Por @Alvy — 23 de Abril de 2015

Historial de Google

La forma de descargarlo es ir a Google History, desplegar el menú de Preferencias (rueda), elegir Descargar y seguir las instrucciones. Pero…

Hay tres razones para descargar tu historial de búsquedas en Google: (1) quieres comprobar lo que Google sabe de ti; (2) quieres hacer algún experimento o comprobación con esa información altamente personal; (3) eres un amante del riesgo que igual se tira en paracaídas que deja una información personal tan relevante dando vueltas por ahí.

En cualquier caso, Google es muy claro: «descargar ese historial no es la típica chorrada»; supone transferir del buscador de Google a Google Drive toda esa información, que luego descargas cuando te avisan por correo y se queda en tu ordenador – probablemente circulando por ahí, en copias de seguridad y mucho más.

Teniendo en cuenta la cantidad de problemas que puede suponer que alguien que no seas tú conozca esas búsquedas, lo críticos que sean esos «secretos personales», profesionales o industriales y todos los problemas de privacidad que pueden surgir, mejor utilizar esta función con mucho cuidadín. Ya sabemos que el propio historial de búsquedas es muchas veces motivo/prueba en casos de divorcio, despidos, espionaje industrial y otras cuestiones legales si cabe más importantes.

Eso sí: la opción Activar historial web es opcional: supuestamente mejoran la información, las predicciones y la publicidad que te muestra Google. Si no te gusta la idea, nunca pulses el botón azul en Google History. (Si la tienes desactivada, esta nueva función te descargará un historial «vacío»). Si pese a esto te sientes incómodo, comprueba en las preferencias de tu navegador que tampoco se estén guardando localmente.

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Por @Alvy — 23 de Abril de 2015

El volcán chileno Calbuco, situado en la región de Los Lagos, al sur de Chile, entró en erupción dejando unas impresionantes imágenes. Rodrigo Barrera grabó el evento en un estupendo time-lapse que resulta altamente espectacular y da una idea de cuán poderosa puede ser la naturaleza desatada.

Es la primera vez en cuatro décadas que este volcán escupe sus cenizas de una forma tan llamativa, por lo que algunas localizadas cercanas y unas 4.000 personas que viven cerca fueron puestas en «alerta roja». Esta erupción estuvo acompañada de una segunda, un espectacular aparato eléctrico y diversas señales sísmicas. El área de exclusión actualmente es de unos 20 km alrededor del Calbuco.

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Por @Alvy — 19 de Abril de 2015

Google PlusAlguien se entretuvo en hacer un análisis real, sobre el terreno, de Google+ y se descargó ni más ni menos que 516.246 «perfiles personales» públicos de la red social de Google. El resultado: el 90 por ciento de la gente que ha creado perfiles en Google+ nunca ha publicado nada. Extraña forma de socializar, vive dios.

No es de extrañar que haya gente que se pregunte aquello de… «Si nadie lo usa, ¿por qué mantenerlo abierto?» Naturalmente también hay quienes piden que le den la puntilla para que el pobre no siga sufriendo. ¡Ah! Qué grandes ironías que para Google+ se pida la cabeza mientras que para el querido Google Reader (R.I.P.) no hubiera piedad.

Mientras tanto, los defensores de Google+ apuntan a que la proporción entre el 90 por ciento que «solo miran» (lurkers) frente al 10% que es «activo» es la habitual de Internet. Es posible pero, ¿en una red social cuyo lema principal es «Compartir»? [Fuente: Stone Temple Consulting Corporation.]

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Por @Alvy — 19 de Abril de 2015

Espere verde (CC) Joana Esteves @ Flickr

Como en tantas ciudades, en varias grandes calles de mi barrio hay semáforos estilo «Peatón Pulse / Espere verde». Uno de ellos responde instantáneamente cuando lo aprietas: siempre hace pasar el semáforo para los coches a amarillo y rojo, permitiéndote cruzar. Otro en cambio parece «no hacer nada»: tras pulsarlo pasan los segundos y nada sucede, hasta el semáforo parece cambiar de forma natural. ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?

