Por @Wicho — 21 de Febrero de 2017

Logo CCSC2017Como os adelantaba hace unos meses, y tras varios años sin que se celebrara, este año vuelve el Congreso de Comunicación Social de la Ciencia.

Bajo el lema «Cultura y Ciencia. Viejos retos, nuevos medios», su sexta edición se celebrará en la sede del Rectorado de la Universidad de Córdoba los días 23, 24 y 25 de noviembre de 2017.

Contará con la presencia de representantes de diferentes ámbitos de la cultura como la literatura, la música, el cine, la televisión, el deporte y, por supuesto, la comunicación científica para debatir sobre la importancia de la cultura científica. Además, investigadores del ámbito de la comunicación social y profesionales en activo radiografiarán el sector desde la perspectiva teórica y práctica.

El programa provisional es este:

Jueves 23 de noviembre

  • 9:00 horas - Inauguración y bienvenida
  • 10:00 horas - Conferencia inaugural
  • 11:30 horas - Pausa café
  • 12:00 horas - Mesa redonda «Sin ciencia no hay cultura«
  • 14:00 horas - Almuerzo
  • 16:00 horas - Comunicaciones orales. Primera sesión
  • 18:00 horas - Mesa redonda «Cultura científica y ciudadanía democrática»
  • 19:30 horas - Pósteres. Primera sesión
  • 21:00 horas - Cóctel de bienvenida

Viernes 24 de noviembre

  • 9:00 horas - Pósteres. Segunda sesión
  • 10:00 horas - Comunicaciones orales. Segunda sesión
  • 11:30 horas - Pausa café
  • 12:00 horas - Mesa redonda «¡Cómo está el sector!»
  • 14:00 horas - Almuerzo
  • 16:00 horas - Comunicaciones orales. Tercera sesión
  • 18:00 horas - Mesa redonda «Equidad y cultura científica»
  • 20:00 horas - El espectáculo de comunicar ciencia

Sábado 25 de noviembre

  • 10:00 horas - Mesa redonda «Conclusiones»
  • 12:00 horas - Pausa café
  • 13:00 horas - Visitas culturales

Ya puedes inscribirte como participante, así como enviar tus propuestas de comunicaciones orales y pósteres.

Las inscripciones tienen precio reducido hasta el 30 de junio y se cierran el 29 de septiembre.

La fecha límite para presentar resúmenes de comunicaciones es el 31 de mayo de 2017. El 19 de junio de 2017 se hará pública la resolución del comité científico al respecto, lo que abrirá el plazo de presentación de comunicaciones, que irá del 20 de junio al 29 de septiembre de 2017.

El VI CCSC Está organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica, de cuya junta directiva soy miembro, la Universidad de Córdoba, y la Fundación Descubre.

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Por @Wicho — 21 de Febrero de 2017

Juno con su motor en primer plano
Juno con su motor en primer plano

El 5 de julio de 2016 la sonda Juno de la NASA entraba en órbita alrededor de Júpiter. La idea era que describiera dos órbitas de captura, con una altitud mínima de 4150 kilómetros sobre las nubes del planeta y máxima de ocho millones de kilómetros y con un periodo de 53 días, para luego utilizar el motor principal para cambiar a una órbita de trabajo de 5000×1,9 millones de kilómetros y 14 días.

Esto tenía que haber sucedido el 19 de octubre de 2016, pero la NASA decidió posponer esa maniobra porque dos válvulas del sistema de combustible del motor principal no funcionan como deberían y querían asegurarse de que si intentaban la maniobra todo saldría bien.

En diciembre de 2016 la NASA tampoco se decidió a intentar el cambio de maniobra, y tal y como se puede leer en NASA’s Juno Mission to Remain in Current Orbit at Jupiter ya nunca lo hará.

Así, Juno se quedará en su órbita actual de 53 días para desarrollar su misión, lo que implica que tardará casi tres años más en cumplir su misión de lo previsto originalmente.

La decisión es razonable, pues no tiene mucho sentido arriesgar toda la misión sin la seguridad de que el motor vaya a funcionar correctamente, pero crea una incertidumbre acerca de la duración de los sistemas de a bordo pues la radiación en las proximidades de Júpiter es intensísima –no en vano los instrumentos principales de Juno van metidos dentro de una especie de cofre de titanio con paredes de un centímetro de grosor– y acerca de la financiación de la misión.

En el caso de los instrumentos la órbita más elíptica hace también que estén menos tiempo expuestos a lo peor de la radiación del planeta, así que lo mismo la jugada sale bien; en el caso de la financiación… ¿Quién sabe lo que puede pasar con la administración Trump al mando?

Así que mientras vemos qué pasa Juno y sus instrumentos seguirán recogiendo datos que nos permitirán analizar la composición de la atmósfera de Júpiter, quizás dilucidar si tiene o no un núcleo sólido bajo su manto de nubes, y estudiar con detalle su campo magnético, sus emisiones de radiación, y su campo gravitatorio.

Placa dedicada a Galileo

Minifigs
Aparte de sus instrumentos científicos Juno lleva a bordo una placa que homenajea a Galileo Galilei, descubridor de los cuatro satélites más grandes de Júpiter, y unas figuras como las de Lego hechas en aluminio que representan a Júpiter, su esposa Juno, y al propio Galileo

Todo eso nos ayudará a saber más del origen de nuestro sistema solar, ya que a fin de cuentas, y que me perdonen los astrónomos de la sala, Júpiter no es más que una estrella que se quedó pequeña y nunca llegó a encenderse.

Eso sí, vistos los problemas con el motor, la NASA parece haber tenido una buena dosis de suerte el día de la inserción orbital.

Juno está en Twitter como @NASAJuno.

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Por @Alvy — 18 de Febrero de 2017

Raymond SmullyanEstos días tuvimos noticias de que había fallecido Raymond Smullyan a los 97 años. Este venerable filósofo, lógico, matemático y mago estadounidense popularizó entre otras cosas el conocimiento de la lógica a través de sus libros de acertijos y problemas divulgativos, en los que nunca faltaba un toque de humor. Enseñó entre otros sitios en Princeton y la Universidad de Nueva York y trabajó con Alonzo Church (el pionero de la computación) en la preparación de su doctorado.

¿Por qué debería preocuparme por la muerte? ¡No es algo que vaya a suceder mientras viva!

– Raymond Smullyan

Como a tantas otras grandes figuras creo que muchos conocimos a Smullyan gracias a Martin Gardner, quien presentó muchos de sus problemas lógicos en su columna de Scientific American. Luego Ediciones Cátedra nos acercó con aquellos maravillosos libros de tapa naranja a sus volúmenes de lógica, con maravillas como ¿Cómo se llama este libro? (1978), ¿La dama o el tigre? (1982) o Alicia en el país de las adivinanzas (1982).

Eran libros de suave pero duro aprendizaje: con cada nuevo problema planteado daba otra vuelta de tuerca a las reglas y volvía a desafiar a la intuición, con fantásticos personajes que siempre mentían o siempre decían la verdad (caballeros y bribones, vampiros locos que entienden todo al revés y además siempre mienten, y complicaciones aún mayores). De ahí se podía seguir, página a página, a las paradojas lógicas y los teoremas o las curiosidades del infinito. Seguro que Spock hubiera lidiado sin problemas con estos volúmenes, pero para el resto de los mortales nos hizo aprender con sudor (imaginario) y dolores de cabeza (real).

Otros de sus trabajos más espectaculares, de hecho mi favorito, son los problemas de ajedrez de análisis retrógrado: enigmas de ajedrez en los que no hay que razonar cómo conseguir el jaque mate en tantas jugadas, sino qué sucedió anteriormente en una partida. ¿Cuál fue el último movimiento que se hizo? ¿En qué casilla capturaron a la dama negra? ¿Qué figura invisible hay en una esquina? De este estilo son Los misterios de ajedrez de Sherlock Holmes (1979) y otros.

En otro estilo filosófico también profundizó en el campo del taoísmo, un sistema de filosofía de vida que según decía resolvía la mayor parte de los problemas filosóficos y además los integraba con la matemática y la lógica de forma coherente. Al respecto y tocando la cuestión del libre albedrío dejó una curiosa conversación entre un mortal y un dios que merece la pena repasar.

En sus últimos años Smullyan se dedicó a otra de sus grandes aficiones: la música y el piano.

Qué mejor homenaje a modo de despedida que dejar uno de sus célebres problemas (vía Cliff Pickover y Amy Padnani – allí está la respuesta):

Un comerciante compra un pájaro por 7 dólares, lo vende por 8, lo vuelve a comprar por 9 y lo vende por 10. ¿Cuál es su beneficio?

A: Ninguno. Ni gana ni pierde
B. Ninguno: pierde 1 dólar
C. 1 dólar
D. 2 dólares

Más homenajes sobre el profesor:

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Por Nacho Palou — 15 de Febrero de 2017

El vídeo capta diversos impactos de meteoritos contra la superficie de la Luna “y otros eventos” detectados desde el Automated Lunar and Meteor Observatory (Alamo). El Alamo emplea telescopios terrestres para observar zonas parciales del satélite con el fin de “determinar la cadencia y el tamaño de los meteoroides que chocan contra la superficie lunar.”

Los meteoroides tienen masas que van desde unas pocas décimas de gramos hasta unos pocos kilogramos, pero no tienen suficiente tamaño como para considerarse asteroides. Son el mismo tipo de objetos que, al alcanzar la Tierra, se queman en la atmósfera produciendo las estrellas fugaces en el cielo nocturno. En la Luna sin embargo, al no haber atmósfera, esos mismos objetos golpean contra el suelo.

La observación de este fenómeno contra la superficie lunar ayuda a entender su naturaleza y permite determinar su tamaño, difícil de medir de otro modo. También sirve para determinar el riesgo que suponen los meteoroides para las naves espaciales y satélites.

Los pequeños meteoroides se detectan cuando se queman en la atmósfera terrestre en las zonas del cielo que están cubiertas por los radares. Pero los meteoroides más grandes son menos comunes y requieren una superficie de detección más amplia, como la que forma de manera la natural la superficie de la Luna. La Luna proporciona una área de recolección de meteoroides de millones de kilómetros cuadrados visibles desde la Tierra.

A partir de esas observaciones se sabe, por ejemplo, que de promedio la Tierra recibe unas 33 toneladas meteoroides cada día, la mayoría de los cuales se queman en la atmósfera.

En el vídeo cada impacto dura una fracción de segundo porque está grabado en tiempo real: hasta la más lenta de esas rocas recorre 20 km por segundo (72.000 km/h) y la más veloz que se ha observado llegó a los 72 km por segundo (257.000 km/h). A esa velocidad hasta la roca más pequeña acumula una gran cantidad de energía: un meteoroide de 5 Kg de masa puede abrir en la Luna un cráter de 9 metros y levantar 75 toneladas de materiales del suelo.

Fuente: Lunar Impact Monitoring.

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