Por @Alvy — 21 de Febrero de 2021

Cuidado que aquí viene Sabine Hossenfelder repartiendo estopa a diestro y siniestro. En el vídeo habla de la hipótesis del universo como simulación, una de nuestras favoritas entre las cosmologías extravagantes, que viene a decir –resumo rápido y seguramente mal– que esto es como Matrix y vivimos en un universo simulado, creado por «algo/alguien de un nivel superior». Aunque suene raro tiene su punto –en parte un poco no falsable, pero no tanto– e incluso algunos científicos le estiman una posibilidad de ser correcta del 50%-50%. Pero en el vídeo recibe la ira argumentativa de Hossenfelder sin piedad alguna. Nuestra física-teórica-divulgadora-youtuber favorita lo tacha directamente pseudociencia, así, sin paños calientes.

Hossenfelder dice que creer en este argumento es comparable a la fe en la religión: si se acepta tal y como se planteó originalmente supone «creerse» que en ese tipo de simulación toda la física que gobierna el universo y que bien conocemos y medimos con experimentos responde a un «algoritmo superior» y no a algo «natural». Naturalmente, sin prueba alguna ni explicación detallada del «cómo funciona».

Otro detalle problemático del argumento original de la simulación, planteado por el filósofo Nick Bostrom en 2003, es que en cierto modo ese universo-algoritmo debería comprimir la información, es decir, que la simulación sólo podría funcionar en una zona cuando hay «consciencias observando» , para lo cual se suele recurrir al truco de «si no hay nadie mirando, da igual lo que suceda en un lugar muy lejano, simplemente no hay que simularlo con detalle». (Pero tampoco explica cómo funcionaría esto.)

Curiosamente la cuestión no tiene nada que ver con la consciencia –que para el caso da igual si está hecha de neuronas o transistores– sino con la precisión de las simulaciones, que ni siquiera a pequeña escala podemos realizar sin que pequeños cambios incalculables afecten a la escena global (el ejemplo típico es el clima), por no hablar de la relatividad general. Tampoco se habla mucho de otro de los problemas obvios: si el algoritmo de simulación es real entonces los «seres superiores» que crearon el algoritmo también podrían ser simulados y estar corriendo en un algoritmo superior, y así tortugas encima de tortugas encima de… etcétera.

Me ha parecido interesante su punto de vista, aunque esperaba un argumento más contundente, la verdad. Por ejemplo, cuando se pregunta cómo sería posible que el universo funcionara como un código en el que «cuando alguien mira suceden unas cosas, y si no mira nadie entonces no hace falta calcular los resultados con precisión» me ha sonado muy al fenómeno de la observación en mecánica cuántica, donde da la impresión –al menos en algunas interpretaciones– de que «nada se calcula hasta que alguien mira». Pero bueno, yo no soy físico, sino un mero nerd. Y, como sabiamente dice al principio «todo esto de la simulación está muy bien para entretener a los nerds» y para un rato de desahogo, desvarío y pajamentalismo, aunque a partir de cierto punto no de para más.

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Por @Alvy — 10 de Enero de 2020

Foto (CC) Richard Feynman, California Institute of Technology (1959) @ Wikimedia

Estoy repasando en YouTube las míticas siete conferencias que impartió el no menos legendario, divertido y siempre didáctico Richard Feynman en 1964 en la Universidad de Cornell, tituladas The Character of Physical Law.

Entre las muchas perlas, anécdotas y risas del que apodaban El gran explicador, me quedo de momento con esta que quizá lo más WTF que se puede encontrar un físico que estudia el Universo en toda su grandeza y la física cuántica en todo su infinitesimal detalle. Un 42. O más bien dos. No era la primera curiosidad numérica con la que Feynman se encontraba.

