Por Nacho Palou — 14 de Febrero de 2017

Parque eolico (c) Nacho Palou

En Wired, Harvard has created a 'liquid' battery that could last for more than a decade,

El equipo de investigadores ha desarrollado una batería recargable de tipo batería de flujo que almacena la energía en una solución líquida. La solución modifica las moléculas de los electrolitos, de ferroceno y viologeno, para hacerlos estables, solubles en agua y para evitar que se degraden con el tiempo: disueltas en agua, las moléculas sólo pierden el 1 por ciento de su capacidad por cada 1000 ciclos de carga [descargas y recargas completas de la batería]. La batería no es tóxica, no es corrosiva [ni explosiva] y dura mucho más tiempo que las actuales de iones de litio. Tanto como diez años en lugar de unos meses.

Además su coste es relativamente bajo, de unos 100 euros por kWh. Aplicadas al almacenamiento de energía producida por fuentes renovables (como la eólica o solar), este tipo de baterías podrían competir en costes con las plantas de energía convencionales. Y ser aptas también para el uso doméstico, ya que al no ser corrosivas ni nocivas estas baterías pueden construirse con materiales convencionales y no suponen ningún riesgo, aunque sí algo de mantenimiento.

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Por @Alvy — 26 de Enero de 2017

RogueNASA

Son tiempos difíciles para la rebelión…

– Star Wars, episodio V

Un grupo de empleados descontentos de la NASA han creado RogueNASA, una cuenta no-oficial de carácter rebelde en el que irán publicando datos y hechos científicos sin tener que pasar por el aro de la administración estadounidense.

RogueNASA
«Es triste que los empleados del gobierno tengamos que crear cuentas rebeldes en Twitter simplemente para comunicar HECHOS a la población americana»

Han surgido más de una decena de rogues de este estilo en solidaridad con una cuenta de los parques nacionales (@BadlandsNPS) que publicó datos científicos sobre el clima (ni siquiera usaron el término «cambio climático») y fue fulminantemente cerrada y luego reabierta tras una orden de la administración Trump.

La situación es tan WTF para los científicos como que la orden directa de la administración es no hacer públicos estudios científicos ni datos a la EPA (agencia medioambiental) sin que previamente pasen por «una revisión por el staff político».

A este paso las cuentas rebeldes acabarán teniendo más capacidad de difusión que las cuentas «oficiales» y el zasca del megaefecto Streissand se va a oir hasta en Murcia. ¡Ah, qué raro es este mundo de las realidades de hechos alternativos!

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Por Nacho Palou — 24 de Enero de 2017

Un minidocumental de Ashlee Vance para Bloomberg, en inglés, que documenta cómo se extrae el litio en el salar del desierto de Atacama, en Chile, a partir del carbonato de litio.

El salar de Atacama forma parte del llamado triángulo del litio localizada en el cono sur, en el límite de Argentina, Bolivia y Chile. Se calcula que almacena más del 85 por ciento de las reservas de litio conocidas. Especialmente el Salar de Uyuni, en Bolivia, del que se cree que podría almacenar hasta la mitad de las reservas mundiales.

El litio es actualmente un metal clave en la construcción de las baterías de coches eléctricos y dispositivos electrónicos, y a pesar de que las reservas en el triángulo de litio se equiparan con las reservas de petróleo en Arabia Saudí ya existen dudas de que sean suficientes para tanto coche eléctrico.

Este temor es similar al que existió antes (y todavía hoy) con respecto al petróleo, y antes con el carbón, y mucho antes con el aceite de ballena e incluso la madera. Pero lo que suele suceder en estos casos es que antes de que se agote un recurso venga otra tecnología que reduzca su uso y hasta prescinda de él. Con la ventaja de que —a diferencia de lo que sucede con el petróleo o con el carbón— el litio es puede reutilizar y reciclar.

Vía The Kid Should See This.

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Por @Alvy — 20 de Enero de 2017

Puede parecer peligroso. Pero estadísticamente es más peligroso ir a trabajar en coche.

Este precioso mini-documental de Great Big Story tiene unas imágenes preciosas a vistas de dron: las de los campos de aerogeneradores y la gente que trabaja en las labores de mantenimiento y reparación de las gigantescas turbinas eólicas y sus hélices. Algo así como ser los mejores amigos microscópicos de los gigantes de los campos, pero en versión siglo XXI.

Jessica Kilroy es una de estas técnicas y narra su experiencia cotidiana: subir hasta 100 o 150 metros de altura por una pequeña escalera, echar un vistazo a las asombrosas vistas y arreglárselas para reparar lo que esté estropeado: a veces mediante lija, reemplazando piezas o simplemente haciendo el mantenimiento rutinario. Las averías típicas incluyen hélices y palas rotas debido a los vientos (aunque suelen funcionar con vientos de 30 o 40 km/h a veces llegan a duplicar esa velocidad). Los aerogeneradores suelen ser también las estructuras más altas de las zonas campestres en que están instalados, de ahí que mirar desde las alturas suela ser lo más espectacular imaginable.

Dice Kilroy que para ella es toda una experiencia poder dedicarse a algo que no solo le gusta –otra de sus pasiones es la escalada– sino que además se siente especialmente útil al contribuir en un negocio de energías limpias para cuidar el planeta. El dato es que en Estados Unidos hay 4.400 técnicos en trabajos de este tipo, cifra que se duplicará en los próximos diez años.

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