Por @Alvy — 10 de Enero de 2017

¿Por qué un nombre con connotaciones negativas para un vídeo tan… Agradable? En cualquier caso ahí están los pequeños robots de Michael Marczewski realizando tareas aparentemente repetitivas al ritmo de la música, aunque a medida que pasa el tiempo la cosa enloquece un poco y se acaba liando parda… Y un poco gore, hemos de decir.

La banda sonora es tan importante como la animación 3D en este caso; es obra de Marcus Olsson.

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Por @Alvy — 8 de Enero de 2017

Este minidocumental titulado de Blank Tape: la cultura de las casetes de música electrónica de Sam Campbell y Sonal Kantaria para The Vinyl Factory es visualmente interesante y recoge algunas declaraciones de artistas y aficionados a la música electrónica que disfrutan de este antiguo formato.

En el relato utilizan evocadoras descripciones como que «las casetes dan una peculiar distorsión a la música, lo que produce una atmósfera especial» y hablan de «una magia alrededor de las cintas» y de «una forma de arte relajante», algo que los aficionados a este tipo de culturas de lo retro a medio camino entre lo analógico y lo digital sin duda apreciarán.

Personalmente hace casi una década que ya no guardo casetes – las reemplazaron CDs y más recientemente la música digital. Si acaso tuviera acceso a alguna casete no tendría siquiera dónde escucharla: creo que el último reproductor que tuve en ese formato estaba en un coche que vendí hace ocho o nueve años – donde además jamás lo usé, que yo recuerde (también tenía lector de CDs). Pero entiendo perfectamente que el sabor de lo añejo es un sentimiento poderoso y más para un estilo de música tan peculiar como es la electrónica, que en buena parte marca la frontera entre lo analógico y lo digital.

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Por @Alvy — 5 de Enero de 2017

El Auto-Tune es como el Photoshop de la música: todo el mundo lo usa, pero pocos tienen el valor de admitirlo.

Roomie tiene toda una serie de vídeos dedicados a la Teoría de la música pop, incluyendo esta estupenda pieza en la que se muestra cómo funciona el Auto‑Tune y otros artificios para mejorar la afinación y el sonido de las canciones modernas. «Modernas» por decir algo, porque esta especie de «corrector musical» data de 1998, cuando Cher lo utilizó por primera vez en su single Believe. Desde entonces muchos artistas han sonado un poco «con voz de robot», que es uno de los efectos colaterales del Auto-Tune.

El vídeo muestra la diferencia entre el antes y el después de una simple cancioncilla tras el paso por el Auto‑Tune. La cobaya es Louise, una joven que canta como si estuvieran matando a un gato. Pero tras la afinación de notas, tiempos y otros efectos el resultado podría ser el nacimiento de una nueva estrella del pop (letra bizarra incluida).

El Auto-Tune básicamente mueve las notas de la voz de la artista arriba o abajo para ajustarlas a las notas más cercanas; esto es bastante sutil pero marca toda una diferencia. La secuencia generada queda perfectamente afinada y es más agradable a nuestros oídos. Un software llamado Melodyne hace algo parecido pero con menos limitaciones. El Auto-Tune puede usarse incluso en «directo» (de ahí que cuando algo falla el fiasco sea mayúsculo), mientras que Melodyne se usa en post-producción.

Otro tanto sucede con la longitud de las notas: el Auto-Tune evita también el «efecto pitufo» y puede acortar o alargar los sonidos hasta clavar el resultado con precisión. Durante las sesiones de estudio se realizan cuatro o cinco grabaciones para tener diferentes muestreos de los mismos fragmentos de canción; mediante la selección de una combinación (comping) se eligen las «mejores» tomas para luego afinarlas. El resultado final es que una frase puede acabar proviniendo de tres o cuatro tomas distintas (!) a las que además se han aplicado los filtros de afinación.

A partir de 04:55 puede escucharse a Louise, brillante nueva estrella del pop, con toda la postproducción al completo. ¿Es todo esto bueno o malo para la música pop? Como dice Roomie al final del vídeo, todo depende y la respuesta no es siempre blanco o negro, más bien algo intermedio entre fa y fa sostenido.

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Por @Alvy — 26 de Diciembre de 2016

Todo el mundo ha oído hablar del ruido blanco, que suele asociarse con los (antiguos) canales de televisión o radio analógicos en los que no había emisión y los receptores simplemente chisporroteaban al azar. También se da en otros fenómenos físicos, electrónicos y mecánicos que emiten sonido.

Pero en realidad hay diversos ruidos de color: señales aleatorias que clasificamos según la densidad espectral, algo similar a las longitudes de onda del espectro visible (colores). De ahí que se pueda hablar de ruido blanco, ruido rosa, ruido marrón, ruido gris, ruido rojo, ruido violeta y algunos otros. Y todos son parecidos… Pero distintos.

El vídeo muestra tres de los más conocidos (en la página de la Wikipedia hay más). En general no cambia tanto su volumen (potencia) sino cómo está distribuida; podría decirse que es más similar al timbre (tono) del sonido. En el ruido blanco el espectro es plano; la potencia en la banda de 40-60 Hz es igual que la de la banda 4800-4820 Hz, por ejemplo. En el ruido rosa la densidad de potencia decae 3 dB por octava y en el ruido gris es una curva que hace que se perciba a nuestros oídos con la misma intensidad aparente, aunque realmente sea distinta.

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