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Categoría: Películas / TV

Homenaje al espacio en el cine

Cinema space tribute es una pieza de Max Shishkin que reúne clips de un montón de películas de ciencia ficción como homenaje al espacio en el cine.

La banda sonora es Mountains, de Hans Zimmer, de la banda sonora de Interstellar; el texto que se oye es Do not go gentle into that good night de Dylan Thomas, leído por Anthony Hopkins, texto que el profesor John Brand repite a menudo en Interstellar.

Se puede leer en español en No entres dócilmente en esta noche quieta.

(Vía @Tokaidin).

¡Dios mío, han matado a Buffy!

Buffy-Angel
Arriba: versión remasterizada y en 19:9, donde «los vampiros toman el sol»
Abajo: versión original «oscura y tenebrosa», en 4:3

Fox’s sad attempt at revamping Buffy is ruining the slayer (en The Verge) cuenta con todo detalle uno de los mayores desastres de las series de las últimas décadas: la restauración de la 20th Century Fox de la serie de culto Buffy Cazavampiros para su emisión en HD.

Al igual que con tantas series de la época, Buffy se rodó en formato 4:3 que era el que mejor se adaptaba a los televisores: nada de panorámico 16:9 ni nada más parecido como en el cine. Todo un problema de aspecto. Así que las leyes de la geometría dicen que si en un futuro has de hacer un «recorte», algo te has de dejar. En el caso de Buffy suceden dos cosas para desgracia de los espectadores: o se pierden grandes zonas de la imagen o de repente aparece parte del equipo de rodaje alrededor de los personajes (!)

Otro problema tiene que ver con el color: al remasterizar para alta definición una serie originalmente oscura y tenebrosa el resultado es casi ridículo por los vívidos colores de muchas escenas. En algunas surgen fallos tan absurdos como que escenas nocturnas parecen diurnas (!) Y, claro, tratándose de una serie de vampiros con aversión a la luz eso produce extrañas inconsistencias, como ver a alguno de los protagonista de ultratumba tumbado tomando el sol plácidamente en vez de estar bajo el tenue reflejo de la Luna.

El caso es que incluso Joss Whedon, su creador, ha dicho que la adaptación es un sinsentido. Lo cual es un tanto irónico, porque otra de sus grandes series, Firefly, se grabó en panorámico pero luego la Fox la recortó para emitirla por televisión.

¡Ah! Y para quien le interesen estos temas, cómo no recomendar de nuevo el famoso Everything you need to know about aspect ratio de FilmMaker IQ.

Linotype, The Film: La historia de uno de los inventos mecánicos más revolucionarios de nuestro tiempo

Esta delicioso documental titulado Linotype: The Film (2012) cuenta la historia de la linotipia, un invento que revolucionó a finales del siglo XIX la forma de preparar los textos para las imprentas.

Estos monstruosos victorianos, imposibles y descomunales artilugios mecánicos, eran máquinas con un solo objetivo: permitir que un operador pudiera teclear más rápido componiendo líneas que se fundían en metal al instante para luego ser encajonadas a mano en columnas y utilizadas en las imprentas de la época.

De ese apasionante universo tipográfico metálico provienen un montón de técnicas y terminología que todavía se utilizan en la actualidad. Las máquinas eran armatostes de dos toneladas que como explican los expertos «parecían más máquinas de Rube Goldberg que otra cosa». Funcionaban con mecanismos, cintas, correas y metal fundido. Podían matarte si no tenías cuidado con ellas, tal era su tamaño y el peligro si se metía la mano en el lugar equivocado. (Esa descripción me recordó al célebre relato Etaoin Schrldu de Fredric Brown, una de las muchas perla de la ciencia-ficción de este autor).

Linotype-Thefilm

Como auténticas reinas del steampunk estas máquinas «escritoras de líneas» (lino-type) utilizaban tipos (letras) individuales de ancho variable llamadas «matrices». Un gran avance era que se reutilizaban una vez empleadas como molde metálico: recorrían un laberinto mecánico del que caían en el lugar adecuado según unas marcas en sus bordes. Un ingenioso mecanismo permitía además «justificar» las columnas de las líneas insertando unas varillas de metal. Y los teclados utilizaban la configuración etaoin shrldu según la distribución de letras en inglés, no el qwerty.

