Por @Alvy — 10 de Noviembre de 2017

Jamie, uno de los Cazadores de mitos originales tiene un curioso proyecto llamado Vortrex que básicamente consiste en unos zapatos eléctricos con ruedas que sirven tanto para caminar más rápido como para aplicaciones de realidad virtual (haciéndolos funcionar «al revés»).

El proyecto lleva décadas literalmente en la cabeza de Jamie (desde que usó un taladro eléctrico para propulsar las ruedas de unos rollerblades en 1987) y desde 2010 ha desarrollado ya seis prototipos con diversas funcionalidades en pos del invento final.

Entre los prototipos hay de todo: algunos demasiado inestables, otros que son simples plataformas con rodillos sobre las que instalaron unas zapatillas Crocs, otros que son botas militares con rollerblades motorizados… Todos tienen un sensor que responde al movimiento de los pies, coordinación entre los dos zapatos, etcétera. Básicamente se puede ir a toda leche «caminando mientras los patines ruedan» (como ir andando por una cinta transportadora, más o menos).

Vortrex

El diseño final –séptima generación– incluye unas grandes ruedas traseras y varios rodillos y también puede funcionar al revés. Esto hace que sirva para desandar lo andado, en otras palabras: quedarse en el sitio mientras se camina. ¿La utilidad de esto? Para los juegos y aplicaciones de realidad virtual (VR) en los que puedes querer andar por un enorme escenario pero a la vez no pegarte golpes contra las paredes (ni tener que usar suelos especiales, arneses ni nada parecido). Es como hacer moonwalking pero con asistencia mecánica. Técnicamente esto se logra mediante una brújula electrónica, Bluetooth y comunicación directa con las gafas VR.

Para el desarrollo de este prototipo de séptima generación se ha propuesto en IndieGoGo una meta de 50.000 dólares, de los que ya lleva casi unos 8.000 –curiosamente vendiendo «kits de supervivencia» que poco o nada tienen que ver con los zapatos eléctricos. A ver qué tal se le da y si vemos completarse el proyecto en unos meses.

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Por @Alvy — 9 de Noviembre de 2017

La Arduboy, de la que ya hemos hablado por aquí alguna vez, es una pequeña mini-consola personal con tecnología Arduino sobre la que funcionan juegos de 8 bits escritos por gente corriente. A pesar de nombre y de su aspecto no funciona con juegos de Gameboy, pero eso es parte de la gracia. Su precio es de 49 dólares.

Aunque es un dispositivo que funciona con batería, pensado para llevar a cualquier lugar, John Park de Make construyó esta curiosa caja de mandos con un joystick tradicional y botones más grandes, todo para jugar en una minipantalla de 1,3 pulgadas de 128×64 píxeles en blanco y negro (!)

Es todo un ejemplo de retroinnovación montando los componentes en una caja de puros, la más universal plataforma física para hacer montajes e inventos que yo recuerde. Anda que no habré gastado yo cajas de puros de esas. (Ahora que lo pienso, ¿de dónde demonios las sacaría si en mi casa nadie fumaba puros?)

Hace tiempo que compré un kit de joystick tradicional de arcades para montar en una caja y usarlo con el emulador de máquinas recreativas (MAME u OpenEmu son mis favoritos). 14 euritos me costó. Todavía tengo el proyecto a medias, pero creo que con la Raspberry Pi 3 y una caja/maletín de madera similar acabaré montando algo parecido, aunque con la pantalla un poco más grande. El joystick es compatible USB y es una delicia, incluye siete botones que luego se configuran en el emulador. Lo más caro suele ser la pantalla (unos 50€-100€ las de 8" o 10" por ser HDMI, aunque sea de baja resolución).

Desde luego ver el vídeo de la Arduboy-en-caja-de-puros ha sido el momento más retrotecnológico del día.

