Por Nacho Palou — 20 de Julio de 2016

Marcapaginas Okamoto Bookmark Light

Utilizando tinta conductora (aquí la receta para hacerla en casa) y un led adhesivo colocados sobre una lámina de plástico, el diseñador japonés Kouichi Okamoto se ha apañado este marcapáginas llamado Bookmark Light, marcapáginas luminoso.

Marcapaginas Okamoto Bookmark Light

El marcápaginas se enciende colocando una pila de botón —«no incluida»— y plegando gentilmente el marcápaginas para unir ambos conectores.

Ingenioso y literalmente brillante, aunque por 15 euros más gastos de envío (¡sin la pila!) probablemente doblar la esquina para marcar la página y usar el móvil como lámpara de lectura no sea tan mala cosa.

Vía Übergizmo.

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Por @Alvy — 17 de Julio de 2016

Biblioteca de Babel / Erik Desmazieres

Germán nos envió una referencia a un artículo de Letras Libres, Borges y sus “precursores” donde se habla de la famosa Biblioteca de Babel que tan exquisitamente describió en su libro Ficciones y que tanto nos apasiona por aquí.

Pocos autores se han divertido tanto como Borges reescribiendo y transfigurando las obras de los otros. Ejemplo de ello son estos tres relatos (…) materiales que el autor de El Aleph leyó, vampirizó y transformó memorablemente.

El propio Borges lo reconoció:

Como sabemos, en el prólogo de El jardín de senderos que se bifurcan (1941-1942) –libro incluido más tarde en Ficciones (1944)– Borges precisó: “No soy el primer autor de La biblioteca de Babel; los curiosos de su historia y de su prehistoria pueden interrogar cierta página del número 69 de Sur, que registra los nombres heterogéneos de Leucipo y de Laßwitz, de Lewis Caroll y de Aristóteles.”

El artículo en cuestión es bastante largo e interesante e incluye el relato original de Laßwitz, «el padre de la ciencia-ficción alemana». Laßwitz estudió matemática y física en la Universidad de Breslau y en la Universidad de Berlín y se doctoró en dichas materias en el año 1873. Su relato se llama La biblioteca universal.

Laßwitz a su vez menciona a Lewis Carroll como precursor de la idea:

«Carroll (…) observa que siendo limitado el número de palabras que componen un idioma, lo es asimismo el de sus combinaciones posibles o sea el de sus libros (…) La idea básica de Laßwitz es la de Carroll, pero los elementos de su juego son los universales símbolos ortográficos, no las palabras de un idioma. El número de tales elementos –letras, espacios, llaves, puntos suspensivos, guarismos– es reducido y puede reducirse algo más.

El artículo es una pequeña maravilla en cuanto a la investigación del rastro que la Biblioteca dejó a lo largo de la historia y de diversos autores, hasta llegar al famoso relato que la popularizó maestralmente Borges, citando –eso sí– sus fuentes de inspiración.

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Por @Wicho — 15 de Julio de 2016

Pretending to be normal por Liane Holliday Willey

[…] son una puntada brillante en el rico tapiz de la vida. Nuestra civilización sería extremadamente aburrida y estéril si no tuviéramos el tesoro de las personas con Asperger.

– Tony Attwood

3 estrellas: interesante, pero sabe a poco en algunos apartados Pretending to be Normal: Living with Asperger's Syndrome. Liane Holliday Willey. Jessica Kingsley Publishers Ltd, 1999.

Liane Holliday Willey descubrió que tenía el síndrome de Asperger a los 35 años cuando se lo diagnosticaron a una de sus hijas a los siete años, lo que hizo que de repente comprendiera muchas cosas acerca de ella misma.

