Por Nacho Palou — 18 de Octubre de 2017

Algunas de las mejores cosas de la vida son... bueno, en este caso gratis no, pero casi.

Por 169,99 euros (más tres euros de gastos de envío) el SainSonic Kamlan 50 mm f/1.1 cuesta entre ocho y diez veces menos que otros objetivos de luminosidad parecida, como por ejemplo el 50 mm f/1.2 de Canon, aunque no sean directamente comparables.

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Si estás interesado en el Kamlan 50 mm f/1,1, que está disponible para cámaras con tamaño de sensor APS-C y micro cuatro tercios (como las de Sony, Canon EOS M y Fujifilm X), este vídeo de Kai Wong pone a prueba el esta “bestia del bokeh”.

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En el vídeo Kai cuenta algunas de sus virtudes y pegas: no es el objetivo más nítido del mundo, tiene algunas aberraciones ópticas en los laterales, el enfoque es manual... pero “a pesar de sus imperfecciones tiene sus virtudes, no decepciona y rebosa personalidad.”

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Por Nacho Palou — 11 de Octubre de 2017

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Yashica llevaba varias semanas dejando pistas sobre su regreso con una “cámara sin precedentes”. Se trataba de la cámara Yashica Y35 recién aterrizada en Kickstarter. Que un par de chavales utilicen Kickstarter para financiar su idea, bien. Que haga eso mismo una marca histórica como Yashica, raro. Pero eso es lo menos raro del regreso de Yashica — “regreso” si logra la financiación en Kickstarter, que es “a todo o nada”.

La Y35 revive en plástico “con acabado metálico” (léase, en plástico) la Yashica Electro 35 GSN, o es algo que se parece mucho. Pero de plástico. Eso sí, pagando un extra la correa de será de “cuero auténtico”. La Yashica Y35 cuesta entre 150 dólares (con un carrete) y hasta más de 300 dólares con cuatro carretes, correa de cuero y empaquetado especial.

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Por algún motivo la Y35 tiene un sensor de cámara de teléfono móvil, del mismo tamaño y con lo mismos megapíxeles (14). Funciona con dos pilas de tipo AA, tiene un objetivo fijo de 35 mm (f/2.8, cualquier móvil bueno tiene una apertura mayor), no tiene pantalla (para menús de ajuste y previsualizar) y utiliza algo parecido a “carretes” que Yashica llama “digiFilm.”

Sin embargo la cámara es digital —de las normalitas— y almacena las imágenes en una tarjeta SD. Así que los carretes no sirven para nada más que para modificar la forma en la que funciona la cámara.

Por un lado los “falsos carretes” sustituyen a los filtros y efectos habituales en las aplicaciones de cámara de los móviles, de Instagram o que se pueden aplicar a través de un programa de edición de imágenes, eliminado el concepto de “editar fotografías”.

Y por otro lado los no carretes son un reemplazo a los botones y menús de ajustes de la cámara por elementos físicos que se cambian según el efecto que se quiera conseguir — lo cual tiene su punto, aunque lo cierto es que no parece muy práctico.

De entrada habría tres no carretes: de uno de alta sensibilidad (ISO 1600) con grano, uno en blanco y negro (ISO 400), uno de alta nitidez (ISO 200) y uno que simula el formato 120.

Por cierto que con la Yashica Y35 antes de cada disparo hay que “avanzar” el “no carrete.”

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Por Nacho Palou — 6 de Octubre de 2017
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Fotografía: Playboy.

Para variar un poco el enfoque habitual de los obituarios dedicados Hugh Hefner, fundador de Playboy, Design Taxi recuperó hace unos días la anécdota de cómo Playboy contribuyó de forma indirecta a desarrollar el formato de archivo JPEG, How ‘Playboy’ Revolutionized Image-Processing, Accidentally Created The JPEG a partir de una serie de tuits de SwiftonSecurity recogidos en Mashable,

Lena Söderberg, conocida como La primera dama de internet, aparecía en el número de noviembre de 1972 de Playboy como Miss Noviembre. La fotografía de Lena ocupaba las páginas centrales y es posible que la hayas visto alguna vez.

La foto de Lena se convirtió en la imagen más utilizada en el desarrollo del procesamiento de imágenes de forma digital. Tanto que su fotografía fue una de las primeras que circularon por Internet debido precisamente a que se utilizaba para investigar la compresión digital de imágenes.

El equipo de investigadores de la universidad del Sur de California que trabaja en el procesamiento digital de imágenes solía experimentar con imágenes que tenían a mano. Pero necesitaban algo más adecuado, una fotografía con mejor color y con rostro humano.

Un día alguien apareció por allí con el número de noviembre de Playboy y la imagen central tenía todo lo que los investigadores necesitaban: cantidad de detalles, gradaciones de color y un sujeto atractivo y familiar.

La historia era ya conocida —la hemos mencionado alguna vez— y desde aquel momento la imagen fue ampliamente utilizada para el desarrollo de lo que después sería el formato de archivo de imagen JPEG. El formato JPEG se utiliza hoy ampliamente para todo aquello que tenga que ver con fotografías digitales — en ordenadores, internet, cámaras digitales o móviles.

Una imagen «lasciva y sexista»

La imagen original a doble página y desplegable fue cortada a la altura de los hombros para que encajara en un tamaño 512 x 512 píxeles. Años después, ya en los años de 1990, la fotografía de Lena se seguía utilizando por la ciencia. Esto provocó una fugaz disputa por los derechos de uso de la imagen que se resolvió con un acuerdo informal con Playboy, según cuentan en Mashable, que facilitó seguir utilizando la fotografía para el desarrollo de siguientes versiones de JPEG.

Con el tiempo sin embargo esa imagen dejó de usarse debido “tanto a su origen lascivo y sexista como a razones puramente prácticas, ya que los algoritmos modernos sobrepasan el rango de esa imagen”.

También The Atlantic contaba esta historia hace algún tiempo en The Playboy Centerfold That Helped Create the JPEG.

Vía Fstoppers, vía Design Taxi.

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Por @Alvy — 4 de Octubre de 2017

Esta película en stop-motion de Páraic Mc Gloughlin es un experimento visual en el que se recorren diversos lugares buscando algún elemento común: una persona, un vehículo, una farola… Artísticamente él lo interpreta como

(…) Un viaje que explica algunas ideas acerca de las decisiones, las elecciones, las consecuencias, las circunstancias y el tiempo – entre otras cosas. Una percepción personal de cómo intentamos encontrar aquello que estamos buscando. La película se centra en objetos, gente y lugares que comparten características comunes, nuestra conexión los unos con los otros y nuestro entorno, en los muy similares –aunque diferentes– caminos que compartimos.

Algunas de las escenas son ciertamente brillantes y curiosas y la técnica me pareció bastante original – algo que no es fácil de encontrar en estos días en los que «todo está ya inventado».

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