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Por @Alvy — 11 de Octubre de 2017

Puntuada con un mísero 6,2 en la Internet Movie Database, cuando se estrenó Hackers, de Iain Softley, hace ya más de dos décadas (1995) todo el mundo andaba un poco flipadillo con lo de la «nueva era de Internet» y sobre todo con eso de los «hackers». En realidad mucha Internet no había, al menos a nivel «popular»; la Web estaba en pañales, casi todo el mundo navegaba «por dentro» de CompuServe y AOL y el término más repetido en el hype era superautopista de la información.

En aquella época también se estrenaron La Red (1995) de Sandra Bullock, sobre un robo de identidad a una experta informática –otra castaña del inframundo, a cuyo rodaje tuve la oportunidad casual de asistir durante una Macworld Expo– y, para aliviar un poco tanto peñazo, Sneakers que puntúa mucho más alto tanto en guión como en calidad de los actores – y donde se podían ver hackers auténticos, los tonos de 2600 del Capt’n Crunch y hasta se habla de criptografía con cierta propiedad. Mucho aprendimos de ella:

Cuando estuve en la cárcel aprendí que todo en este mundo, incluido el dinero, opera sobre la base no de la realidad, sino de la percepción de la realidad. – Cosmo (Sneakers, 1992)

En este vídeo de The Outline el editor Jeff Ihaza le hace un buen repaso a Hackers idolatrándola en su sección Extremely My Shit, resultando algunos de sus (ejem) puntos fuertes y entrañables. Bueno, hemos de reconocer que algunos detalles interesantes y… llamativos… tenía.

Para empezar la actriz era Angelina Jolie en uno de sus primeros papeles (+1) y el actor Jonny Lee Miller hacía de Zero Cool (posteriormente sería más conocido por Trainspotting, otro +1). También había diversas oscuras referencias al mundo del hacking de la época.

Las pintas que se gastaban los personajes eran más propias de Regreso al Futuro II que de la realidad, con trajes a cual más estrambótico, patines en línea (medio de transporte oficial de los hackers en 1995, WTF), gadgets y remiendos de todo tipo – quizá debido al bajo presupuesto, quién sabe. En fin, por seguir la moda la productora invirtió 20 millones de dólares y apenas recaudó 7,5 y algo más a nivel internacional y de televisión. Su vida fue corta.

Pero como dice Ihaza, algo era insuperable en Hackers: las simulaciones de los hackeos y conexiones a través de Internet eran tan… ¿alucinantes? ¿pésimas? que ni siquiera se molestaron mucho en preparar pantallas, terminales o diálogos técnicos medianamente plausibles: literalmente navegaban «volando por el ciberespacio», en pantallas binarias en 3D con gráficos alucinantes que no significaban nada pero lo simbolizaban todo. En fin, tenía aquel encanto. Y no olvidemos el «grito de guerra»:

¡Hack the planet!

(Que para colmo creo que en español doblaron como ¡Jaque al planeta!)

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Por @Alvy — 8 de Octubre de 2017

Este vídeo muestra el aspecto y funcionamiento del Mini Raspberry Pi Handheld Notebook, un mini-Pc con mini-pantalla y mini-teclado; algo apropiado para quienes sean fans de los Raspberry Pi, tengan manos pequeñas o simplemente disfruten con los retos de hackear gadgets aparentemente imposibles.

La carcasa del mini-notebook hay que imprimirla en 3D; aparte de eso lleva una Raspberry Pi (v2 o v3) y una batería de 2000 mA en el interior. La pantalla táctil de 3,5 pulgadas se complementa con un teclado en miniatura. Las conexiones no son demasiadas y se pueden hacer con unos pocos cables según las instrucciones. En las páginas de Adafruit donde se detalla el paso-a-paso pueden encontrarse también el software listo para usar en una tarjeta SD.

Dicen que como chisme más bien «retro» no tiene muchas pretensiones, pero que sirve bien como reproductor de música, para jugar al Zork y otras aventura de texto y similares. Desde luego como sencillo proyecto de clase o para un fin de semana tiene su encanto.

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