Por @Wicho — 17 de Octubre de 2017

Los incendios que estos días han arrasado Asturias, Galicia y Portugal–entre otras regiones europeas– han puesto de manifiesto la importancia de estar preparados para dar una respuesta a este tipo de situaciones.

I-React, de Improving Resilience to Emergencies through Advanced Cyber Technologies, o Mejorando la resiliencia a las emergencias a través de cibertecnologías avanzadas, aunque también se puede leer como «yo reacciono», es un proyecto de la Comisión Europea que busca mejorar la capacidad de prevención, preparación y respuesta ante incendios y fenómenos climatológicos extremos.

El proyecto tiene como objetivo desarrollar una nueva plataforma de respuesta a emergencias a nivel europeo capaz de integrar información proveniente de distintas tecnologías y analizarla en tiempo real. Para ello integrará información de los actuales sistemas de prevención de emergencias europeos y la completará con información obtenida de satélites, como por ejemplo los Sentinel del programa Copérnico, drones e incluso información disponible en redes sociales u obtenida a través de ciudadanos que tengan instalada la aplicación de I-React en su móvil.

App

La idea es que así ciudadanos, protección civil y autoridades puedan prevenir y reaccionar ante desastres de la manera más efectiva posible.

El proyecto, Liderado por el Instituto Superior Mario Boella (ISBM) de Turín, Italia, está financiado por el programa de investigación e innovación de la Unión Europea Horizonte 2020 y tendrá una duración de 3 años. Involucra a 20 socios participantes europeos de nueve países, entre ellas tres empresas españolas (Meteosim, Answare y Scienseed).

Se puede seguir la actividad del proyecto en su blog, a través de su cuenta en Twitter, @IREACT_EU, o en Facebook.

[El vídeo tiene subtítulos en inglés, aunque la traducción automática de YouTube no lo hace mal del todo.]

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Por Nacho Palou — 16 de Octubre de 2017

Hellisheidi power plant arni saeberg
Planta geotérmica de Hellisheidi. Fotografía: Arni Saeberg.

La planta energética geotérmica de Hellisheidi, en Islandia, tiene una capacidad de producción de 300 MW de electricidad y de 120 MW de agua caliente aprovechando el calor del volcán Hengill. Aunque las emisiones de CO2 de esta planta son un 5 por ciento de la que emitiría una planta energética de potencia equivalente pero que quemase carbón, además la planta de Hellisheidi captura una parte de esas emisiones de CO2 y las convierte en roca, para evitar que se libere en la atmósfera.

El CO2 no es un gas tóxico, pero el exceso liberado por la actividad humana que no se absorbe de forma natural es el principal causante del calentamiento global.

Desde 2007 un grupo de investigadores trabaja en las planta energética de Hellisheidi para desarrollar un método que capture el CO2 producido en el proceso de generación eléctrica. Es parte del proyecto CarbFix de la Unión Europea. Ahora junto con la compañía suiza Climeworks los investigadores han construido un prototio de planta industrial DAC (Direct Air Capture) que es la primera instalación de “emisiones negativas de CO2”. Esto significa que, a diferencia de lo que sucede normalmente con la actividad industrial —que genera emisiones de CO2— la planta de Climeworks atrapa el CO2 y lo convierte en roca.

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Muestra de roca basáltica que contiene los minerales carbonatados en los cuales queda atrapado el CO2. Fotografía: Sandra O Snaebjornsdottir.

Dicho llanamente, se trata de la industrialización de un proceso de natural de captura del CO2 del aire: la instalación extrae el CO2 de los gases emitidos por la planta (también atrapa el sulfuro de hidrógeno) y lo bombea diluido en agua a entre 400 y 800 metros de profundidad, hacia terreno formado por rocas de basalto. El mineral resultante mantiene atrapado el CO2 asegurando que no escapará a la atmósfera “en el próximo millón de años.”

Un proceso natural de miles de años reducido a meses

Según Quartz, este proceso de mineralización en su forma natural requiere cientos o miles de años. La planta de procesado de Climeworks emula ese proceso pero recorta el tiempo a menos de dos años, al menos en Islandia.

Esta velocidad probablemente tiene algo que ver con la geología local. Los acuíferos de arenisca, el tipo de sistema rocoso más estudiado cuando se trata de sistemas de inyección de dióxido de carbono, reaccionan muy lentamente con el CO2. La roca de basalto, por otra parte, parece reaccionar mucho más rápidamente, probablemente debido a la presencia de metales como el hierro y el aluminio.

Al tratarse de una isla de origen volcánico Islandia está formada en un 90 por ciento por basalto. Se trata de una roca rica en elementos como el calcio, el magnesio y el hierro, necesarios para la mineralización del carbono, según explican en Turning CO2 into rock.

Climeworks schematic
Ciclo de captura de CO2 del aire de Climeworks.

