Por @Alvy — 11 de Febrero de 2016

{Lo interesante empieza en 06:15, si quieres ahorrarte el relleno.}

Las pelotas de ping-pong son tan ligeras, tan ligeras que aunque durante un partido alguien remate con todas sus fuerzas es prácticamente imposible que te hagan realmente daño aunque impacten contra el cuerpo; como mucho notarás un mero pellizco. Pero… ¿Y si fueran mucho más deprisa todavía?

Utilizando un cañón de vacío un responsable del museo de la ciencia de San Francisco –el famoso Exploratorium– muestra un montaje con el que lanzar pelotas de ping-pong a altas velocidades (hasta unos 804 km/h) que son capaces de taladrar una lata de refresco como si tal cosa. Eso es algo menos que la velocidad del sonido (1200 km/h). Dado que su poder destructivo depende tanto de la masa como de la velocidad, sin la velocidad es tan exagerada… ¡Crash!

Una pelota de ping-pong pesa unos 2 gramos y medio nada más, y en condiciones normales son inocuas porque el rozamiento del aire las frena de una manera brutal. Por eso en este cañón de vacío, que tan solo deja 1 milímetro de separación con la bola alcanzan tales velocidades y se vuelven tan destructivas.

Más al respecto:

Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 11 de Febrero de 2016

Logo Ciencia en RedesEn la Asociación Española de Comunicación Científica, de cuya junta directiva soy miembro, llevamos ya meses preparando Ciencia en Redes 2016.

La quinta edición de esta jornada para periodistas, investigadores, comunicadores, museógrafos e instituciones y empresas dedicadas a la ciencia y el I+D+i tendrá lugar el jueves 28 de abril de 2016 en La Casa Encendida, en Madrid.

Aún no hemos hecho público el programa, pero este incluirá, entre otras cosas, tres ponentes internacionales, un tiempo dedicado a los museos, y los ya tradicionales Diez minutos de gloria, en los que te damos siete minutos para contarnos tus estrategias específicas en las redes sociales, más tres minutos de preguntas… Y como estoy metido en la organización, puedo asegurar que el programa de este año estará a la altura.

Así que ya puedes comprar tu entrada, que por 40 euros para el público general incluye la asistencia a la jornada y la comida, aunque hay descuentos si eres miembro de la AECC, de APIA, ACCC o ANIS.

¡Yo ya tengo la mía!

Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 11 de Febrero de 2016

No es posible saber cómo será la Tierra dentro de 100 millones de años. Pero seguramente para entonces no quede rastro de los humanos.

El vídeo plantea la cuestión sobre qué registro quedará de nuestra civilización dentro de 100 millones de años y cómo será percibida entonces para un hipotético explorador que llegue a la Tierra.

El impacto que ha tenido el ser humano en el mundo en los 200 000 años desde que existe es mucho mayor que el que tuvieron los dinosaurios a lo largo de los 100 millones de años que lo habitaron. Y sin embargo en realidad sabemos muy poco sobre ellos.

Un explorador que indagase en el Antropoceno —la era que se discute comienza en algún momento entre el desarrollo de la agricultura y la Revolución Industrial— encontraría un montón de cosas raras: desde materiales que no existen en la naturaleza y de los que no hay rastro ni antes ni después del Antropoceno —como el plástico o el vidrio o capas de químicos de los fertilizantes— a un enorme desorden de fósiles de animales o de plantas. Una gran extinción de decenas miles de especies en apenas un suspiro geológico; materiales raros agrupados y extrañamente concentrados —en catalizadores de coches repartidos a lo largo de las antiguas carreteras—, y esos extraños restos de materiales y restos resultantes de las explosiones nucleares, para los que tal vez entonces un hipotético explorador nunca encuentre una explicación sobre su origen.

Relacionado,

Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 11 de Febrero de 2016

Tras un viaje de unos 4900 millones de kilómetros de siete años y medio de duración la sonda Dawn de la NASA llegaba al planeta enano Ceres el viernes 6 de marzo de 2015 aproximadamente a las 13:36 UTC.

Tras ajustar su órbita e irse acercando cada vez más a la superficie de este planeta enano, descubierto el 1 de enero de 1801 y que contiene aproximadamente la tercera parte de la masa total del cinturón de asteroides, ahora disponemos de un mapa global de su superficie.

Este vídeo, procesado por el Centro Aeroespacial Alemán, muestra esta en color mejorado para que se aprecien mejor las diferencias en composición de distintas áreas: el marrón indica una capa superficial rica en filosilicatos, unos minerales típicos de las arcillas, mientras que el azul se corresponde con zonas más jóvenes de la superficie; las zonas brillantes son las más nuevas de todas y probablemente contienen sales.

Occator

Es precisamente la naturaleza de esos depósitos brillantes una de las cosas que más intrigados tiene a los científicos; el espectrómetro y el detector de rayos gamma y neutrones que van a bordo de Dawn deberían ayudar a desvelar su naturaleza.

Me parece importante resaltar que aunque los colores no sean los naturales de Ceres –que, a simple vista, veríamos gris– la topología es real: tenemos ojos a pocos kilómetros de su superficie escrutándola con detalle.

Dawn ha sido la primera sonda en orbitar dos astros distintos, pues antes ya había estado en órbita alrededor de Vesta; sus motores de iones son los que han permitido esto, pues aunque tienen un empuje muy bajo pueden estar en funcionamiento mucho tiempo con muy poco gasto de combustible.

Compartir en Facebook  Tuitear