Por @Wicho — 15 de Noviembre de 2017

Píldoras, sensor y tableta

La Administración de Alimentos y Medicamentos, más conocida como FDA, el organismo estadounidense que se encarga, entre otras cosas, de la regulación de los medicamentos en el país, acaba de dar el visto bueno a la primera píldora capaz de avisar cuando ha sido ingerida.

Abilify, que tiene como principio activo el aripiprazol, es un medicamento utilizado para el tratamiento de la esquizofrenia, desórdenes bipolares, y como complemento de otros tratamientos en el caso de la depresión. Pero el problema es que a menudo los pacientes dejan de tomarlo o no siguen la pauta indicada por sus médicos.

Abilify MyCite es una versión de estas píldoras que llevan en su interior un sensor que se activa al contacto con los ácidos gástricos cuando la píldora se disuelve en el estómago. Este sensor emite una señal que es recibida por un parche que el paciente ha de llevar en la parte izquierda de su torso, sobre las costillas, que a su vez la manda a una aplicación en una tableta o en un teléfono móvil. El sensor, una vez cumplido su cometido, es evacuado.

Las píldoras y el sensor

El paciente puede ver así si está tomándolas con la pauta prescrita –y no es muy complicado que la aplicación pueda avisar de cuando toca la siguiente– pero sobre todo, siempre que el paciente lo autorice, la aplicación puede compartir la información con familiares, cuidadores y médicos.

Esto sin duda será de una gran ayuda a la hora de asegurar el cumplimiento terapéutico, y seguro que Abilify MyCite va a ser sólo el primero de muchos medicamentos que adopten esta tecnología.

Aunque también suscita cuestiones de privacidad que habrá que tratar, ya que, por ejemplo, una aseguradora podría decidir subir la cuota de la póliza a un paciente que recurrentemente no cumpla con las pautas de medicación prescritas, o incluso puede decidir cancelar póliza.

Pero desde el punto de vista de mejorar la atención al paciente es la repera, como dijo Charo al enterarse.

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Por @Alvy — 15 de Noviembre de 2017

Utilizando una combinación de las Hololens de Microsoft y un pequeño sensor biométrico de estrés Robert Burke ha recreado una versión «jugable» de uno de los más viciosos videojuegos jamás inventados en nuestra galaxia, el que aparece en el episodio The Game (5x06) de Star Trek: La nueva generación.

En aquel episodio al Comandante Riker lo lía una pelandrusca ktariana mientras está de vacaciones y regresa a la nave con una especie de gadget que se coloca en la cabeza, a modo de videojuego de que da gustito cuando avanzas niveles. Pronto lo comienzan a utilizar (y replicar) todos los tripulantes del Enterprise. Se vuelven adictos y el vicio se propaga sin fin, poniendo en peligro la nave – aunque al final pese a los «lavados de cerebro» sufridos salvan la situación, como no podía ser de otra forma.

The Game / Star Trek: The Next Generation

Hay quien vio en el episodio la simbología de adicción a las nuevas drogas y a los videojuegos. (Estamos hablando de 1991). Hoy en día se podría ver prácticamente la misma imagen en la calle con la gente que vive pegada al móvil. ¿Premonición?

De vuelta al siglo XXI, el invento de Burke reproduce una versión del juego en el que todo consiste en relajarse para meter unos discos en una especie de embudos abstractos, como en el original. El jugador lo ve todo a través de las gafas Hololens AR –hay una primera demostración con el asistente de voz– aunque en el juego el estrés lo mide un sensor llamado Pip que se inserta en el dedo y se comunica por Bluetooth.

El software simplemente comprueba que uno está relajado y entonces los discos comienzan a volar hacia los embudos; si se detecta estrés en cambio no se puede avanzar en el juego porque los discos no entran. Un mero entretenimiento a modo de demostración tecnológica. Y tiene un detalle bastante trekkie: el autor ha recreado la interfaz LCARS del ordenador del Enterprise (01:42) para controlar el juego.

(Vía Futurism.)

