Por @Wicho — 22 de Noviembre de 2017

Primera etapa de un Falcon 9 aterrizando

Después de haber aprobado el uso de cápsulas Dragon recicladas para llevar suministros a la Estación Espacial Internacional –la Dragon 11 fue la primera– parecía que era sólo cuestión de tiempo que la NASA aceptara también el uso de cohetes Falcon 9 con una primera etapa ya utilizada en lanzamientos previos.

La SpX11 a su partida de la EEI

Y según cuentan en NASA green lights SpaceX use of pre-flown Falcon 9 first stages on CRS missions la NASA ya está lista para hacerlo. Será con la misión la misión CRS-13 o Dragon 13, cuyo lanzamiento está previsto para el 4 de diciembre de 2017. Y no sólo va a utilizar una cápsula Dragon reciclada –la de la misión CRS-6– sino que también usará una primera etapa reciclada, curiosamente la que lanzó la Dragon 11.

Personalmente, con lo cauta que es la NASA no esperaba que aprobaran tan rápido el uso de primeras etapas recicladas, ya que si bien SpaceX ha recuperado 19 de ellas, 16 de forma consecutiva, hasta la fecha sólo han reutilizado dos.

La primera de ella en el lanzamiento del satélite de comunicaciones SES-10, que usó la primera etapa de la Dragon 8, y la segunda para el lanzamiento del BulgariaSat-1, que usó la primera etapa del lanzamiento Iridium de enero de 2017. Eso sí, los dos cohetes funcionaron a la perfección en su segundo lanzamiento y volvieron a aterrizar de nuevo de una pieza.

Pero si la cosa sale bien es una muy buena noticia para SpaceX y para el resto del mundo –a más largo plazo– porque afianza la validez de la idea de reutilizar todos los componentes que puedas de un cohete en lugar de tirarlos tras un solo uso.

Al menos desde el punto de vista técnico, porque aún queda por demostrar que sea económicamente viable.

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Por @Wicho — 21 de Noviembre de 2017

Se me había pasado por completo la puesta en marcha por parte de China de la simulación Palacio Lunar 365, que intenta mantener un sistema de soporte vital autónomo en funcionamiento durante al menos un año.

Yuegong –palacio lunar en chino– está compuesto por varios módulos que suman 150 metros cuadrados de superficie y un volumen de 500 metros cúbicos. Dentro hay plantados 120 metros cuadrados con 34 especies vegetales, aunque en baldas, para ocupar menos superficie, y también se cultivan gusanos comestibles y hongos. También hay espacio para laboratorios, dormitorios, y espacios comunes par la «tripulación». En 2014 ya había sido usado para una simulación de 105 días.

Las plantas sirven tanto para regenerar oxígeno como de comida; los gusanos aportan proteínas a la dieta –nadie dijo que ser astronauta fuera totalmente glamuroso– y los hongos le dan un poco de variedad al asunto.

Además de esto, se reciclan todos los residuos no comestibles de las plantas, así como los excrementos y la orina de los «astronautas». ¿Glamour, dónde estás?

Yuegong

La idea es que entre lo que generan y reciclan más el material de base con el que parten –básicamente carne, que simula la que sería lanzada mediante cohetes– puedan vivir de forma autosuficiente durante un año, con el objetivo de desarrollar sistemas y procedimientos que sirvan para una futura base lunar.

También servirá para ver las reacciones de los «tripulantes», aunque en realidad harán turnos y los que más tiempo pasarán dentro estarán allí algo más de 200 días.

Es una idea parecida a la del proyecto Mars 500 ruso, aunque éste no pretendía ser autosuficiente.

E igual que con el Mars 500, no tengo claro de que realmente sirva de mucho: los sistemas «de a bordo» y los animales y vegetales no se van a comportar igual bajo la gravedad terrestre que bajo la gravedad lunar. Y para los «tripulantes» el saber que están separados del resto de la humanidad por una mera compuerta y no por unos cientos de miles de kilómetros de espacio no puede ser psicológicamente comparable.

Pero los chinos sabrán.

(Vía Angeliki).

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Por @Wicho — 21 de Noviembre de 2017

El artista Trevor Paglen, trabajando con el Museo de Arte de Nevada, está trabajando en la construcción de lo que ellos definen como la primera escultura espacial de la historia.

Orbital Reflector, primero concebido como una esfera pero ahora mutado en un diamante alargado que según los ingenieros involucrados en el proyecto es una forma mejor y que brillará más, es un gran globo de mylar que irá al espacio en un CubeSat y una vez allí se desplegará.

Con una longitud de unos 30 metros tendrá un brillo equivalente al de las estrellas del carro y su único objetivo es reflejar luz de forma que se pueda ver desde la Tierra durante los dos o tres meses de vida que tendrá una vez desplegado antes de desintegrarse en la atmósfera cuando su órbita decaiga.

Orbital Reflector en órbita

El arte nos da una razón -- nos da permiso -- para mirar profundamente las cosas. Una obra de arte que trasciende los límites de lo que tradicionalmente pensamos como «arte» desafía la forma en que nos comprometemos con el mundo. Orbital Reflector nos anima a todos a mirar al cielo nocturno con un renovado sentido de asombro, a considerar nuestro lugar en el universo y a re-imaginar cómo vivimos todos juntos en este planeta. Nos impulsa a hacer las grandes preguntas. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos a ir? ¿Qué estamos haciendo con el mundo compartido en el que vivimos?

Lo que no sé es lo que los astrónomos cuyas observaciones se puedan ver afectadas opinarán del asunto.

Esperan lanzarlo a bordo de un Falcon 9 en la primavera de 2018 y prometen una app para poder saber cuando se puede ver desde tierra, aunque les queda por terminar de solucionar el asunto de la financiación. El proyecto tiene un presupuesto de 1,3 millones de dólares, de los que por lo visto disponen de un 60%.

Paglen describe su satélite como el primero en existir simplemente como un gesto artístico, aunque hay que recordar que antes que él la gente del proyecto Mayak ya intentó poner un reflector en órbita de características similares. Aunque lo mismo no se consideraban artistas.

(Vía Massimo).

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Por @Wicho — 21 de Noviembre de 2017

Impresión artística de ’Oumuamua - ESO/M. Kornmesser

La NASA ha completado otro paso más de cara al lanzamiento del telescopio espacial James Webb –ahora previsto ya para primavera de 2019– con la finalización de las pruebas de frío en la Cámara A del Centro Espacial Johnson.

Y es que en el espacio el telescopio debe mantenerse extremadamente frío para poder detectar la tenue luz infrarroja de objetos lejanos. Así, el Webb y sus instrumentos están diseñados para funcionar a unos 40 Kelvin (menos 233 Celsius), aunque el instrumento de infrarrojo medio (MIRI) necesita estar a menos de 7 Kelvin (menos 266 grados centígrados) para funcionar correctamente.

Para esto el JWST lleva un parasol que hará que aunque el lado que apunta al Sol esté a unos 85 grados Celsius el lado sombra esté a menos 240 Celsius sin necesidad de hacer nada, pues el frío del espacio y el diseño del telescopio se encargarán de ello. El frío extra que necesita MIRI, sn embargo, viene de un enfriador que le permitirá estar a la temperatura adecuada.

El parasol durante su emsamblado final

Pero antes de lanzarlo era fundamental comprobar que tanto los instrumentos de a bordo como los componentes ópticos funcionan correctamente a esas temperaturas, que es para lo que han servido estos casi cien días en la Cámara A.

Las pruebas han incluido tanto comprobar el funcionamiento de los instrumentos científicos como el de los sistemas que les permiten funcionar y, en especial, el del sistema que permitirá enfocar el telescopio.

Ahora el módulo OTIS, de optical telescope and integrated science instrument module, módulo integrado de telescopio óptico e instrumentos de ciencia –mucho mejor OTIS– será enviado a las instalaciones de Northrop Grumman Aerospace Systems en Redondo Beach, California, donde se integrarán con el resto de los componentes del JWST, que son el parasol y el bus espacial propiamente dicho, que es el que contiene los sistemas de propulsión, guiado, etc. Una vez totalmente integrado todo el observatorio se someterá a más pruebas durante lo que se conoce como «pruebas a nivel de observatorio» para comprobar que funcionan correctamente como un todo.

Impresion artística del JWST

Luego viene la ronda de pruebas que simulan las vibraciones y ruido durante el lanzamiento y las pruebas de despliegue del Webb –una maniobra de esas que dan miedito– antes de enviarlo al espaciopuerto de Kourou.

La misión cuenta sus cosas en Twitter como @NASAWebb.

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