Por Nacho Palou — 4 de Febrero de 2016

En The Washington Post, Scientists have discovered what causes Resting Bitch Face,

La reina Isabel lo padece. También la diseñadora de moda Victoria Beckham. Y la actriz Kristen Stewart es prácticamente la abanderada de los afectados por RBF (Resting Bitch Face) personas, principalmente mujeres, que muestran una expresión hostil cuando dejan el rostro inexpresivo o en reposo; esto es, cuando en realidad no están expresando ninguna emoción.

En inglés se conoce como resting bitch face o bitchy resting face especialmente desde el vídeo meme de 2013 (arriba) que daba nombre, dramatizaba y de paso añadía bastante humor al asunto.

Desconozco si en español este fenómeno tiene un nombre formal y serio. Yo siempre lo he conocido como tener «cara de acelga», «cara de peo» o «cara de mala follừmala follá» no tiene que ver necesariamente con el sexo, al menos no directamente, sino que se refiere a la actitud: tener mal genio, una mala pose o cara de pocos amigos o, sencillamente, gesto de desprecio.

La expresión «tener mala follá» se aplica por igual a hombres y mujeres.

Aunque según el Washington Post Kristen Stewart es la máxima expresión de la inexpresividad otro buen ejemplo para cualquiera que haya visto la serie 24 es Mary Lynn Rajskub: Chloe era el único personaje que temporada tras temporada aparentaba ser capaz de destruir a Jack Bauer. De un bufido. ¡Con la mirada!

Como sea, un grupo de investigadores ha estudiado este asunto utilizando un programa de análisis de rostros y descubrió que, curiosamente, también los ordenadores identifican ese rostro inexpresivo de algunas personas como una expresión de desprecio y de mala follá.

Eso no significa que la persona esté sintiendo eso en ese momento; en realidad se analiza una pose intencionadamente neutra, con los músculos del rostro relajados y que en teoría no expresa ninguna emoción.

La creencia popular es que se trata de algo que padecen los demás, especialmente las mujeres, aunque el análisis informático detectó esa falsa expresión de desprecio por igual entre hombres y mujeres.

Según los investigadores el asunto tiene más que ver con la forma en que nuestros cerebros interpretan un rostro específico, con determinados rasgos, cuando aquel está relajado.

También al parecer parte del problema es meramente cultural: tendemos más a percibirlo en mujeres —incluso en mujeres famosas y en teoría personas no hostiles— «porque de las mujeres solemos esperar más que muestren una expresión feliz y sonriente, de amabilidad y de llevarse bien con los demás.»

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