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Por @Alvy — 13 de Noviembre de 2017


Tecnología para el sueño de la inmortalidad a partir de 01:03:00

Este verano me contactó por Twitter Martín Expósito de Los Crononautas. Conocía su trayectoria desde hace años, cuando empezó en La rosa de los vientos de Onda Cero Radio, donde tenía sus secciones Azul y Verde y El Termómetro de la Tierra junto con el mítico equipo de comentaristas y divulgadores capitaneados por el legendario Juan Antonio Cebrián.

Martín resultó ser seguidor de Microsiervos y quería ofrecerme participar en su ágora radiofónico cuando comenzara la segunda temporada de Los Crononautas. Se trata de un podcast que se autodefine como «un programa de radio del pasado que sólo se escucha en el futuro». Resultó ser un tipo tan majo como uno se imagina por la radio y la experiencia me apetecía un montón, así que acepté encantado.

Tan pronto como pudimos empezamos a grabar y el resultado ya está en la red, como parte de Los Crononautas #S02E07. El programa tiene sus estupendas secciones habituales de cómics, filosofía, historia y ahora también esa combinación de ciencia divulgativa y tecnología que nos gusta por aquí. Se puede escuchar a través de iVoxx, iTunes o directamente con el reproductor web.

La sección de esta semana trata sobre toda esa tecnología que nos vende el «sueño de la inmortalidad»: desde la criónica a los órganos impresos en 3D, la clonación, el transhumanismo y la singularidad tecnológica, hasta llegar a la inmortalidad biológica. Todo ello con una mezcla que siempre está entre lo científicamente posible y lo deseable (¡o no!), sobre lo que hay mucha esperanza pero también repelús, aunque cuando menos con interesantes posibilidades de futuro sobre las que es interesante indagar.

Estuvimos grabando más tiempo del previsto y como suele suceder surgieron más preguntas que respuestas. A mi personalmente eso me parece quizá lo más interesante tanto de los blogs como de las revistas o los programas de radio. Así que en próximas semanas repetiremos.

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Por @Alvy — 10 de Noviembre de 2017

Jamie, uno de los Cazadores de mitos originales tiene un curioso proyecto llamado Vortrex que básicamente consiste en unos zapatos eléctricos con ruedas que sirven tanto para caminar más rápido como para aplicaciones de realidad virtual (haciéndolos funcionar «al revés»).

El proyecto lleva décadas literalmente en la cabeza de Jamie (desde que usó un taladro eléctrico para propulsar las ruedas de unos rollerblades en 1987) y desde 2010 ha desarrollado ya seis prototipos con diversas funcionalidades en pos del invento final.

Entre los prototipos hay de todo: algunos demasiado inestables, otros que son simples plataformas con rodillos sobre las que instalaron unas zapatillas Crocs, otros que son botas militares con rollerblades motorizados… Todos tienen un sensor que responde al movimiento de los pies, coordinación entre los dos zapatos, etcétera. Básicamente se puede ir a toda leche «caminando mientras los patines ruedan» (como ir andando por una cinta transportadora, más o menos).

Vortrex

El diseño final –séptima generación– incluye unas grandes ruedas traseras y varios rodillos y también puede funcionar al revés. Esto hace que sirva para desandar lo andado, en otras palabras: quedarse en el sitio mientras se camina. ¿La utilidad de esto? Para los juegos y aplicaciones de realidad virtual (VR) en los que puedes querer andar por un enorme escenario pero a la vez no pegarte golpes contra las paredes (ni tener que usar suelos especiales, arneses ni nada parecido). Es como hacer moonwalking pero con asistencia mecánica. Técnicamente esto se logra mediante una brújula electrónica, Bluetooth y comunicación directa con las gafas VR.

Para el desarrollo de este prototipo de séptima generación se ha propuesto en IndieGoGo una meta de 50.000 dólares, de los que ya lleva casi unos 8.000 –curiosamente vendiendo «kits de supervivencia» que poco o nada tienen que ver con los zapatos eléctricos. A ver qué tal se le da y si vemos completarse el proyecto en unos meses.

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