Por @Wicho — 27 de Julio de 2016

33,31 dólares por ir a la Luna

Esta es, según el mismo Buzz Aldrin, la nota de gastos que presentó a la NASA tras su viaje a la Luna en la misión Apolo 11, que terminó el 27 de julio de 1969.

No le costó un duro ir de Houston a Cabo Kennedy (hoy Cabo Cañaveral), la Luna, el océano Pacífico, Hawaii y de vuelta a Houston en aviones, naves espaciales y barcos del gobierno de los Estados Unidos, igual que tampoco le costaron nada el alojamiento y comidas proporcionados por éste…

Pero sí pasó los 33,31 dólares de kilometraje por el uso de su coche para ir a coger el avión que lo llevaría a Cabo Kennedy. Son equivalentes a algo más de 200 dólares en la actualidad.

Y entre otros papeleos e informes también tuvieron que presentar una declaración de aduanas al volver de la Luna en la que declaran traer «muestras de rocas y polvo lunar».

La burocracia es siempre la burocracia.

Esa declaración de aduanas también dice que ninguno de los tres tripulantes del Apolo 11 estaba enfermo al volver de su misión, aunque pone «por determinar» en el apartado que menciona posibles causas de enfermedad futuras, ya que nadie estaba totalmente seguro de que no pudieran pillar algo en la Luna; por algo los tuvieron en cuarentena tres semanas a la vuelta.

Relacionado,

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Alvy — 25 de Julio de 2016

Sol sound

Si pudiéramos oír el sonido que emite nuestro Sol porque el vacío del espacio transmitiera el sonido (por suerte no lo hace), viviríamos con un estruendo continuo que llegaría hasta la Tierra con una intensidad de 100 dB tras haber recorrido 150 millones de kilómetros. A efectos de comparación, equivaldría como escuchar continuamente el ruido de una taladradora eléctrica. Trrrrrrrrrrrr… La escena recordaría mucho a aquella del planeta del Sol berreante en Rick y Morty hecha realidad. [Fuente: Techly vía Do one thing, and do it well.]

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 18 de Julio de 2016

Se fabrican 15.000 latas de refresco cada segundo así que es fácil, apunta Bill, «pasar por alto la ingeniosa e interesante ingeniería que hay detrás de cada uno de estos envases.»

«La lata podría tener forma de esfera —explica Bill— que requiere menos superficie para dar cabida al mismo volumen. Eso permitiría utilizar menos aluminio por unidad. Además en una esfera se reparte mejor la presión», lo que reduce los puntos de rotura. Pero una esfera es poco práctica de utilizar y de almacenar y transportar.

Un cubo, por otro lado, es más fácil de fabricar, pero «sería incómodo beber de un envase con forma cúbica». También un rectángulo tiene más puntos de rotura, por lo que las paredes deben más gruesas, requiriendo más cantidad aluminio. Otra ventaja para el cilindro es que es un diseño muy eficiente a efectos de almacenamiento y transporte.

Así que el bote de refreso cilíndrico es en realidad una combinación de ambas formas, esférica y cúbica. Un diseño que aprovecha y combina lo mejor de ambos envases a la vez que minimiza los inconvenientes de cada uno de ellos.

El resto del vídeo se explica el proceso de fabricación de una lata de refresco, el cual comienza como un disco de aluminio que se estira en varias fases. Luego vienen el resto de partes: el cuello, el fondo, la tapa, la anilla...

Diametro trapa lata refresco

Como curiosidad, en los años 1960 el diámetro de la «tapa» superior de la lata medía 60 mm. Posteriormente primero se redujo a 57 mm, meintras que en la actualidad su diámetro es de 54 mm: «una diferencia de 6 mm pero que, teniendo en cuenta que se fabrican más de 100.000 millones de latas cada año, esa pequeña diferencia ahorra 90 millones de kilos de aluminio, cada año.»

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Alvy — 13 de Julio de 2016

El espacio, lugar para el último viaje / NASA

Ya hay varios cientos de personas enterradas en el espacio (¿sería más apropiado decir «espaciadas»?). Es el lugar en que ellas o sus seres queridos decidieron que descansaran sus restos tras fallecer. El primer envío de restos humanos al espacio tuvo lugar en 1992; el pionero fue Gene Roddenberry, creador de Star Trek al que luego siguieron otros como Timothy Leary, entusiasta de las drogas psicodélicas. Hay casos en los que se dejan los restos flotando en una órbita baja o se envían al espacio profundo. Y también hay unos cuantos cuyos restos descansan en la superficie de la Luna, a donde se enviaron a partir de 1999: uno de ellos es el geólogo y científico planetario Gene Shoemaker, que también tiene un cometa que homenajea su nombre. Está previsto enviar también a algunos actores más que protagonizaron Star Trek, como Majel Barrett («Enfermera Chappel» y mujer de Roddenberry) o James Doohan («Scotty»). ¡Van a montar un buen elenco allí arriba! [Fuente: Wikipedia.]

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear