Por @Wicho — 26 de Agosto de 2015

Kindle VoyageDesde que Amazon sacó el primer Kindle con pantalla táctil, el Touch, allá por 2012, dije que echaba de menos los botones de avance y retroceso de página en los lados de la pantalla, algo que creo que he repetido con los sucesivos Kindle con pantalla táctil que he ido probando.

Esto es algo que arregla –más o menos– el Kindle Voyage, pues incorpora a cada lado de la pantalla dos sensores que actúan como botones para avanzar o retroceder página. El sensor alargado pasa página, el pequeño y redondo sirve para retroceder.

Además de eso, sigue siendo posible pasar y retroceder página tocando la pantalla o arrastrando con un dedo sobre ella, o usar el menú, al que se accede tocando la parte superior de esta, para ir directamente al principio, al fin, a cualquiera de los capítulos, o a cualquiera de las marcas de página que le hayas puesto.

Se puede regular la sensibilidad a la presión de los sensores, igual que su respuesta, que se nota mediante una vibración más o menos fuerte que se puede llegar a desactivar, igual que los sensores en sí.

Lo que pasa es que los sensores no sobresalen en absoluto de la superficie del Voyage, con lo que no los puedes detectar al tacto, ni están iluminados, así que a oscuras no los puedes ver ni palpar.

Para el de avanzar página no es un problema demasiado serio, ya que es alargado, pero el de retroceder página es redondo, con lo que localizarlo a oscuras es complicado, así que al final es más cómodo tocar la pantalla.

Pero en cualquier caso, bienvenidos sean los sensores en los laterales, ya que evitan hacer el baile del pulgar para moverse por el libro.

En lo que se refiere al paso de página en sí, lo actives como lo actives, es rápido. No instantáneo como en un ordenador, pero sí tan rápido o más de lo que serías pasando una hoja en un libro en formato árbol muerto, así que ningún problema en este aspecto.

Nueva pantalla

Otra novedad del Voyage son los 300 puntos por pulgada de resolución de su pantalla de 6 pulgadas frente a los 212 del Paperwhite de 2013; sigue incorporando la tecnología que Amazon ha bautizado Carta e-paper que la hace más blanca y con textos más negros que los de otras pantallas de tinta electrónica, con lo que oficialmente presenta mejor contraste y es más fácil de leer.

Además la superficie de la pantalla del Voyage es de cristal, tratado para eliminar reflejos, aunque salvo el mayor contraste mis ojos no detectan una gran diferencia con la del Paperwhite de 2013, la verdad sea dicha, aún a pesar de la mayor resolución y del cristal de marras.

La pantalla tiene también un sistema de iluminación regulable en 24 pasos, como los Paperwhite anteriores, aunque en el caso del Voyage el frontal incluye un sensor de luz ambiente que va regulando el brillo de la pantalla automáticamente si así lo deseas; es una función que se puede desactivar desde las preferencias.

Pero de todos modos la diferencia más obvia de la pantalla del Voyage respecto a la de anteriores Kindle es que queda rasante con los bordes en lugar de un poco hundida; el cristal que la forma llega justo hasta los bordes.

Leer anotación completa: «Kindle Voyage, el mejor Kindle de la historia hasta el momento»

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Por @Wicho — 25 de Agosto de 2015

Principia: divulgación científica de la buena

Dice el editorial de este primer ejemplar de Principia en papel:

Cuando nos planteamos el objetivo de dar el salto al papel sabíamos que estábamos asumiendo un gran reto; algo que iba contracorriente en plena era digital. Y esa dificultad, lejos de amedrentarnos, fue la chispa que inició este incendio. Pero esta decisión que parece contra natura, responde a una necesidad; la de recuperar la cuasi perdida liturgia de sentarte a la sombra en un parque, o bajo la sombrilla en la playa, o en tu butaca favorita, tomar la revista entre las manos, dejar que las hojas se deslicen contra tu dedo pulgar y que el aroma de imprenta active tus recuerdos más preciados; y así, una vez más, los textos y las ilustraciones te transportarán a tu lugar favorito.

Y tras haber devorado sus 96 páginas en un par de sentadas en una mañana y una tarde de un día puedo decir que lo han conseguido.

De la basura tecnológica a los efectos de no respetar al Sol como se merece, pasando por la alquimia jedi del traje–armadura de Darth Vader o por la descripción de los árboles más grandes del planeta, incluyendo un artículo que trata las bases científicas de por qué las mujeres ven más colores que los hombres, Principia, Temporada 1, Episodio 1, es una verdadera gozada; bien vale los 15 euros que cuesta.

Tanto por los contenidos como por las ilustraciones, aunque si tuviera que ponerle un pero sería al tipo de letra escogido para el título de los artículos, excesivamente recargado en mi gusto.

Otro sería que algunos de los artículos se me quedan cortos, pero eso es lo que tiene escribir en papel; recomiendo leer Principia T1E1 con una libreta o papel a mano para apuntar cosas que seguro que querrás investigar más a fondo.

Claro que yo era un lector entregado a priori

Una medida del acierto del equipo de Principia con este T1E1 es el interés que ha conseguido levantar en algunos de los adolescentes que me rodean.

Ya me tarda el T1E2.

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Por @Wicho — 23 de Agosto de 2015

El marciano por Andy Weir

4 estrellas: engancha, aunque es un tanto previsible El marciano. Andy Weir. Ediciones B. 408 páginas.

En el sexto día de 31 programados una tormenta de arena que sobrepasa los límites de seguridad obliga a la tripulación del Ares 3, la tercera misión tripulada a Marte, se ve obligada a abortar.

Mientras se dirigen al módulo de ascenso que los tiene que sacar de la superficie del planeta y llevarlos la Hermes, la nave en la que viajaron de la Tierra a Marte, una antena, arrancada por la fuerza del viento, golpea a Mark Watney, el botánico e ingeniero mecánico de la misión.

Con el golpe este pierde pie y se lo lleva el viento.

Además, la antena ha destrozado la unidad de control de los sensores de su traje, con lo que sus compañeros, que lo siguen intentando localizar aún cuando el viento está a punto de hacer volcar el módulo de ascenso, llegan a la conclusión de que está muerto y se van.

Pero resulta que Watney está herido, no muerto.

Así que cuando recupera el conocimiento se encuentra solo en Marte, sin forma de comunicarse con nadie, pues la tormenta ha destrozado el sistema de comunicaciones del módulo en el que vivían en Marte, con un hábitat diseñado para ser usado durante 31 días, y con comida para unos 400 días cuando la siguiente misión tripulada al planeta rojo no tiene prevista llegar hasta cuatro años después.

Sin embargo Watney no se rinde y se pone rápidamente a maquinar la forma de estirar su comida –de cultivar comida, de hecho– todo lo que pueda mientras piensa en cómo ponerse en comunicación con la Tierra.

Para esto su formación como botánico e ingeniero mecánico le vendrá estupendo, claro, aunque muchas veces tendrá que tocar de oído.

Sin querer espoilear mucho el libro –aunque si has visto el tráiler de la película no queda mucho que espoilear– Watney se las va apañando para ir superando dificultades y mejorando sus opciones de sobrevivir; incluso se las apaña para recuperar los restos de la Mars Pathfinder y de Sojourner para poder volver a comunicarse con el control de la misión.

Pero Marte no perdona una y eso apenas será el principio de la odisea de Watney, la NASA, sus compañeros de tripulación, y algún que otro personaje que no se ve en el tráiler para intentar traerlo de vuelta a casa.

Me habían dicho que El marciano es de esos libros que te engancha, que no puedes dejar de leer, y es muy cierto.

Pero también lo es que es un tanto previsible: en un momento dado empiezas a preguntarte no ya qué va a pasarle sino cuando, pues cada vez que parece que tiene todo controlado se lía parda de nuevo en Marte.

Y tiene el problema de que muchas veces el protagonista deja sus cálculos escritos en un diario que empieza a escribir tras quedar abandonado en Marte, lo que para los lectores menos científico/técnicos puede ser un poco pesado, aunque te los puedes saltar, o al menos no prestar atención a los detalles, y seguir disfrutando de la novela.

En cualquier caso, un libro muy apetecible, y una película que habrá que ver.

Como extra bonus: una galería de imágenes de los lugares en los que se desarrolla la novela, aunque mejor para ver después de haberla leído, en All of the beautiful locations in Matt Damon's new thriller about Mars are real — here are the epic photos that prove it, y una entrevista con el autor en Would Andy Weir, author of The Martian, ever go into space? Hell no, he says in a lengthy interview. Resulta que a Andy Weir no le gusta nada volar y dice que nunca se subiría en un cohete.

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Por @Wicho — 20 de Agosto de 2015

Portico por Frederik Pohl

5 estrellas: una apasionante historia Pórtico. Fredrik Pohl. B de Books. 376 páginas.

En el futuro la humanidad está expandiéndose por el sistema solar y ha encontrado un asteroide que contiene en su interior una base alienígena bautizada como Pórtico.

Esta contiene artefactos y naves dejados atrás por sus constructores, conocidos como Heechee.

Algunos de los artefactos se pueden utilizar, aunque quizás no para lo que sus creadores pensaban; otros, no tenemos ni idea de para que sirven.

Pero, con mucho, lo más intrigante que hay en Pórtico son las casi mil naves que hay allí.

La Corporación del Pórtico sabe como ponerlas en marcha, pero nadie sabe cómo leer su destino en los controles.

A lo largo del tiempo numerosos prospectores se han subido a ellas y las han puesto en marcha, con la esperanza de localizar en el destino algo interesante como otra base Heechee, un mundo habitable…

Aunque muy a menudo las naves desaparecen para no volver o para hacerlo con sus tripulantes muertos de inanición al ser el vuelo demasiado largo para los suministros que se pueden cargar en ellas.

Eso sí, los que descubren algo interesante pueden forrarse de por vida con la recompensa que les de la Corporación.

Robinette Broadhead es un minero de comida extremadamente pobre que un día gana en la lotería la cantidad suficiente de dinero como para comprar un billete sólo de ida a Pórtico.

Una vez allí no acaba de atreverse a meterse en una de las naves, aunque al final, dado lo que le cobran cada día por vivir en Pórtico acaba por partir en una misión con la que no consigue nada, una segunda en la que la lía parda, y una tercera en la que…

Pórtico es ciencia ficción de la buena, de esa en la que los cacharros y los extraterrestres –que aquí ni aparecen– no importan sino que lo que importa es cómo reaccionan los humanos ante el contacto con otra tecnología, con otras mentes.

De hecho Pórtico ganó el premio Nebula de 1977 y los premios Hugo, Locus y John W. Campbell Memorial de 1978 a la mejor novela.

Es uno de esos clásicos que no sólo no puedes dejar pasar, incluso aunque no te guste la ciencia ficción, sino que es de aquellos que vuelves a leer de vez en cuando.

No puedo decir lo mismo de sus secuelas, Tras el incierto horizonte, El encuentro, Los anales de los heechee, y Los exploradores del Pórtico, que si bien se dejan leer, ni de lejos tienen la calidad de la primera.

Por cierto que los responsables de Battlestar Galactica y Falling Skies están desarrollando una serie de televisión basada en Pórtico. Habrá que darle una oportunidad.

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