Por Nacho Palou — 8 de Febrero de 2016

Imagen-Solvatten-Purificador-Solar-Agua

En Quartz, This solar innovation by a Swedish artist uses surprisingly simple technology to save lives,

En 2005 la diseñadora sueca Petra Wadström no tenía conocimientos de ingeniería ni sabía mucho acerca de la energía solar. Pero viendo la cantidad de sol que llegaba hasta el suelo en Australía, donde se encontraba, y mirando un bidón de plástico utilizado para transportar agua se dio cuneta de que había un enlace perdido entre ambas cosas.

A partir de esa observación Wadström desarrolló Solvatten, un bidón que purifica el agua usando únicamente la energía del sol. Actualmente se utiliza en decenas de países, principalmente del continente africano.

Una vez se ha llenado de agua el bidón —que tiene un filtro en la boca de llenado para impedir el paso de impurezas de gran tamaño— éste se abre por la mitad como su fuera un libro y se expone al sol.

solvatten purificador agua

Las membranas dejan pasar los rayos ultravioletas del sol, que destruyen el ADN de las bacterias que puedan encontrarse en el agua. Además mientras está expuesto al sol el depósito calienta el agua hasta 75°C, lo que contribuye en la tarea de purificación del agua.

Para enfriar el agua basta con poner el bidón a la sombra una vez terminado el proceso de purificación que dura entre 2 y 6 horas, dependiendo de la cantidad de sol a la que se exponga el bidón.

El bidón Solvatten proporciona así agua purificada y caliente allí donde es necesario —por ejemplo, para asistir a un parto o lavarse— y también agua para lavar, cocinar y beber. Todo ello sin quemar combustibles y sin necesidad de utilizar químicos.

Con una durabilidad de entre 7 y 10 años un sólo bidón cubre las necesidades de una familia de cinco o seis miembros durante años.

Fotografía: Solvatten.

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Por Nacho Palou — 6 de Febrero de 2016

Garmin Vivofit (cc) Health Gauge

En Details, Science Is Just Not That Into Your Fitbit,

Investigadores de la Universidad de Lancaster, de la Universidad en Brístol y de la Universidad pública en Nottingham, no están entre aquellos que harán cola para comprar el nuevo y estiloso Fitbit Alta. Al menos no salvo que sea por una simple cuestión de ir a la moda. «Los dispositivos se comercializan bajo la premisa de que contribuyen en la mejora de la salud y de la forma física, pero la mayoría de los fabricantes no proporcionan evidencias que demuestren la efectividad de sus productos», escriben los investigadores en en Science Daily.

El estudio se titula Researchers urge caution on wearable health devices e inciden en la falta de ciencia tras las mediciones y el funcionamiento de las pulseras cuantificadoras y los smartwatches — y además alerta del riesgo de fiabilidad y seguridad que suponen,

La fiabilidad y validez de las mediciones de los wearables es preocupante. Una reciente comparación entre varios de estos dispositivos para el seguimiento de la actividad física descubrió variaciones en las mediciones de hasta un 25 por ciento entre dispositivos distintos.

Hace no mucho desde la publicación MIT Technology Review advertían de que «los medidores de actividad tienen que ser mucho más fiables antes de que resulten médicamente útiles» y que ese era uno de los motivos —aunque no el único— por el que a tu médico tampoco le interesan los datos de tu medidor de actividad del mismo modo que esas medidas nunca nos interesaron a nadie.

Un prueba no científica pero que argumenta perfectamente la desconfianza en estos dispositivos es ver (vídeo) este filete de pechuga de pollo latiendo a 119 ppm estando en estado de reposo eterno, vía Internet of Shit.

Filete-Pollo-119-Ppm-1
«En un rato la pechuga de pollo había quemado 1126 calorías por mí», escribió @EmilyGorcenski

Por cierto que un vaso vive algo más relajado que un pollo muerto, por si sentías la necesidad de saber esto.

En lo que sí coninciden estos estudios es en que estos dispositivos ayudan a mucha gente ser más activa, y eso siempre es bueno.

Fotografía (cc) Health Gauge

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Por @Alvy — 5 de Febrero de 2016

El gen egoísta / 40 aniv

El gen egoista (Richard Dawkins, 1976) se considera una de las obras científicas más influyentes de las últimas décadas y ahora cumple 40 años. Por eso es tremendamente interesante la lectura de In retrospect: The selfish gene, de Matt Ridley, que en Nature examina la obra desde una nueva luz. A eso habría que añadir la lectura de «The Selfish Gene» turns 40 de Laurence Moran.

En ambas revisiones del clásico –no necesariamente siempre coincidentes– los dos autores hablan de cómo cambió el planteamiento de algunas teorías anteriores, de su influencia en la genética y de cómo Dawkins supo explicar algunas situaciones discordantes, como el famoso «ADN basura».

Por aquí ya comentamos esa magna obra hace diez años, especialmente lo interesante que resulta todo lo que explica sobre los genes y los animales como meras «máquinas de transmisión» de memes (término inventado por el autor), lo cual incluyen ideas autorreplicables, la cultura y otras formas de conocimiento.

Quien no lo haya leído puede aprovechar la excusa del aniversario para ponerse al día. Para mi es sin duda uno de esos libros que pueden cambiar tu forma de pensar para siempre.

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Por @Wicho — 4 de Febrero de 2016

Los icebergs de Plutón en color
Los icebergs de Plutón en color – NASA/HUAPL/SwRI/Roman Tkachenko

Los científicos están cada vez más convencidos de que lo que en principio parecían montañas en la Planicie Sputnik en realidad son enormes bloques de hielo de agua flotando en un hielo formado fundamentalmente por nitrógeno, tal y como se puede leer en Pluto's mysterious, floating hills.

Son bloques de hielo que se desprenden del terreno circundante, igual que los icebergs en la Tierra se desprenden de la banquisa que cubre las regiones polares.

A la temperatura reinante en Plutón este hielo tiene una consistencia similar a la de pasta de dientes, y por un proceso que aún no han determinado, crea células de convección, como las que forma el agua cuando se va calentando, sólo que a un ritmo mucho más lento.

Esto hace que los icebergs se vayan juntando en el borde de estas celdas de convección, formando grupos de unos 20 kilómetros de ancho.

Icebergs en Plutón
Icebergs – NASA/JHUAPL/SwRI

Las agrupaciones más grandes que se ven cerca de la costa son probablemente zonas en las que el hielo de nitrógeno es menos profundo y en las que los icebergs quedan varados.

A la sonda New Horizons, que es la que nos ha revelado todas estas curiosas características de Plutón, y más, aún le quedan varios meses de seguir enviando datos; a saber qué nuevas sorpresas guarda aún en su memoria.

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