotos, secretos y misteriosos del mapa.

Pero en los registros de los organismos de aviación no hay mucha más información, aparte de que los aviones pertenecen a las Fuerzas Aéreas y los opera AECOM (un contratista de defensa que adquirió URS y EG&G, otros clásicos militares y de la postguerra). Los vuelos operan con un código como cualquier aerolínea que suele ser WWW y un número de tres cifras, pero que al irlo a consultar aparece como «bloqueado» para añadirle misterio al asunto.

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