Tan complejo era el invento que todos los que previamente habían intentado crear máquinas similares fracasaron miserablemente; tan solo en 1886 Ottmar Mergenthaler y sus socios dieron con un conjunto de mecanismos completos, fiables y duraderos tras resolver parte a parte diversos problemas en los que llevaban años trabajando. Incluso Edison admiraba a la linotipia. Y durante décadas este invento aceleró sobremanera la producción de textos, dando nacimiento a auténticas factorías de linotipistas que escribían a toda velocidad para periódicos y revistas. Quizá la mayor revolución para la escritura, las noticias y las revistas desde la invención de la imprenta.

Hoy en día mantener y manejar una linotipia es pura artesanía. Apenas hay piezas de repuesto pero, lo que es peor, cada vez menos gente tiene conocimientos sobre cómo funcionan los diversos mecanismos y cómo se reparan los problemas más habituales. Algunos mantienen estas máquinas como objetos históricos; ciertos museos intentan rescatar las que se encuentran por ahí para su preservación.

El documental de Doug Wilson es sencillamente brillante, toda una obra de amor al arte. Está narrado por algunas de las personas que todavía se relacionan con las linotipias, algunos tras vivir vidas enteras junto a ellas. Una relación que sin miedo podría decirse que era casi de amor por aquellas máquinas. Para cualquier interesado en el mundillo del diseño, la tipografía o la impresión tradicional es casi una obligación verlo – de lo que además sin duda disfrutarán. Se puede conseguir directamente en la tienda de la película; en la cuenta de Vimeo de la producción hay diversos trailers, entrevistas y material adicional que también merece la pena ver.

The Knick: drama y tecnología en los albores de la medicina moderna

The Knick / Cinemax

Ando estos días enganchado a The Knick (de Steven Soderburgh), una serie de diez episodios producida por Cinemax y protagonizada por Clive Owen que se podría resumir de muchas formas, pero por abreviar: Un Dr. House en el Nueva York de 1900.

Desde luego no es exactamente como House, aunque como buena serie de hospitales y médicos comparte muchos componentes: el protagonista superdotado, el amplio elenco de personajes con todo tipo de defectos y virtudes y la siempre complicada tarea de gestionar un hospital, mayor todavía en aquella época.

Trabajar como cirujano en el Knickerbocker a principios del siglo XX era mucho más enrevesado de lo que podríamos pensar. La ambientación de la serie, que @CristinaMacia ha bautizado como steamedical (steampunk + medical) es completamente genial. Esto incluye tanto las situaciones durante las operaciones como los cachivaches: los «recién inventados» rayos-x (incluso aparece Edison por ahí), el uso cotidiano de la cocaína o la llegada de la electricidad.

Ya sabemos que la medicina no es que sea precisamente la más exacta de las ciencias, pero el hecho es que mucha gente moriría hoy en día demasiado pronto si no se hubieran producido ciertos avances tecnológicos y médicos. Esta serie es en el más amplio sentido un gran homenaje a este hecho. ¡Ah! Y también hay que decir que es bastante «gráfica» en cuanto a la carnicería, no apta para almas débiles que no soporten ver la sangre (y demás) en todas sus variantes.

Además, como dice uno de los lemas de la serie, «la medicina moderna tenía que comenzar en algún sitio». Y lo que podemos encontrar en The Nick es precisamente un ambiente y unas historias en las que se combinan prácticas con teoría, logros científicos y relaciones humanas de todo tipo –recordemos que la sociedad en 1900 era todavía muy diferente de la que vivimos hoy en día– que bien merece la pena repasar.

De momento ya hay diez episodios de The Knick y la serie parece haber ido suficientemente bien como para que encarguen una segunda temporada. Ideal para una fría veladaa navideña.

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