Por Nacho Palou — 26 de Abril de 2016

Nasa-Graphics-Standards-Manual-1975

Hace unos meses la campaña en Kickstarter The NASA Graphics Standards Manual reissue logró la financiación necesaria para reeditar en un libro de tapa dura, gran formato y alta calidad de impresión el manual de identidad gráfica que la NASA publicó en 1975 y que mantuvo en vigor hasta 1992.

El manual recupera el contenido del NASA Graphics Standards Manual en un libro de 200 páginas de alto gramaje que se entrega dentro de una bolsa antiestática y que se puede comprar por 79 dólares.

El manual de identidad gráfica de aquellos años corresponde al mítico y venerado logotipo apodado como el gusano. Fue diseñado por Richard Danne y Bruce Blackburn y el documento original está disponible online en formato PDF (3,5 MB).

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Por @Alvy — 14 de Abril de 2016

Proofes-Without-Words-2

Proofs without Words II (Roger B. Nelsen, 2000) es la segunda parte del estupendo Proofs without Words (1997) que contiene páginas y páginas de pruebas geométricas «sin palabras», fáciles de entender con tan solo verlas.

Dudeney-Proof

Valga como ejemplo esta bonita explicación del teorema de Pitágoras, obra de Henry Dudeney en 1917.

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Por @Alvy — 4 de Abril de 2016

Magic

Magic (1400s-1950s). Caveney, Steinmeyer, y Daniel (2011). 670/544 páginas. Edición tamaño extra-grande. Versiones multingües. Español-Italiano-Portugés + Inglés-Alemán.

Desde Taschen nos enviaron hace tiempo muy amablemente un ejemplar de Magic conocedores de lo que nos gusta la historia de la magia, tanto la que incorpora aspectos científicos, entretenidos o ingenieriles en los «juegos» tanto como las técnicas que permiten encontrar la verdad científica tras los «trucos» de supuestos magos y espiritistas (algo en lo que Harry Houdini era un auténtico especialista).

Este volumen cubre cinco siglos de magia, no tanto la magia primitiva de épocas remotas como más bien a partir de la «magia escénica» de 1400 en adelante, hasta mediados del siglo XX más o menos. Cada época –y avances más significativos– se explica con carteles, fotografías, programas de las funciones y diversas explicaciones breves. todo esto lo hacen más un libro para admirar que para leer. De hecho es muy cómodo dejarlo por el salón y dedicarle ratos sueltos de perfecto relax para sumergirse en los infinitos detalles que incluye.

Magic

La antigua magia era a veces confundida con la brujería, y la extraña relación entre lo inexplicable y «el mundo de los espíritus» dio mucho juego también a los magos, médiums y espiritistas en épocas no tan lejanas. Cualquier cosa imposible se ha hecho: desde hablar con los muertos a ver a distancia, influir en las personas o hipnotizarlos para que hagan cualquier tontería. Cuando esto se convierte en un abuso es lo que llevó a muchos ilusionistas, conocedores de todos los trucos, a convertirse en azote de magufos. Ya decía James Randi que la mejor forma de descubrir a un impostor no era meterle en una habitación y que lo observara un científicos, sino que lo observara un mago.

De muchos de los trucos de aquellos mágicos juegos surgieron también a principios del siglo XX los primeros efectos visuales del cine: los juegos de espejos, de perspectiva y otras ingeniosas técnicas que han evolucionado hasta la época actual.

Magic

La edición original en tapa dura, con caja, era de un tamaño XL: espectacularmente impresa a todo color en un formato de unos 40 x 35 cm, 670 páginas y unos 150 euros (eso son 5 kilos de libro). Una nueva edición¹ de 2015 ha reducido el tamaño a 544 paginas y unos 50 euros convierte a Magic en un libro artístico mucho más asequible –e incluso cómodo– para disfrutar tranquilamente en el sofá. Tanto para los que les guste la magia como los que solo la vean ocasionalmente – e incluso como regalo perfecto a la vez que elegante.

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(1) {Es importante fijarse en los idiomas de la edición porque hay varias; aun así los textos son tan breves que para la mayoría en inglés serán perfectamente fáciles de entender – lo que puede hacer más asequible el volumen.}

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Por @Alvy — 24 de Marzo de 2016

Music: The Great divide (The Root)

En este artículo de The Root encontraron una buena forma de visualizar cómo funciona a nivel económico la industria de la música; más concretamente cuánto dinero se lleva cada participante en el proceso de creación y comercialización musical a partir de lo que se ingresa al vender un disco o una canción.

El ejercicio hace referencia a un grupo de cuatro personas: cantante, guitarrista, bajista y batería, que reparten un 18 por ciento cada uno. Para los asuntos mundanos tienen un manager personal, otro que se encarga de los negocios, un abogado que les revisa los temas legales y un productor que adelanta el dinero y se lleva un pequeño porcentaje. Hasta aquí más o menos bien e individualmente cada miembro del grupo gana más que la gente externa.

El problema es que todos ellos han de repartirse una pequeña porción de la «tarta» de los ingresos, tan solo el 13%. Del resto un 24% se lo quedan los distribuidores y un 63% por ciento la discográfica. El resultado es que los autores, creadores y gente cercana al grupo ven cómo su parte es solo «una pequeña parte de una pequeña parte» y el resultado final es demoledor: del total de dinero que se recauda con la venta de canciones y discos cada miembro del grupo solo recibe un 2,3 por ciento: unos 23 céntimos de un disco que se venta a 10 euros.

En el mundo editorial sucede algo parecido con los libros: aunque no sea tan común eso de repartir entre varios autores, los roles de los agentes, abogados y productores son más o menos similares; las librerías y cadenas de distribución andan por ahí en medio y las editoriales equivalen a las discográficas. El resultado es que un autor se puede dar con un canto en los dientes si recibe el 10% de las ventas de los libros.

Todo esto lo explicó hace ya 15 años Ignacio Escolar en el mítico artículo Por favor, ¡pirateen mis canciones! (¡Parece que fue ayer! – pero atención que incluso los cálculos están en pesetas).

Hoy en día esta problemática sigue más o menos estancada, pero los autores, tanto musicales como literarios, tienen estupendas alternativas para saltarse a tanto intermediario y hacer venta directa, autoedición, impresión bajo demanda o ventas en microformatos (como las canciones sueltas) pese a lo cual hay quien sigue empeñándose en que el reparto debe ser siendo «el de toda la vida». ¿Adivinan quienes? Pues sí: los de siempre, los que se autodenominan «un mal necesario».

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