Por Nacho Palou — 15 de Marzo de 2017

Wolverine, desarrollado por el Shape Lab de la Universidad de Stanford, es el nombre de esta suerte de cruce entre un guante de realidad virtual y las garras de Lobezno. Se trata de un dispositivo háptico que tiene la capacidad de simular la solidez de un objeto que existe únicamente en un entorno virtual.

El dispositivo —que ha sido diseñado para resultar económico, simple y ligero— proporciona mediante unos motores una fuerza contraria a la que se ejerce al coger un objeto con la mano. De este modo aunque se esté cogiendo un objeto virtual el usuario siente una resistencia entre los dedos y el pulgar según la forma (cúbica, triangular, esférica) y la densidad del objeto, con el fin de proporcionar la sensación física y real de estar cogiendo un objeto sólido.

Relacionado,

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 13 de Marzo de 2017

El vídeo a cámara muy muy lenta recoge un disparo de prueba de un misil Longbow Hellfire desde el buque USS Detroit de la armada de EE UU, a finales del mes pasado. Este tipo de misiles pueden dispararse desde el aire contra objetivos en tierra o desde tierra contra objetivos terrestres; por ejemplo, desde buques hacia pequeñas embarcaciones enemigas o piratas, con un alcance máximo de 8 km.

Cada uno de esos artilugios, fabricado por Lockheed Martin, cuesta 110.000 dólares. Mide 1,63 metros y pesa algo menos de 50 Kg. Aunque no se indica cuál es la velocidad inicial en el disparo, en vuelo el misil puede alcanzar los 1530 km/h — 1,3 Mach o 1,3 veces la velocidad del sonido. España es uno de los países que operan este tipo de misil.

Vía Inverse.

Relacionado,

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Alvy — 13 de Marzo de 2017

MICR Code

La E-13B es una tipografía especial que se usaba (y todavía se usa) como parte del Código MICR, una tecnología que permitía –originalmente– leer los números de los cheques bancarios gracias a que estaban impresos con tóner magnético (básicamente tóner con óxido de hierro). Al pasar los números bajo un cabezal similar al de las cintas de casete se podían «leer» rápidamente identificando su señal magnética.

El sistema era efectivo al 99% incluso aunque se hubiera escrito con tinta sobre los dígitos o el papel estuviera ligeramente arrugado, dado que esto no afectaba a la cantidad de óxido de hierro presente. Los números y otros caracteres especiales (interno, terminador, cantidad y ruta) se situaban más o menos siempre en la misma línea (en la parte inferior de los cheques) para facilitar su lectura.

El invento del MICR data de los años 40; a lo largo de los 50 se estandarizó el concepto hasta llegar a la versión denominada E13B MICR: la E indica que era la quinta fuente considerada, el 13 que el tamaño era de 0,013 pulgadas y la B que era la segunda versión. En los años 60 pasó a ser estándar ANSI e ISO y a usarse en todas partes.

MICR Code

Con el tiempo surgieron tipografías completas aunque bastardas, que no respetaban el concepto original. Entre ellas estaba la Westminster. Básicamente son tipografías de aspecto «futurista» (para los años 60 y 70, claro) que además de los dígitos originales de la MICR contenían las letras y los signos de puntuación – y sobre las que no se podía aplicar la idea del tóner magnético ni se podían leer por ese sistema.


Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Alvy — 11 de Marzo de 2017

US Frequency Allocation / Radio Spectrum

Me encontré este magnífico y descomunal gráfico en la Wikipedia; es una visualización de la Asignación de frecuencias en el espectro de radio [PDF, ampliable y en varios formatos]. El contenido corresponde a los Estados Unidos; cada país tiene uno similar aunque con algunas frecuencias asignadas de forma diferente por razones técnicas o históricas.

Para situarnos y que nadie se pierda: la imagen en blanco y negro de la parte de abajo es el espectro electromagnético completo, es decir todas las frecuencias que conocemos en el universo, desde las extremadamente bajas (3 Hz: hercios o ciclos por segundo) a las más altas (300 EHz: exahercios o trillones de ciclos por segundo).

The Spectrum

El espectro de luz visible está alrededor de los 300 THz (entre el ultravioleta y el infrarrojo) y es lo que ven directamente nuestros ojos; todo lo demás es «invisible» pero está ahí: las microondas y las ondas de radio – que son las que utilizamos en comunicaciones: van entre 3 kHz y 300 GHz, en naranja en el dibujo. Como eso es lo que más interesa en telecomunicaciones esa zona naranja está ampliada arriba y equivale a una gigantesca banda con mucho más detalle, comenzando por arriba a la izquierda (3 kHz) y siguiendo línea a línea hasta llegar abajo a la derecha (300 GHz). El uso debe estar regulado nacional e internacionalmente porque de no hacerlo unas comunicaciones interferirían con otras – y no queremos que eso suceda.

Los diferentes colores intentan servir de guía para no perderse demasiado, aunque hay muchos: los hay para aeronáutica (navegación, satélite y móvil), radioastronomía (amarillo), aficionados (verde oscuro), navegación marítima (verdes más claros), operaciones en el espacio (granates), telefonía móvil (morados), señales horarias, meteorológicas y demás. La fila inferior muestra en negro las que están compartidas por el gobierno y otras entidades, mientras que las rojas son exclusivas del gobierno y las verdes exclusivas de los civiles. Los servicios primarios van en MAYÚSCULAS y los normales en minúsculas.

The Spectrum / 3 GHz

Se pueden ver grandes áreas dedicadas a la radio AM (azul oscuro), televisión (azul eléctrico) y muchísimas bandas de telefonía móvil (rosas). Algunas zonas son auténticos puzzles con frecuencias en las que diversos servicios como la telefonía, la meteorología, la navegación y la radiolocalización están apretadas como sardinas en lata.

El gráfico es de 2003, pero este tipo de cosas no suele cambiar demasiado. No he conseguido encontrar un equivalente en España (quizá algún amable lector tenga alguno) pero lo más parecido creo que sería la página del Cuadro nacional de atribución de frecuencias (CNAF), aunque no es tan elegante. Con tiene un PDF con la tabla de atribuciones de frecuencia [PDF, 119 páginas] y otro con las figuras de las canalizaciones [PDF, 41 páginas].

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear