Por Nacho Palou — 26 de Mayo de 2015

Hace algún tiempo hablamos de Copenhagen Suborbitals, un grupo de especialistas y entusiastas «con suficiente cabeza y huevos como para construir su propio cohete y lanzarlo al espacio».

Recientemente el grupo ha completado el desarrollo de su motor para cohetes BPM 5, cuya fabricación y funcionamiento —en forma de encendidos de prueba— se pueden ver en varios vídeos disponibles en su cuenta de YouTube.

El vídeo de arriba dura seis horas, así que igual prefieres saltar directamente para ver las pruebas de encendido del motor que están aquí, aquí y aquí.

El objetivo final de Copenhagen Suborbitals es el de poner a un hombre en el espacio. El mérito que tienen es ser un grupo de ‘aficionados’ convencidos. Comenzaron su andadura más en serio a partir de la financiación colectiva y comparten ‘open source’ todo su conocimiento con cualquiera que, como ellos, tenga la cabeza y los huevos necesarios.

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Por @Wicho — 25 de Mayo de 2015

Un viaje en una Cessna C172SP de Pompano a a Cayo Norman grabado con una GoPro Hero 2 sujeta con los soportes adhesivos estándar, primero bajo el ala izquierda, aunque lo propio sería decir bajo el semiplano izquierdo, o incluso de babor, y luego bajo el estabilizador horizontal del mismo lado.

El efecto raro que hace la hélice se conoce como obturador rodante y se debe al efecto Nyquist:

El mismo motor, el mismo avión, el mismo régimen de vuelo, pero con el teléfono girado 180 grados.

En resumen: en lugar de tomar la imagen de una vez como los CCD que se usan en las cámaras de fotos los sensores CMOS de los móviles o, en este caso, de las GoPro, lo hacen recorriendo línea a línea el fotograma, y dado que la hélice no se está quieta mientras se va produciendo la lectura, se producen estas curiosas distorsiones.

Hay imágenes tomadas durante ese vuelo en Florida & The Bahamas from sea level to 1000ft.

(Vía @AviateAddict).

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Por @Alvy — 24 de Mayo de 2015

Este vídeo de Seeker cuenta la historia de cómo un aventurero llamado Christopher Michael consiguió hacerse un selfie con una GoPro a bordo de un Locheed U-2 a una altitud extraordinaria: 70 000 pies, que son más de 21 kilómetros. No es exactamente el espacio (que oficialmente comienza a 100 km) pero casi, casi.

Pilotar uno de estos aviones no es especialmente fácil, ni en el despegue (donde es asistido por un coche que lo persigue por la pista) ni en el aterrizaje. Una vez arriba la temperatura exterior alcanza los 70 bajo cero y el cristal de la cabina comienza a helarse.

Pero también hay un momento de calma perfecto al «tocar techo», que es el que se aprovechó para tomar la foto con el icónico traje naranja. Una experiencia sin duda como pocas.

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Por @Alvy — 24 de Mayo de 2015

Es cauto utilizar este patinete/aerotabla/hoverboard sobre las aguas, pues es el tipo de trastos que nunca se sabe cuándo pueden fallar. Pero en este caso el inventor canadiense Alexandru Duru no solo no se estampó (ejem, no demasiado) sino que además batió el anterior Récord Guinness mundial de «distancia recorrida» con un artilugio similar, que estaba en 50 metros, llevándolo hasta más de 275 metros.

El hoverboard es una pequeña maravilla que mantiene automáticamente el equilibrio en el aire, se diría que propulsado por peróxido de hidrógeno; el piloto va enganchado con unas botas similares a las de esquiar y el control de los giros se realiza simplemente con movimientos de los pies.

Ahora solo resta miniaturizarlo un poco, dotarlo de más autonomía, pintarlo de rosa y… luchar por llegar a tiempo:

Hoverboard: Regreso al Futuro

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