Por @Alvy — 21 de Noviembre de 2017

Mike Kelley Airport Photography

Mike Kelly es un fotógrafo al que ya conocíamos por sus asombrosos trabajos y montajes con los aviones como protagonistas. Ahora ha preparado una nueva serie de fotografías de aeropuertos desde las alturas. La técnica: tomas desde un helicóptero – raro sería que le hubieran dejado hacerlo de otro modo en un sitio tan delicado.

La serie, titulada Life Cycles, incluye tanto aeropuertos convencionales (LAX) como otros sitios peculiares llenos de aviones, en especial un aeródromo logístico al sur de California donde los aviones reposan sobre pistas de arena –cual cementerio de elefantes– incluyendo «zonas de mantenimiento» donde se agolpan de forma apelotonada.

Mike Kelley Airport Photography

Muchas de las fotografías de los siete vuelos de helicóptero que tuvo que realizar para hacer todas las tomas están hechas desde gran alturas y dejan ver las simetrías y las estructuras más reconocibles de las terminales. Otras son tomas más cercanas y permiten ver hasta los más pequeños detalles de los aviones y su entorno.

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Por Nacho Palou — 21 de Noviembre de 2017

En D'Marge publican algunas inusuales fotografías de Air Koryo, la aerolínea estatal de Corea del Norte. Las imágenes son del fotógrafo Arthur Mebius y son sólo una muestra de las que recopila en su libro Dear Sky: The Planes and People of North Korea’s Airline que Arthur Mebius ha podido publicar gracias a la financiación colectiva.

Air Koryo es considerada como “la peor aerolínea del mundo” debido a que los niveles de seguridad y de emisiones (de gases y acústicas) de su flota están fuera de cualquier mínimo olímpico exigido en la actualidad.

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Fotografía: Arthur Mebius, autor del libro Dear Sky: The Planes and People of North Korea’s Airline.

Esto es debido a que los aviones de Air Koryo tienen su origen en la era soviética, independientemente de que la construcción de algunos aviones sea más o menos reciente. “La veterana flota formada por aviones Antonov, Ilyushin y Tupolev es demasiado antigua como para realizar vuelos internacionales, pero la tripulación sigue estando preparada y los vuelos chárter dedicados a la aviación norcoreana se llenan rápidamente de turistas curiosos,” dicen en D'Marge.

Cuestiones políticas al margen, la flota de la era soviética de Air Koryo impide a la aerolínea volar a casi ningún lugar del mundo, con excepción de China y Rusia, lo que añade un toque de surrealismo a las fotografías de Arthur Mebius.

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Por @Alvy — 19 de Noviembre de 2017

Todos hemos visto alguna vez películas a cámara lenta de cómo vuelan balas y proyectiles de todo tipo a grandes velocidades. ¿Cómo demonios se filma eso? Porque no es lo mismo grabar a velocidad ultrarrápida, –ya sean 1.000, 10.000 o 100.000 fotogramas por segundo– una escena estática que hacer el seguimiento de una bala o un proyectil que viaja a 1.500 metros por segundo o más. ¿Se puede mover tan rápido y con tanta precisión una cámara?

La respuesta tiene una sola palabra: espejos. Paul Shillito de Curious Droid lo explica haciendo un repaso de las técnicas y modelos que se usan para grabar escenas como esas. (Y de paso nos enseña otra de sus vistosas camisas, de las que somos fans.)

La técnica más habitual es que el sensor (o película) de la cámara están fijos y son unos mecanismos articulados los que mueven unos espejos que consiguen «apuntar» –realizando el barrido lateral– de forma muy precisa al objetivo de la filmación. Lo normal hoy en día es que ese seguimiento se haga por láser, aunque también puede estar sincronizado y precalculado, ya sea linealmente o no linealmente. Los movimientos pueden ser ultraprecisos de modo que los proyectiles queden siempre centrados y enfocados, la imagen nítida y el resultado se puede analizar perfectamente.

La otra variante de filmación ultrarrápida que se describe en el vídeo es la de las explosiones nucleares. Esas cámaras se diseñaron para grabar los primeros microsegundos de las explosiones y analizar cómo se comprimía el plutonio tras una primera explosión para iniciar la reacción en cadena; si esto no sucede de forma precisa la bomba no funciona o no es eficiente. Las cámaras de entre 10.000 y 100.000 fotogramas por segundo se quedaban cortas, así que hubo que inventar otras que grabaran a 10 millones de fps (uno cada 100 nanosegundos) y posteriormente se multiplicó todavía por diez esa velocidad.

Ni siquiera los espejos podían moverse tan rápido, de modo que el truco fue «simular muchas cámaras» a lo largo de un recorrido circular más amplio. Estas cámaras utilizan un gran tambor con la película fotográfica (hoy en día, sensores CCD) y el espejo rota en su interior hasta a 300.000 revoluciones por minuto. Son tan rápidas que interior de la cámara se rellena al 98% con helio para reducir la fricción y utilizan cientos de sensores que graban simultáneamente.

Una variante moderna de esta técnica es la cámara con un sistema de espejos capaz de seguir un objeto a 1.000 imágenes por segundo que puede grabar con precisión un partido de ping-pong – manteniendo siempre la pelota en el centro mediante un sistema de láser y espejos giratorios.

Relacionado (feat. Shillito):

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Por @Wicho — 19 de Noviembre de 2017

Tormenta sobre Panamá por Santiago Borja

Me han encantado las fotos de tormentas de Santiago Borja, copiloto de Boeing 767 para una aerolínea sudamericana, no sólo porque están muy bien sino porque están hechas desde la cabina el avión.

Sólo tengo que reprocharle que no haya publicado más y que tenga el blog, en el que habla de su experiencia haciendo fotos desde allí arriba, bastante abandonado. Pero a fin de cuentas tiene el trabajo con mejores vistas del mundo, así que tampoco se puede poner uno muy serio con eso.

Su trabajo me ha recordado mucho a las de los españoles Ismael Jordá y Jordi Martín, otros hachas haciendo fotos desde la cabina.

Desde la cabina de un A330 por Ismael Jordá

Barcelona por Jordi Martín

Hay una entrevista a Ismael acerca de cómo se vuelve uno aerotrastornado del ramo de fotografiar aviones en la web de la Asociación de Amigos del Museo del Aire. Jordi es co-autor del libro El tiempo visto desde el cielo.

(Lo de Santiago vía Cultura inquieta y H).

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