En la conferencia el buen hombre está hablando sobre la similitud y las diferencias de magnitud entre la gravedad y la repulsión/atracción eléctrica. En un momento dado [hacia 47:32 en el primer vídeo] divaga acerca al estilo ¿y por qué? del origen de ciertas constantes de las fórmulas de las leyes físicas que conocemos. Lo gracioso es cómo le aparece, casi de la nada, el número 42 no una, sino dos veces; en concreto un número enormemente grande de 42 dígitos (o con 42 ceros, depende de cómo se mire):

La naturaleza produce sus propios «números puros» que no tienen nada que ver con las pulgadas o los años o nuestras propias dimensiones. Se puede ver con un ejemplo. Si tomamos las dos partículas fundamentales, por ejemplo dos electrones, sabemos que se repelen según el inverso del cuadrado la distancia debido a la fuerza de repulsión eléctrica, y que se atraen según el inverso del cuadrado de la distancia debido a la gravitación; el valor exacto dependerá de en qué unidades se mida. Pero una cuestión más interesante sería: ¿cuál es la proporción entre la fuerza de la gravedad y la fuerza eléctrica?

Resulta que es un número seguido de unos 42 ceros (~4,17 × 1042). Esto para mí es una especie de misterio profundo: ¿de dónde proviene un número tan tremendamente grande? Si acaso alguna vez se encuentra una teoría que explique ambas cosas a la vez (la física de lo subatómico y de lo enormemente grande), ¿cómo podría eso dar soluciones para los dos tipos de fuerzas, una de atracción y otra repulsión, con esa fantástica desproporción?

La gente ha buscado una proporción similar en otros sitios, intentando encontrar un número tan enorme, por ejemplo, comparando el diámetro del universo y el diámetro de un protón. Sorprendentemente, eso también es un número con 42 dígitos.

Así que se podría hacer una propuesta interesante: que la proporción entre las fuerzas de la gravedad y de la repulsión eléctrica es la misma que la proporción del tamaño del universo al diámetro de un protón… Pero sabemos que el universo se está expandiendo con el paso del tiempo y eso significaría que la constante gravitatoria también está cambiando con el tiempo. Aunque es una posibilidad, no hay evidencias que indiquen que esto es un hecho cierto, y por otro lado parece que la constante gravitatoria no ha cambiado de esa manera, así que ese tremendo número con 42 ceros sigue siendo un misterio.

Esa proporción entre la fuerza eléctrica y la fuerza de la gravedad parece relativamente fácil de calcular si se va con cuidado, aunque según los sitios la he visto como 4,1×1042 o bien 1,24×1036 o incluso 2,27×1039. Supongo que el valor correcto será el primero que es el que apuntón Feynman en su curso; Wolfram Alpha lo medio-confirma con diámetro del universo / diámetro del electrón = 3,1×1041 (que son 42 dígitos).

Ahora bien, conspiraciones cósmicas y cachondeo aparte: el número no sé cómo es de preciso. En algunos de estos ejemplos no queda del todo claro qué partículas son las que se usan, y además sabemos que los quarks son unas 2.000 veces más pequeños que los protones (lo cual añadiría otros ~3 ceros si comparamos «lo más pequeño» con «lo más grande»). Incluso no estoy seguro de cuál era el valor estimado del diámetro del Universo observable allá por 1964 (a día de hoy: 93 millones de años luz).

Es más: obviamente el 42, o los 42 «órdenes de magnitud», no tiene por qué indicar nada en especial: es 42 porque los seres humanos usamos la base 10 debido a que tenemos diez dedos en las manos. Si los marcianos usaran base 8 porque tuvieran 4 dedos en cada mano e hicieran el cálculo obtendrían el mismo número («conceptual») porque la proporción seguiría siendo 42, pero lo llamarían 52 en octal (o quizá §¥ con sus símbolos marcianos).

Bonus: ¿Podría haber usado Douglas Adams el profundo misterio del 42 para inspirarse en el 42 como la La respuesta a la Vida, el Universo, y Todo lo Demás? La charla de Feynman fue en 1964; la comedia y el libro surgieron a partir de 1978 así que podría encajar. Pero el propio Adams lo desmintió:

Era una broma. Tenía que ser un número, un número normal, tirando a pequeño, y escogí ese. Las representaciones binarias, la base 13, y los monjes tibetanos son completas tonterías. Me senté a mi mesa, miré al jardín y pensé «el 42 servirá».

