Por @Alvy — 20 de Enero de 2017

Puede parecer peligroso. Pero estadísticamente es más peligroso ir a trabajar en coche.

Este precioso mini-documental de Great Big Story tiene unas imágenes preciosas a vistas de dron: las de los campos de aerogeneradores y la gente que trabaja en las labores de mantenimiento y reparación de las gigantescas turbinas eólicas y sus hélices. Algo así como ser los mejores amigos microscópicos de los gigantes de los campos, pero en versión siglo XXI.

Jessica Kilroy es una de estas técnicas y narra su experiencia cotidiana: subir hasta 100 o 150 metros de altura por una pequeña escalera, echar un vistazo a las asombrosas vistas y arreglárselas para reparar lo que esté estropeado: a veces mediante lija, reemplazando piezas o simplemente haciendo el mantenimiento rutinario. Las averías típicas incluyen hélices y palas rotas debido a los vientos (aunque suelen funcionar con vientos de 30 o 40 km/h a veces llegan a duplicar esa velocidad). Los aerogeneradores suelen ser también las estructuras más altas de las zonas campestres en que están instalados, de ahí que mirar desde las alturas suela ser lo más espectacular imaginable.

Dice Kilroy que para ella es toda una experiencia poder dedicarse a algo que no solo le gusta –otra de sus pasiones es la escalada– sino que además se siente especialmente útil al contribuir en un negocio de energías limpias para cuidar el planeta. El dato es que en Estados Unidos hay 4.400 técnicos en trabajos de este tipo, cifra que se duplicará en los próximos diez años.

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Por @Alvy — 18 de Enero de 2017

Frank Kovac decidió construirse un planetario a base de perseverancia e ingenuidad:, de modo que pasó 10 años fabricando una cúpula y pintando 5.000 estrellas en ella con pintura fosforescente («¡brilla en la oscuridad!»)– además de un ingenioso mecanismo para que se moviera como hacen las estrellas reales. Lo de haber pintado las estrellas a mano subido a andamios cual Miguel Ángel en la Capilla Sixtina tiene su mérito.

Muchas de las piezas son de madera, pero la estructura completa pesa unos 1.700 kilos. Hay un motor de 0,5 CV para hacer girar los engranajes – algo un poco diferente de como funcionan los planetarios convencionales, que proyectan sobre la cúpula las estrellas y planetas movimiento únicamente el artefacto central.

La cuestión es no solo el tiempo que invirtió, sino también el coste: la estructura y todo lo demás le costaron 180.000 dólares, que no es moco de pavo. Quizá por eso los vecinos lo llamaban Manicomiario en vez de Planetario, porque entendían que hay que estar un poco zumbao para dedicar tanto tiempo y dinero a esto. Quizá para compensar, su creador tiene el récord de ser el segundo más grande del mundo de este tipo.

También es un poco irónico que el planetario esté situado en una zona campestre y tranquila, desde donde se pueden ver las estrellas con facilidad – de hecho dice que algunas veces, mientras pintaba, salía al exterior «para comparar a ver qué tal estaba quedando».

El «edificio» incluye calefacción para no pasar demasiado frío; su creador organiza programas educativos y visitas guiadas donde explica algunas cosas sobre las estrellas y el sistema solar a quien quiere visitarlo. «Las matemáticas y la ciencia no son lo mío», afirma, pero eso no le impide seguir trabajando en su hobby.

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Por @Alvy — 16 de Enero de 2017

2062. El futuro era esto. Lugares y vehículos límpidos y todo el mundo sonriendo con cara de gilipollas.

Arconic es una empresa de ingeniería o mega-ingeniería que ha preparado esta curiosa minipelícula titulada El futuro sobre cómo es su visión del mundo para 2064. Una visión que homenajea –banda sonora incluida– a los Jetsons (en España: «los Supersónicos»), una creación de Hanna y Barbera de los años 60.

The Jetsons

Los Jetsons siempre han sido la familia y el entorno soñado por los niños de la generación X, quienes –por desgracia– incluso a día de hoy todavía no han podido disfrutar de Robotina, la sirvienta robótica, o de Astro, el perro capaz de hablar.

La vida real se parece más bien a la de Los Simpson, y ni es tan límpida ni todos se levantan con esas sonrisas falsas para ir al colegio y a la oficina trabajar. Me quedo con los muñecos de Matt Groening.

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Por Nacho Palou — 4 de Enero de 2017

Construir un rayo tractor con el que atraer objetos a distancia no es trivial, pero el simple hecho de que se pueda hacer uno con madera, un puñado de pequeños altavoces y otros componentes electrónicos comunes, y un controlador Arduino nano es bastante chulo.

Es verdad que no se trata del rayo tractor con el que la Estrella de la muerte atrapa el Halcón milenario en Star Wars, pero la idea es esencialmente la misma. El término “rayo (a)tractor” lo acuñó el escritor de ciencia ficción E.E. Smith en 1930.

En este caso se trata de un rayo tractor acústico —que no funcionaría en el espacio— diseñado y construido por el investigador navarro Asier Marzo. Asier lleva ya un tiempo investigando la levitación acústica, el uso de las ondas de sonido (fuertes pero inaudibles) para “desafiar la gravedad”; para atrapar y hacer levitar pequeños objetos, sólidos o líquidos, sin tocarlos.

Además del vídeo, en Instructables se documenta y detalla la construcción de un rayo tractor sónico.

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GauntLev es un guantelete experimental que usa la levitación acústica para manipular materiales frágiles o peligrosos sin tocarlos,

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