Por @Alvy — 26 de Julio de 2015

Dylan Selterman es un profesor de la Universidad de Maryland que se ha hecho popular por incluir en el examen final que presenta a sus alumnos una especie de «pregunta trampa» para conseguir puntos extra. La pregunta, convertida en viral de Internet, la planteó así:

Esta es una oportunidad para conseguir puntos extra. Elige si quieres que se te sumen 2 puntos o 6 puntos a la nota de tu trabajo de final de curso. Pero hay una condición: si más del diez por ciento de la clase elige 6 puntos, entonces nadie consigue puntos. Las respuestas serán anónimas y solo el profesor podrá verlas.

(  ) 2 puntos
(  ) 6 puntos

Se puede razonar de muchas formas por qué es mejor una opción que la otra, pero los aficionados a los juegos matemáticos habrán detectado rápidamente que se trata de una variación del Dilema del prisionero, un problema básico y fundamental de la teoría de juegos. Todo el mundo ansía los 6 puntos pero eso solo conllevaría al desastre y a que nadie consiguiera nada. Elegir 2 puntos parece entonces más cauto, pero si todo el mundo va a hacerlo… ¿por qué no ir entonces a por los 6 a título individual, si eso no «disparará» el límite del diez por ciento?

Las soluciones ingeniosas no son pocas: ponerse de acuerdo por WhatsApp o Facebook (lo cual no sería válido porque estando en un examen no se puede usar el móvil), elegir un número del 1 al 10 al azar y decirse por 2 o un 6 si el número es menor o mayor que 4 (si todo el mundo hiciera lo mismo más o menos el resultado dependería del azar) o «ignorar ambas opciones porque son una forma de corrupción» (premio al más políticamente correcto).

¿Qué sucedió en la realidad? Los estudiantes de este año no consiguieron ningún punto. Que es lo mismo que sucedió la mayor parte de las veces que desde 2008 Selterman ha venido repitiendo la misma pregunta en el examen. Y es que evitar el dilema del prisionero no es tarea fácil.

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Por @Alvy — 21 de Julio de 2015

Drone Fire Safety / San Bernardino
«Si te pones a volar [tu dron] nosotros no podemos»
«Volar drones cerca de incendios forestales no es seguro»

Un tuit del servicio forestal de San Bernardino ha levantado una medio-polémica medio-cachondeo al pedir a la gente que se abstenga de hacer volar drones para grabar vídeo de los incendios forestales debido a que impide la labor de los helicópteros de extinción de incendios.

El asunto tiene que ver con un reciente incendio en la autopista que lleva de Los Ángeles a Las Vegas. Las llamas se extendieron quemando 44 coches y 3 viviendas, pero lo que cabreó a los bomberos fue que al llegar los helicópteros para lanzar agua e encontraron con cinco drones grabando imágenes revoloteando por la zona. Debido a su presencia y a la posibilidad de una fatal colisión los helicópteros tuvieron que aterrizar y esperar entre 15 y 20 minutos a que desaparecieran. Aunque finalmente no hubo víctimas y pudieron arrojar el agua que transportaban sobre la zona se preguntan qué hubiera sucedido si las consecuencias del retraso hubieran sido peores.

En los comentarios de las noticias, el vídeo y el tuit del Servicio Forestal hay de todo: por un lado, gente cachondeándose de que unos pequeños drones de unos pocos gramos puedan suponerse una «amenaza» para un gigantesco helicóptero de miles de kilos. También están los que se asombran de que el servicio forestal no hicieran su trabajo simplemente ignorando a los drones y los que se preguntan por qué no los tumbaron directamente a golpes o con inhibidores.

Naturalmente también hay quien acusa a los propietarios y pilotos de los drones –que no se sabe quiénes son, ni si simplemente eran curiosos o quizá periodistas– de haber puesto vidas en peligro, de saltarse la normativa al respecto (que en EE UU es voluntaria, pero permite imponer multas de 1.000 o 25.000 dólares a quien cree situaciones de peligro por pilotar drones) y de falta de responsabilidad ante una situación dramática.

Hay muchas formas de ver el asunto, pero este fenómeno social de la curiosidad morbosa o la falta de profesionalidad también se da sin drones cuando la gente se apelotona alrededor de un accidente, una ambulancia ha de cruzar un atasco o los periodistas intentan acceder a un incendio o zona de desastre saltándose los controles – y poniéndose a sí mismos y a otros en peligro. Así que tampoco parece que haya que inventar nada nuevo, especialmente más normas al respecto, más allá de las que ya hay e indica el sentido común.

(¡Gracias ARC por la pista!)

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Por @Alvy — 18 de Julio de 2015

En este minivídeo puede verse cómo sucedió el reciente accidente de un coche autónomo de Google, uno más en una pequeñísima lista de incidencias en los que no es el coche de Google el culpable. Está entre los vídeos del canal oficial del Google Self-Driving Car Project y comentado en Backchannel: The View from the Front Seat of the Google Self-Driving Car, segunda parte (también tiene una primera parte).

Este caso reciente sucedió a principios de julio en plena hora punta en un cruce de Mountain View (California). Al llegar a un cruce, aun estando el semáforo en verde, los coches del carril por el que circulaba el coche de Google se detuvieron para no bloquear el cruce, guardando una distancia prudencial. Pero otro coche que llegaba al cruce por detrás -probablemente porque el conductor no estaba prestado atención- simplemente no lo hizo. ¡Crash! Golpe trasero por alcance.

Los números del accidente son ridículos: la velocidad era de menos de 30 km/h, el parachoques se abolló y los ocupantes sufrieron pequeñas contusiones - pese a lo cual el incidente se califica de «accidente con heridos». Por comparar, digamos que oigo y veo accidentes más espeluznantes desde la ventana de mi casa en un cruce amplio pero un tanto chungo en el que sobre todo las motos pero también algún coche no respetan los semáforos y se empotran contra coches como mínimo una vez al mes. Si solo condujera el software de los coches autónomos, todos esos nos los ahorraríamos.

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Por @Alvy — 1 de Julio de 2015

Tourbillon («Torbellino») es el nombre de la nueva atracción creada por una empresa suiza especializada en este tipo de monstruos mecánicos. Su principal característica es que mueve a los pasajeros simultáneamente en los ejes X, Y y Z. Es en cierto modo una versión ampliada, supervitaminada y motorizada del tourbillon de tres ejes que se inventara originalmente en versiones más simples para los relojes mecánicos. Pero más bestia que un Kraken.

En aquellos relojes los tourbillones servían para contrarrestar los efectos de la gravedad en los mecanismos de los relojes y garantizar un desgaste más uniforme, haciendo a su vez más preciso el reloj. Aquí estamos ante un coloso metálico de 180 toneladas, movido por motores y mecanismos hidráulicos, capaces de lanzar la máquina en aceleraciones momentáneas de 4 y 5G. Cuando está en su punto más alto los pasajeros pueden disfrutar (ejem) de vistas a 20 metros de altura, más o menos como un edificio de cuatro pisos.

Tourbillon / la atracción

La primera venta la han hecho a la empresa de atracciones francesa, que la ha rebautizado como Starlight. Raro sería que no empiece a verse en más y más parques de ocio de otros países y que llegue pronto a España… ¡Por favor! Mientras tanto, oiremos desde aquí los gritos…

(Vía The Awesomer.)

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