Anotaciones relacionadas:

Y sus perlas de sabiduría:

{Foto (CC) Richard Feynman, California Institute of Technology (1959) @ Wikimedia}

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Por @Alvy — 29 de Noviembre de 2019

El destino ha querido que los hombres que fueron a la Luna a explorar en paz se queden en la Luna para descansar en paz. Estos valientes hombres, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza para su rescate. Pero también saben que hay esperanza para la humanidad gracias a su sacrificio.

Es sabido que la NASA y el presidente Nixon tenían preparado un protocolo actuación en caso de que la misión del Apolo 11 hubiera fallado. Podría haber sucedido que Armstrong y Aldrin no hubieran podido despegar de la Luna tras el exitoso alunizaje, lo que haría de la misión un terrible fracaso. De hecho hay quien calculaba en un un 50/50 las posibilidades de éxito.

In Event of Moon Disaster es un curioso proyecto medio artístico medio tecnológico que utiliza el texto de ese famoso discurso «En caso de desastre en la Luna» junto con voz e imágenes deepfake del Presidente Nixon. Todo presentado en forma de vídeo conspiranoico del que puede verse de momento el tráiler y una parte del discurso en sí.

La parte «artística» del asunto estará en el Festival de Cine de Amsterdam y para final de curso 2020 Francesca Panetta, Halsey Burgund y su equipo esperan tenerlo terminado.

Ya hace tiempo que hemos sido bienvenidos al mundo en que se puede hacer que cualquiera diga lo que se quiera.

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Por @Alvy — 1 de Septiembre de 2019

Scotty Manley grabó este estupendo vídeo con unas cuantas explicaciones acerca de la fotografía que publicó el presidente de los Estados Unidos en Twitter sobre un incidente en una instalación de lanzamiento de cohetes iraní (Semnan) con un cohete lanzador Safir SLV y que sorprendió a todos en parte por la tecnología que dejaba entrever, en parte porque podrían ser considera una «imagen sensible y reveladora» acerca de cómo son y cómo se utilizan los satélites espía de Estados Unidos.

De esa simple foto, cómo está tomada, su resolución, ángulo y otros detalles explica todo esto:

  • La foto en sí está tomada de una pantalla con un teléfono móvil; se puede ver el reflejo en el centro y en algunas zonas está torcida (letrero de arriba a la izquierda
  • La foto tiene una zona en negro (arriba a la izquierda) editada posteriormente, probablemente para eliminar información confidencial; se sabe porque ese rectángulo no está «torcido». Así que no está simplemente robada sin que nadie la haya revisado, fue tomada a propósito y luego filtrada/editada para eliminar no que no debía publicarse.
  • La resolución de la foto es mejor que la de otros satélites que también han tomado de la zona; se calcula que más o menos de 10 centímetros por píxel. Es casi el límite óptico tratándose de un satélite.
  • Por la geometría y sombras se sabe a qué hora del día está tomada exactamente la foto y desde qué ángulo preciso: 46 grados.
  • Combinando lo anterior con una base de datos de satélites pública que mantienen los astrónomos aficionados se puede buscar el día, hora y posición y deducir que está tomada con el USA-224 / NROL-49, un satélite de tipo KH-11. Es una hermosa bestia bastante grande y parecida al Hubble –un gigantesco tubo cilíndrico– solo que apunta hacia la Tierra con un espejo de unos 2,4 metros de diámetro. Se lanzó en 2011 y tiene una órbita elíptica que lo sitúa entre 1.000 km en el punto más lejano y 290 km en el más cercano.

A mi personalmente no deja de asombrarse cuánta información se puede obtener del análisis de una simple fotografía; es una buena demostración de que aparte de las historias políticas y militares la tecnología resulta a veces muy reveladora.

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