Por Nacho Palou — 26 de Abril de 2018

El vídeo lo grabó un tipo de Florida que se disponía a poner unos filetes en la parrilla, y muestra los instantes posteriores a la formación de una tromba marina o manga de agua, un fenómeno parecido a los torbellinos o remolinos de arena que se forman ocasionalmente en tierra, especialmente en playas y desiertos.

Según Wikipedia,

Dependiendo de lo fuerte que azote el viento de una tromba de agua cualquier cosa que esté a menos de un metro de la superficie del agua, incluyendo peces de diferentes tamaños, ranas e incluso tortugas, pueden salir volando por el aire. A veces una tromba de agua succiona pequeños animales como peces que llegan hasta la nube, que pueden ser transportados por tierra. Dependiendo de la distancia que recorran en la nube y la altura hasta la que han sido succionados los peces pueden haber muerto para cuando caen de nuevo a tierras. Por este motivo se han encontrado peces incluso 160 km tierra adentro, pero la lluvia de peces no es un fenómeno común.

Vía Geekologie.

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Por @Wicho — 23 de Abril de 2018

Cuervo sediento en LIGO

El experimento LIGO, que es el primero que nos ha permitido detectar las ondas gravitacionales, es extremadamente preciso. Tanto que es capaz de detectar una variación en la longitud de sus brazos equivalente al ancho de un átomo frente a la distancia de la Tierra al Sol, que de media son 150 millones de kilómetros.

Esto hace que funcione muy al límite de las capacidades de los componentes que lo forman y que le afecten, entre otras cosas, los ruidos que se producen en su entorno. Para ello hay una red de micrófonos que lo rodean y que están conectados con un software convenientemente programado que filtra los efectos de esos ruidos, aunque a veces hay cosas que se le escapan.

Una de las últimas veces que sucedió eso fue cuando en el verano de 2017 comenzaron a aparecer una serie de señales raras en los datos que si bien claramente no eran nuevas detecciones de ondas gravitacionales al principio nadie sabía lo que eran. Así que tocó ir a investigar la zona de la que los micrófonos indicaban que provenía el ruido y resultó que lo producían cuervos picoteando el hielo que se forma en las tuberías del sistema de refrigeración, sin duda encantados de haber encontrado una forma de aliviar el calor del verano.

Entendido el origen del ruido lo que hicieron fue modificar la instalación para que no se formara hielo en el exterior de esas tuberías, así como reprogramar el software de filtrado en cuestión, siempre con el afán de obtenermejores resultados de este instrumento que nos ha abierto una nueva ventana al universo.

(Vía Mapping Ignorance).

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Por Nacho Palou — 23 de Abril de 2018

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Fotografía: NASA.

Una bolsa de basura. Contiene desechos humanos y otros restos que debían quedarse en la Luna para controlar el espacio y el peso del módulo lunar antes de su despegue hacia el módulo en órbita que debía traer a los astronautas de vuelta a la Tierra. Y una bolsa de basura es lo que se ve en la primera fotografía que tomo en la Luna Neil Armstrong.

Estas bolsas eran conocidas como jettison bag, jettbag para abreviar:

Debido a que la cabina del módulo lunar era pequeña y los márgenes de peso para volver a la órbita lunar eran muy pequeños se utilizaron bolsas desechables para mantener la cabina libre de basura, como envoltorios de comida, bolsas de orina y equipo que ya no era necesario, incluyendo las hamacas tras el último período de descanso antes de partir. Por lo general se sacaba la basura con cada salida al exterior del módulo (...) En cada misión, excepto en el Apolo 11, se tiró una jettbag adicional al final de la visita a la luna a través de la escotilla, junto con las mochilas de soporte vital.

Y así, entre unas cosas y otras, sólo el Apolo 11 dejó hasta un centenar de objetos allí abandonados según consta en este detallado inventario. Eso además de la bandera, los instrumentos científicos y hasta una de las cámaras Hasselblad.

Se calcula que en total hay más de 170 toneladas de basura en la Luna, cantidad que resulta algo excesiva teniendo en cuenta que el hombre ha estado allí sólo en seis ocasiones. Y en la Luna no hay organismos ni fenómenos meteorológicos que ayuden a hacerla desaparecer.

Vía Fstoopers.

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Por @Alvy — 22 de Abril de 2018

Durante la II Guerra Mundial el Ministerio de Defensa del Reino Unido contrató a alguien llamado Geoffrey Tandy para ir a Bletchley Park a trabajar como criptoanalista para que ayudara a descifrar los códigos secretos de los alemanes. El problema era que el buen hombre en realidad era criptogamista (botánico especializado en la rama de la criptogamia, un tipo de plantas sin flores, como las algas) no criptogramista: se habían equivocado con el título del candidato.

No está muy claro por qué siguió allí por un tiempo, pero el buen hombre intentó ayudar en lo que pudo, aunque aquello no era lo suyo. Sin embargo en 1941 aparecieron unos papeles con códigos rescatados de un submarino alemán torpedeado. Estaban mojados y en muy mal estado, pero con lo que Tandy sabía de conservación de materiales, herbarios y preparación de algas para su estudio pudo salvarlos con ayuda del material adecuado, que consiguió de un museo. Esos papeles recuperados de la destrucción segura resultaron interesantes para el descifrado de los códigos, de modo que curiosamente Tandy pudo finalmente colaborar en el trabajo para el que había sido contratado. [Fuente: How a seaweed scientist helped win the war en el Museo de Historia Natural del Reino Unido.]

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