Bajo tierra, la mezcla de agua y de CO2 reacciona rápidamente al contacto con las rocas basálticas formando carbonatos minerales. Según los investigadores, “almacenar el CO2 como mineral carbonatado incrementa significativamente la seguridad del almacenamiento, lo que debería mejorar la percepción pública del proceso de captura y almacenamiento de carbono como una tecnología que es efectiva para combatir el cambio climático.”

El delicado ciclo natural del CO2

El CO2 tiene su propio ciclo natural que mantiene un frágil equilibrio entre lo que la naturaleza emite y lo que la naturaleza absorbe.

El CO2 que emite la naturaleza (desde los océanos y la vegetación) se compensa con las absorciones naturales (de nuevo por los océanos y la vegetación). Así que las emisiones humanas alteran el equilibrio natural aumentando el CO2 hasta niveles que no se han visto en al menos los últimos 800.000 años. De hecho, el ser humano emite 26 gigatoneladas de CO2 al año, mientras que el CO2 en la atmósfera está aumentando en algo más de la mitad, 15 gigatoneladas al año, lo que significa que en gran parte de las emisiones humanas están siendo absorbidas por los sumideros naturales.

El problema es por tanto la otra mitad de esas emisiones humanas (por la quema combustibles fósiles, sobre todo) que no son absorbidas por los sumideros naturales: ese “extra” de CO2 se acumula en la atmósfera y causa el llamado “efecto invernadero”, aunque el CO2 no es el único motivo. Como consecuencia, igual que sucede en el interior de un invernadero, aumentan las temperaturas promedio del aire y de la superficie —tierra y océanos.

La planta de Climeworks por ahora trabaja a pequeña escala al tratarse de un prototipo funcional para probar el método de captura de CO2. Eso impide por ahora evaluar el coste del sistema y limita el volumen de gas capturado (unas 5000 toneladas cada año, por ahora) aunque una vez probado el método la compañía tiene previsto incrementar el tamaño de la planta y el volumen de aire que puede procesar.

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Por @Wicho — 13 de Octubre de 2017

Sentinel 5P en órbita

Un misil intercontinental Rockot/Briz-KM reconvertido para tareas más pacíficas ha sido el encargado de poner en órbita el satélite medioambiental Sentinel 5P del programa Copérnico de la Unión Europea.

Sentinel-5 Precursor tiene como objetivo medir la polución del aire, y lo hará mediante un instrumento bautizado como Tropomi, de Instrumento de Monitorización de la Troposfera. Por lo demás se trata de un satélite relativamente estándar fabricado utilizando un diseño ya probado en otras misiones, la plataforma AstroBus-L 250 M, lo que ha ayudado a mantener el coste razonablemente bajo.

El programa Copérnico, de la Agencia Espacial Europea y la Unión Europea, es una red de vigilancia medioambiental que tiene como objetivo mantener bajo observación la superficie de la Tierra, sus océanos, y su atmósfera para poder contribuir con datos a la toma de decisiones ambientales y de seguridad.

Sentinel 5P, con una vida prevista de al menos siete años, contribuirá con un millón de gigabytes de datos, lo que es equivalente a unos 213.000 DVD.

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Por @Wicho — 11 de Octubre de 2017

Los Sentinel

El programa Copérnico de la Unión Europea es un programa de observación de la Tierra que tiene como objetivo proporcionar información precisa, actualizada y de fácil acceso para mejorar la gestión del medio ambiente, comprender y mitigar los efectos del cambio climático y garantizar la seguridad ciudadana.

Las misiones Sentinel son los ojos en el espacio del sistema y uno de sus principales activos, ya que cada día proporcionan montones y montones de datos que son almacenados y puestos a disposición de quien quiera utilizarlos.

Constan, ahora mismo, de cinco tipos de satélites o instrumentos dedicados y de dos instrumentos que formarán parte de la carga útil de los satélites Meteosat de tercera generación y en los MetOp de segunda generación. De ellos ya están en órbita los Sentinel 1A y 1B, los Sentinel 2A y 2B, el Sentinel 3A, y está a punto de ser lanzado el Sentinel 5P.

Preparativos para el lanzamiento del Sentinel 5P

Y están funcionando tan bien que no sólo se ha decidido aumentar el número de satélites Sentinel 2 de dos unidades a cuatro, lo que permitirá actualizar las imágenes que obtienen con más frecuencia, sino que además, según se puede leer en Europe plans Sentinel satellite expansion, Josef Aschbacher, el director del programa de observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea, está pensando en añadir nuevas misiones al programa.

Las ideas que maneja son una misión para medir niveles de CO2, una con capacidad de hacer observaciones en el infrarrojo, una versión mejorada de los Sentinel 2 capaz de captar imágenes en un espectro más amplio de frecuencias, y otros tres satélites que podrían ser utilizados para estudiar las regiones polares, tanto en lo que se refiere a medir la capa de hielo que las cubre como para detectar icebergs que puedan suponer un peligro para la navegación.

Su objetivo es proponer estas nuevas misiones a los ministros correspondientes a finales de 2019 y ver qué pasa; dice que es mejor ser ambicioso que quedarse corto, que siempre hay tiempo de recortar.

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