El que prefiriera la compañía de sus amigos imaginarios Penny y Johna. El que le costara horrores comprender que su amiga (real) Maureen pudiera tener otros amigos. Su dificultad para entender los dobles sentidos y los chistes. Su falta de tacto. Su desastroso –o más bien inexistente– sentido de la orientación. Lo extremadamente incómodo que le resulta el contacto físico. Cómo un olor o sonido especialmente fuertes pueden bloquearla…

Como ella misma dice, el paraguas del autismo es vasto, y bajo él caben muchas habilidades y limitaciones; es un diagnóstico fluido que no tiene límites claros del que los científicos ignoran la causa, que los educadores no tienen muy claro cómo enfrentar, y en el que los psicólogos tampoco tienen muy claro cuales son los límites para hablar de un tipo de autismo u otro.

Así que su intención al escribir este libro fue contar como ella, que toda la vida se supo diferente, lidió con las limitaciones que le impone ser asperger, aunque al mismo tiempo cuenta también que más que limitaciones es que ve y siente las cosas de una forma distinta que la mayoría de la gente, lo cual no la hace mejor ni peor sino simplemente diferente.

La parte principal del libro está dividida en siete capítulos que recorren su vida en orden cronológico, desde su infancia hasta que por fin el diagnóstico de su hija dejó las cosas claras; pasa por el instituto y los problemas de la adolescencia, por la universidad y los problemas de enfrentarse a un mundo que no entendía –ni entiende– del todo lejos del ambiente familiar en el que había crecido, y por lo que supuso empezar a trabajar.

Completan el libro una serie de apéndices con consejos acerca de si y cómo contar a los que te rodean que tienes asperger, con consejos para enfrentar la universidad, la búsqueda de trabajo, cómo organizarte en casa, cómo gestionar las cosas cuando tus sentidos se sobrecargan, y un glosario.

La parte autobiográfica me pareció la más interesante, aunque me da la impresión de que en algunas cosas entra en mucho más detalle que en otras que se quedan un poco cojas; la parte de los apéndices tiene el problema de que está muy enfocada a la vida y al sistema educativo de los Estados Unidos, así que puede ser de limitada utilidad. Se nota también la edad del libro en que recomienda la compra por catálogo en lugar de recomendar la compra en línea.

Pero en cualquier caso me pareció una mirada interesante al interior de una persona que se sale de la norma. Ojalá todos pudiéramos hacer como un chico con el que salió en la universidad del que dice que «Nunca me cuestionó ni me criticó. Simplemente me dejó ser como soy. Si todo el mundo pudiera ser así de amable quizás ni siquiera necesitaríamos una definición del síndrome de Asperger».

A fin de cuentas, todos tenemos nuestras rarezas.

Ojo: esta reseña es de la edición original del libro; hay una actualizada de 2014 que no es la que yo he leído.

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Por @Wicho — 12 de Julio de 2016

Las tres portadas

Para esas horas de asueto veraniegas, tres de los libros de ciencia que más me han gustado en los últimos tiempos:

  • El escritor que no sabía leer y otras historias de la neurociencia, por José Ramón Alonso, acerca de cómo funciona –y como a veces falla– ese kilo y pico de materia gris que tenemos dentro del cráneo y que nos hace ser quien somos.
  • Vamos a comprar mentiras, por José Manuel López Nicolás, una guía para saber a qué nos enfrentamos realmente cuando vamos a hacer la compra.
  • Todo es cuestión de química… y otras maravillas de la tabla periódica, por Deborah García Bello, que explica por qué es tan importante saber que todo está formado por átomos.

Los tres están reseñados en Microsiervos aquí, aquí y aquí.

Principia: divulgación científica de la buena

Y para acompañarlos, cualquiera de los ejemplares publicados (o mejor todos los ejemplares publicados) de Principia Magazine y Principia Kids. Dos revistas en papel nacidas de la pasión con la que cuentan historias los autores de Principia; esa pasión que sólo los que han cuidado a su niño interior conservan.

Los dos primeros ejemplares de cada una están reseñados en Principia, Temporada 1, Episodio 1: una delicia de principio a fin y Principia Kids, Temporada 1, Episodio 1: otra publicación deliciosa, y el nivel lo han mantenido en los siguientes.

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