Según explican, en 2013 un periodista de la BBC comprobó que algunos de estos dispositivos son puramente botones placebo que no responden como se esperaría de ellos. O más exactamente: solo lo hacen a veces, por ejemplo desde la medianoche al amanecer. Un artículo del New York Times daba a conocer que la mayor parte de los botones Push Button / Wait for Walk de Manhattan se desactivaron al ponerse en marcha un sistema de control de semáforos automático para toda la ciudad: las cajas y los botones se anularon pero quedaron instalados en sus sitios.

La gente lleva décadas preguntándose cómo funcionan los «Pulse para cruzar / Espere verde». Lo deseable si se va a detener el tráfico es que se hagan sin demora para el peatón. Raras veces sucede. Lo más común es que pasen unos segundos (a veces más, a veces menos) y luego se produzca el cambio. Por eso los famosos botones han sido declarados «los botones más inservibles de la historia» por mucha gente.

Sería lógico que tras el cambio rojo/verde/rojo hubiera unos minutos donde las siguiente pulsaciones no tuvieran efecto (para evitar que se formara un atasco si hubiera mucha gente queriendo cruzar) y así parece que se comportan. Pero también hay que tener en cuenta que los semáforos están sincronizados unos con otros, a veces a lo largo de kilómetros y decenas de calles… Esas interrupciones tienen que estar muy bien calculadas por el cerebro central de la ciudad. (En Madrid, por ejemplo, ningún semáforo para coches puede estar más de 4 minutos en rojo.)

La teoría del «botón placebo» tiene otra lectura: la seguridad. Estos semáforos suelen estar instalados en cruces de peatones poco transitados pero con mucho tráfico rodado, por lo que son relativamente más peligrosos. Si no hubiera botones algunos peatones quizá se arriesgaran a ignorarlos y cruzar en rojo si la espera fuera demasiado larga – lo cual sería un peligro. Darles la oportunidad de «controlar» el semáforo (¡aunque realmente no lo hagan!) podría estar salvándoles de accidentes.

En el estupendo análisis que publicaron en BBC Future (Press me! The buttons that lie to you, ¡Púlsame! Los botones que te engañan) cuentan que las ciudades están repletas de otros botones placebo: botones para abrir puertas en el metro y autobuses, reguladores de temperatura en las oficinas, el «cerrar puertas» de los ascensores… Muchos de ellos son reales y tienen un efecto, pero otros no. Son pequeñas mentirijillas que proporcionan la «ilusión del control» a la gente, del mismo modo que agradecemos el ruidito del «clic» de las cámaras fotográficas digitales, el run-run en algunos coches eléctricos o el ruido blanco de fondo en algunas llamadas de Skype.

Probablemente ninguna entidad ni empresa quiere gastar dinero en instalar algo que no sirve realmente de nada, de modo que podemos extraer estas conclusiones:

  • La mayor parte de los «botones placebo» no son tales y sí que tienen una función real, aunque quizá no lo hagan todo el tiempo ni como espera la gente (ej. semáforos para peatones y el Pulse para cruzar).
  • Otro grupo de botones realmente no tienen ningún efecto realmente, o han sido modificados/desactivados para no tenerlo… Pero hacen sentirse mejor a la gente mediante la «ilusión del control» (ej. los termostatos de algunas oficinas).
  • Incluso aunque no sirvan para nada, ciertos botones a veces pueden tener efectos beneficiosos, como hacer esperar a la gente de forma más calmada, evitar aglomeraciones, accidentes…
  • A veces es más caro retirar esos botones que dejarlos estar; en algunas ciudades los botones Pulse para cruzar no tienen efecto alguno, pero no merece la pena gastar dinero en quitarlos o cambiar el semáforo.

Así que ya sabes: la próxima vez que pulses un botón para cruzar, intenta comprobar si realmente tiene algún efecto sobre el cambio de luces. Aunque, bueno, realmente si estás leyendo esto es porque ya lo habrás hecho más de una vez.

Actualización: Una voz cualificada nos explicó a qué se debe en ocasiones que los botones del Metro parezcan ser innecesarios (porque «funcionan solos»):

Metro-Madrid-Apertura

¡Un misterio menos!

{Foto: Espere verde (CC) Joana Esteves @ Flickr}

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