Por Nacho Palou — 16 de Julio de 2015

Por el efecto Magnus balones y pelotas realizan movimientos imposibles, como se puede comprobar de forma exagerada en este vídeo en el que lanzan desde lo alto de una presa un balón que está girando,

Un objeto en rotación crea un remolino de aire a su alrededor. Sobre un lado del objeto, el movimiento del remolino tendrá el mismo sentido que la corriente de aire a la que el objeto está expuesto. En este lado la velocidad se incrementará. En el otro lado, el movimiento del remolino se produce en el sentido opuesto a la de la corriente de aire y la velocidad se verá disminuida. La presión en el aire se ve reducida desde la presión atmosférica en una cantidad proporcional al cuadrado de la velocidad, con lo que la presión será menor en un lado que en otro, causando una fuerza perpendicular a la dirección de la corriente de aire. Esta fuerza desplaza al objeto de la trayectoria que tendría si no existiese el fluido. En el espacio o en la superficie de los cuerpos celestes que carecen de atmósfera (como la luna) este fenómeno no se produce.

Merece la pena ver el vídeo Surprising Applications of the Magnus Effect de Veritasium, vía Io9, completo porque recoge algunas aplicaciones —o intentos de aplicaciones— prácticas de dicho efecto.

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Por Nacho Palou — 13 de Julio de 2015

En How To Detect A Secret Nuclear Test se explica en menos de tres minutos cómo se detectan —o tratan de detectar— las pruebas secretas de armas nucleares.

De esto se encarga la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, la CTBTO, cuya misión es la de vigilar que no se provocan explosiones nucleares de ningún tipo —«ya sea sobre la superficie terrestre, en la atmósfera, bajo el agua o bajo tierra»— en cumplimiento del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

Esta vigilancia es a escala global, independientemente de que los ensayos se produzca en países que han firmado el tratado o en países que se han negado a firmarlo, caso de India, Pakistán o Corea del Norte.

Tal y como se explica en el vídeo (en inglés, se pueden activar subtítulos automáticos) el Sistema de Vigilancia Internacional trata de detectar la firma que deja una explosión nuclear utilizando cuatro tipos de sensores principalmente: sismógrafos, que registran las ondas de choque que recorren el suelo; micrófonos subacuáticos que registran las ondas de choque que recorren las masas de agua; detectores de infrasonidos que registran ondas de presión en la atmósfera y detectores de radioisótopos, que localizan en el aire las partículas radiactivas liberadas tras una explosión nuclear. En total, más de 320 instrumentos repartidos por el mundo.

En la práctica la detección de ensayos nucleares es un proceso bastante complejo, en buena parte debido a las actividades naturales y artificiales (terremotos, volcanes, explosiones convencionales e incluso accidentes de avión) que disparan algunos estos sensores sin que realmente se haya producido un ensayo nuclear.

Sin embargo, a pesar de su complejidad la red de vigilancia puede detectar incluso pruebas subterráneas —contenidas para evitar la liberación en el aire de radioisótopos— con gran precisión, tanto en su ubicación como en la fuerza de la explosión — caso de los ensayos realizados por Corea del Norte en años recientes.

A veces pasa mucho tiempo desde que una detección sismográfica se ve complementada por los detectores de partículas radiactivas — por ejemplo porque las particulas radiactivas quedan confinadas bajo tierra y comienzan a filtrase al exterior tiempo después.

En The Bulletin, Improve the nuclear test monitoring system se explica de forma más extensa el funcionamiento de la red de vigilancia y los factores que más dificultan la detección de los ensayos ilegales.

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Por Nacho Palou — 9 de Julio de 2015

Bic Pens — Ignacio O'Mullony

Ignacio O'Mullony (@iomullony) nos hizo llegar este gráfico que resume algunos hechos fabulosos sobre los bolis Bic.

De paso el gráfico despeja un par de misterios, como el porqué de sendos agujeros en estos bolis: uno de ellos se encuentra en la caña o cuerpo del bolígrafo y es necesario para igualar la presión que hay dentro del bolígrafo con la del exterior.

Este agujero es que había que tapar con el dedo cuando se utilizaba la caña a modo de cerbatana lanzadora de bolitas de papel chupado.

Hay otro agujero en la capucha, un corte transversal de la punta, que es un poco feo porque básicamente rompe su emblemático diseño. Pero al parecer ese otro agujero es conveniente hasta lo necesario.

Este agujero —que no existía antiguamente en los Bic que muchos usamos en el colegio, en su día— podría salvarte la vida: si te tragas la tapa accidentalmente hay más posibilidades de que el aire pueda pasar a través de la capucha y que así no te ahogues. Aceptamos pulpo, pero de mala gana.

Este y otros magníficos trabajos se pueden ver completos en la web de Ignacio O'Mullony.

Actualizado: Manuel nos recuerda la mítica demostración de fuerza y habilidad —de preadolescente— que era capar el bolígrafo: romper la espiga del capuchón con una sola mano, colocándolo entre los dedos y golpeando la mano contra la mesa. Y de las chuletas escritas en el bolígrafo con un alfiler mejor no decir nada, que estamos en horario infantil.

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Por Nacho Palou — 8 de Julio de 2015

Kattic (cc) Crayola
Kattic (cc) Crayola

¿Ese característico olor de las ceras de colores? Es grasa de vaca — En 1982, el profesor William Cain de la Universidad de Yale realizó un estudio sobre los objetos más comúnmente reconocidos por su olor, y uno de esos objetos eran las ceras de colores Crayola. Su característico olor se debe en gran medida al uso del ácido esteárico que se obtiene de procesar el sebo de la vaca [entre otros animales]. El ácido esteárico proporciona solidez a la cerca.

Y otras curiosidades sobre las ceras de colores Crayola en 13 Colorful Facts About Crayola.

Bonus: El nombre de Crayola lo ideó Alice Binney y procede de la palabra francesa ‘craie’ (tiza) y de la palabra inglesa ‘oleaginous’ (grasiento).

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