Por @Alvy — 17 de Mayo de 2017

Aquí el que no corre, vuela. Literalmente. Porque en esta ocasión el brazo robótico ALIAS –del que ya habíamos leído algunas proezas el año pasado como pilotar una avioneta Cessna y un pequeño jet privado– ha conseguido pilotar con éxito un 737. Aunque no exactamente: se trataba de un simulador de Boeing 737-800NG que es probablemente lo más parecido a pilotar un 737 «de verdad» que puede haber en la actualidad – donde entrenan los pilotos humanos y con lo que te dan la licencia de piloto. Por algo se empieza.

La forma de hacerlo puede sonar extraña pero funciona: el brazo robótico maneja los motores y los mandos principales, mientras su cámara vigilan los indicadores y lucecitas de los paneles y los procesan tras interpretar los valores.

Lo mejor es que no solo voló el Boeing como un auténtico piloto: también consiguió hacerlo aterrizar de forma autónoma.

Así que si todo eso se puede hacer con un brazo enchufable que puede guardarse en una maleta grande y el software adecuado, solo nos queda preguntarnos: ¿qué brillante futuro podemos esperar de los pilotos automáticos en el futuro?

PilotoAutomatico AterrizaComoPuedas

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Por Nacho Palou — 17 de Mayo de 2017

El vídeo de Tech Insider muestra el proceso completo que conlleva cambiar de color por completo un avión. En concreto se trata de una unidad de la compañía Virgin Blue de Australia. Al inicio del proceso de repintado el avión es completamente rojo y al final del proceso es blanco casi en su totalidad.

Lo más espectacular del asunto es cómo se elimina la pintura vieja: el avión se rocía (cuidadosamente, eso sí, protegiendo las partes delicadas y las partes sin pintura) con disolvente que, en una noche, deshace la pintura roja — la cual a la mañana siguiente se ha desecho y ha “chorreado” del avión al suelo, donde yace convertida en una especie de sopa pastosa.

En total son necesarios 11 días de trabajo y casi 260 litros de pintura para repintar cada avión.

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Por @Alvy — 14 de Mayo de 2017

Estas silenciosas pero interesantes imágenes muestran el lanzamiento desde un avión de transporte C-17 Globemaster III de ocho vehículos todoterreno Humvee, en una zona de entrenamientos militares de Carolina del Norte.

Resulta curioso ver el lanzamiento desde las diferentes posiciones de cámara: en el techo de la cabina de carga, en el suelo y también en las tomas subjetivas que hay en algunos de los vehículos, tanto frontales como traseras.

Los enormes paracaídas tienen 30 metros de diámetro y normalmente son capaces de frenar la «jaula» que sujeta el Humvee desde la velocidad de caída libre hasta unos 32 km/h (unos 8 o 9 metros por segundo). El avión de transporte previamente ha «frenado» también para sobrevolar la zona objetivo a unos 140 nudos (260 km/h) y 250 metros de altura más o menos.

Bajo las ruedas y la plataforma del coche se instalan entre 3 y 5 paneles ondulados –parecidos al cartón, pero más resistentes– capaces de absorber el impacto. Si algo va mal y la estructura choca contra el suelo a más velocidad pueden partirse uno o varios de esos paneles.

La mecánica de estos lanzamientos está muy estudiada y perfeccionada, lo cual no quita para que a veces haya «pequeños fallos»… Pero claro, cuando estamos hablando de un vehículo de casi dos toneladas y media el resultado es un…

… ¡CHOFFFF! realmente espectacular, a juzgar por la nube de polvo resultante. En la maniobra del vídeo por alguna razón además fallaron los paracaídas de tres vehículos, lo cual teniendo en cuenta que cada Humvee cuesta unos 220.000 dólares les salió por un pico.

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Por @Alvy — 13 de Mayo de 2017

Este vídeo bastante completo muestra cómo una avioneta Piper PA-23 Aztec toma tierra sin tren de aterrizaje cuando tras varios intentos no consiguen que bajarlo debido a un problema hidráulico. Por suerte el aterrizaje fue perfecto y nadie salió herido – con la única excepción de la panza de la avioneta que debió quedar un tanto «magullada».

Tal y como puede verse en la transcripción cuando el piloto declara emergencia porque «el tren de aterrizaje se niega a bajar» lo mantienen a 1000 pies de altitud y le piden que sobrevuele el centro de control para echar un vistazo con los prismáticos, algo que suele ayudar, pero le responden «sabemos que no ha bajado».

Entonces calculan que con los 90 galones de combustible que llevan tienen combustible para unas 5 horas y dedican un buen rato a hacer pasadas mientras los mecánicos les van dando indicaciones sobre posibles remedios. Llegan a realizar operaciones manuales con el sistema hidráulico hasta que una de las ruedas baja un poco, pero nada más. Así que finalmente dicen «la verdad, preferiría subirla e intentar aterrizar sin ninguna de ellas».

Tras hacer algunos acercamientos «de prueba» a modo de ensayo finalmente todos los camiones de bomberos y ambulancias se ponen en posición. Entonces proceden a intentar el aterrizaje apurando la pista al máximo para que la velocidad al tocar tierra sea la más baja posible – cortando previamente la potencia a los motores. Una buena «rascada de panza» y listo: los dos tripulantes abandonan la avioneta por patas por si ocurre algo inesperado. Bien salvada la situación.

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