Por @Alvy — 6 de Febrero de 2017

Foto: Dong Kim en el Rivers Casino / Carnegie Mellon University
El jugador de póker profesional Dong Kim se enfrenta en el Casino Rivers de Pittsburgh –a través de la pantalla– con Libratus, la inteligencia artificial que resultó victoriosa en el reto Brains vs. AI

Libratus se ha enfrentado a un grupo de tipos que se ganan la vida consiguiendo engañar a sus rivales. Al principio su algoritmo no entendería lo que estaba pasando. ¿Faroles? ¿Qué es eso? Pero en cuanto lo entendió, manejó el engaño mejor que sus consumados rivales (…)

¿Qué sucedería si las máquinas empezaran a mentir? Podrían ser mentirijillas. El móvil al 80% que anuncia que su batería está baja para asegurar el suministro de electricidad cuando sea conectado al cargador o el coche cuyo ordenador anuncia averías inexistentes porque sabe que el frecuente paso por el taller alargará su vida… O grandes trolas, llegando a hacer realidad el argumento clásico de la ciencia ficción del ordenador que miente y mata (Hal en Odisea 2001 o Skynet en Terminator) para no ser desconectado (…)

Me pareció curiosa esta reflexión titulada A mentir no nos gana nadie... excepto Libratus (de Jorge Marirrodriga) sobre todo porque dediqué tiempo la semana pasada a preparar un artículo sobre ese software, Libratus: El día en que la inteligencia artificial ganó a los profesionales del póker (también publicado en El País).

La historia del reto Cerebros vs. IA, como lo llamaron a la competición, me pareció bastante interesante, porque era la primera vez que un algoritmo vencía al póker «sin límite de Texas» (Texas Hold’em) en modalidad uno‑contra‑uno. En total cuatro profesionales del Hold’em y Libratus jugaron 120.000 rondas de póker durante 20 días. De los 2 millones de dólares (virtuales) el software del departamento de informática de la Carnegie Mellon acabó llevándose 1,7 millones; como aliciente se repartían 200.000 dólares «reales» según la clasificación final. Previamente calcularon que una victoria de esa magnitid permitiría afirmar con una certeza del 99,7 por ciento que el resultado no se habría debido al puro azar.

Aunque naturalmente el programa domina perfectamente las reglas y los cálculos probabilísiticos aplicables a cada situación, también es cierto que «aprendió a engañar», y no porque se lo enseñaran expresamente: la idea de «tirarse un farol» surgió como parte del entrenamiento que hizo jugando consigo mismo para encontrar una estrategia óptima; una vez comprobada su efectividad también descubrió que debía tener en cuenta que otros jugadores usarían ese mismo recurso del juego – así que aprendió a protegerse cautamente de los faroles de los contrincantes.

El resultado es un algoritmo que –aunque necesita un supercomputadora entre bambalinas a día de hoy– afina de forma mucho más precisa y exacta que un humano la delgada línea entre apostar sobre seguro y pretenderlo; entre acobardarse y denegar un envite a sabiendas de que sus probabilidades son peores. Algo que, como dicen sus creadores, tiene múltiples aplicaciones más allá de los aparentemente sencillos juegos de naipes.

{Foto: Universidad Carnegie Mellon}

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Por @Wicho — 2 de Enero de 2017

Típica cola para comprar lotería en Doña Manolita
Típica cola para comprar lotería en Doña Manolita – CC Barcex

El pasado 22 de diciembre, aprovechando que coincidía con el día del Sorteo de Navidad, estuve hablando de lotería en el espacio que tenemos en Hoy por hoy A Coruña para hablar de ciencia; como esta semana es el sorteo del Niño rescato aquí esa intervención:

O si prefieres la versión escrita:

  • Tanto en el sorteo de Navidad como en el del Niño la probabilidad de que te toque el primer premio es de 1 entre 100.000 si sólo juegas un número; si juegas dos números es de 2 entre 100.000, y así sucesivamente. Jugar más décimos de un número no hace que aumenten tus probabilidades de que te toque, aunque eso sí, cualquier premio que te toque será más sustancioso.
  • No hay números feos ni bonitos –más allá de en los ojos de cada jugador– y todos tienen las mismas probabilidades de ser premiados.
  • Cada sorteo, además, hace tabla rasa de los anteriores, así que no por siempre jugar al mismo número tienes más probabilidades de que te toque (es la falacia del jugador); la chica que en el Telediario de hoy decía que como el Gordo del sorteo de Navidad había caído en 13 había menos probabilidades de que el primer premio de la del Niño caiga en 13 está completamente equivocada. La faena en este caso, de hecho, es si dejas de comprar y entonces toca en ese número al que has dejado de jugar. Por eso es casi mejor jugar un número al azar.
  • Ojo con los titulares que dicen cosas como que en Madrid y Cataluña es dónde más premios caen: también es donde más se juega; pasa un poco lo mismo con Doña Manolita y la Bruja de Oro: hay tanta gente que les compra que es normal que den más premios, pero no porque «repartan suerte».
    Hay que ver si eso se corresponde con donde más se juega por cabeza, que este año en el caso del sorteo de navidad fue en Soria y Lleida, y en el caso de las administraciones de lotería habría que ver cuantos euros en premios han dado por cada euro vendido, por ejemplo.

Todo esto no quita para que puedas comprar con toda la ilusión del mundo y participar en el ambientillo que rodea al sorteo. Además los dos sorteos destinan el 70% de lo recaudado a premios, lo que es el porcentaje más alto en España y probablemente del resto del mundo.

Yo, desde luego, siempre compro un décimo de la del trabajo por si acaso. Hasta lo puedes ver como una inversión para ahorrarte un disgusto, casi como cuando pagas un seguro para tu casa aunque esperas no tener que usarlo nunca.

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Por @Alvy — 18 de Noviembre de 2016

00042 by Alvy @ Flickr https://www.flickr.com/photos/alvy/2038204662/

Si piensas que gastas 20 euros en ahorrarte el disgusto que supondría que, no habiendo comprando el boleto, saliera el número premiado y todos tus compañeros se hicieran ricos menos tú, es posible que compense.

– Florin Diacu
Catedrático de Matemáticas
Universidad de Victoria (Canadá)

¡Navidad, Navidad! Llega la época del sorteo más esperado del año. La frase destacada en esta ocasión va para uno de los más breves análisis que se puede hacer sobre la cuestión de si jugar a la lotería sí, jugar la lotería no.

El título del artículo completo da otra pista: «Soy matemático, y esta es la razón por la que no juego a la lotería» (El País).

Recuérdese: utilidad económica es una medida de la satisfacción.

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Por @Alvy — 24 de Octubre de 2016

Esta charla de Elie Bursztein en la Defcon 2016 muestra el funcionamiento con todo detalle de un curioso conjunto de dispositivos que él y un multidisciplinar grupo de hackers logró encontrar en el mercado negro. Se sabía su existencia, medio leyenda, medio real, desde hace unos cuantos años, pero tras arriesgar un buen dinero consiguieron obtener uno desde China: un teléfono móvil capaz de «adivinar» las cartas que se van a repartir en una mesa de póker (u otros juegos) con solo dejarlo encima de la mesa.


Warning! Naturalmente todo lo que sigue son trampas y es probablemente tanto ilegal (si juegas por dinero) como inmoral (si lo usas con los amigos), así que niños, estudiad esto solo con fines educativos y auto-protección, no para hacer ninguna pirula. Avisados estáis.


Una técnica ingeniosa y sorprendente

Para empezar: es difícil adivinar cómo funciona el «truco» tan solo viendo el vídeo. [La demostración empieza en 04:10.] Puedes dedicar un rato a elucubrar cómo el móvil es capaz de «adivinar» y nombrar en voz alta las cartas después de cada mezcla, especialmente teniendo en cuenta que no hay manipulación al estilo de los magos ni nada parecido. Lo que se ve es lo que hay.

El secreto es algo más complejo: una combinación de una cámara oculta en el teléfono móvil y cartas marcadas.

Seguir leyendo: «Un dispositivo que «adivina» los naipes de una baraja antes de que se repartan en la mesa de juego»

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