Por @Wicho — 21 de Octubre de 2017

Estrellas fugaces sobre el monte Annapurna


La Tierra está pasando por la parte de su órbita que atraviesa los restos dejados atrás por el cometa Halley, con lo que estamos en la época del año en la que se puede ver la lluvia de estrellas de las Oriónidas, que reciben su nombre porque parecen venir de la zona del cielo que ocupa la constelación de Orión.

Se considera que las Oriónidas están activas entre el 2 de octubre y el 7 de noviembre, pero las previsiones indican que el pico de actividad será en las noches del 21 y el 22 de octubre.

Para observarlas lo único que hay que hacer es irse lo más lejos posible de la contaminación lumínica y mirar al cielo, a ser posible hacia Orión, aunque tampoco es imprescindible porque una vez que los meteoroides entran en la atmósfera pueden seguir prácticamente cualquier dirección.

Orión sale por el este a medianoche, así que a partir de ahí es el mejor momento para intentar cazarlas, con la ventaja además de que la Luna ya se habrá puesto. Si no sabes localizarlo, a pesar de que es una de las constelaciones más reconocibles, una app como SkySafari te ayudará. Recuerda que es mejor no usar telescopios ni prismáticos, ya que reducen el campo de visión y hacen más difícil cazar las estrellas fugaces.

Lo malo es que se estima una tasa horaria zenital de 20, así que no será uno de los años de más actividad de las Oriónidas; más bien todo lo contrario.

Y como decimos siempre, recuerda abrigarte, que no queremos que te constipes por nuestra culpa.

El cometa Halley es también el responsable de otra lluvia de estrellas, la de las Eta Acuáridas, que tiene lugar en mayo, y que se produce cuando nuestro planeta atraviesa la zona del sistema solar por la que discurre la otra parte de la órbita del Halley.

{Foto by Arto Marttinen en Unsplash}

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 20 de Octubre de 2017

Asolarflarer
El dibujo de Juan Valderrama que documentó una llamarada solar de luz blanca en 1886.

Aunque hasta ahora habían pasado desapercibida, las observaciones realizadas por Juan Valderrama y Aguilar en 1886, desde Madrid, documentaron hace más de un siglo una inusual llamarada solar de luz blanca. La de este astrónomo aficionado, que por entonces contaba con 17 años y un telescopio de 6 cm, es cronológicamente la tercera observación de una llamara solar registrada en la historia. La primera, que se sepa, fue la del astrónomo británico Richard C. Carrington (1859) y la segunda la del jesuita italiano Pietro Angelo Secchi (1872).

Sin embargo, como buen ejemplo de la ciencia nacional, Juan Valderrama tuvo que publicar su trabajo y sus bocetos en una revista extranjera, en la publicación francesa L'Astronomie. No ha sido hasta ahora cuando investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y de la universidad de Extremadura se han encontrado con este caso tan inusual dado el tipo de fenómeno que presenció, una llamarada de luz blanca (white light flare). “Durante más de un siglo Juan Valderrama fue la única persona que había observado este fenómeno relativamente inusual”, según Phys.org.

Para el investigador Sánchez Almeida, del IAC, “es extraordinario que en la España del siglo XIX un chico de 17 años hiciera tal descubrimiento científico, y es aún más impresionante que tuviera el valor de presentarlo para su publicación en una revista científica extranjera."

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 20 de Octubre de 2017

Envisioning Chemistry es un proyecto de Beauty of Science y la Sociedad química china que tiene dos objetivos principales: por un lado, hacer vídeos sobre reacciones químicas para dejar alucinada a la gente; por otro servir como recurso a los profesores de química para tener material de apoyo en sus clases.

Así que hacen dos tipos de vídeos, unos más artísticos, y otros más «científicos». En los primeros recogen varias reacciones químicas de un mismo tipo con imágenes muy chulas y una música que las acompaña. En los segundos recogen una reacción con todo lujo de detalles para que, llegado el caso, se pueda proyectar en una clase, lo que facilita tanto explicar a los alumnos lo que se pueden esperar cuando la hagan como a lo mejor poder enseñarles una reacción que sería demasiado peligrosa como para hacer en clase.

Los dos tipos de vídeos –aún les quedan por subir unos cuantos de cada categoría– vienen acompañados de unas hojas con sugerencias de cuestiones que plantear a los alumnos.

Hace mucho que no estudio nada de química, pero casi, casi, me han entrado ganas de hacerlo de nuevo ;)

(This is Colossal vía Ana Ribera).

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por Nacho Palou — 20 de Octubre de 2017


El depósito de combustible de un cohete Delta 2 convertido en 250 kg de basura espacial que cayó en 1997 en algún lugar del estado de Texas.

Hace no mucho comentábamos por aquí que según Heiner Klinkrad, director de la Space Debris Office de la Agencia Espacial Europea, “el riesgo anual de que una persona en concreto resulte alcanzada por un trozo de basura espacial es de una probabilidad entre 100 mil millones”, de modo que la probabilidad de que te caiga encima un satélite o un trozo de basura espacial en muy baja, de una entre mil millones — mientras que la probabilidad de que te caiga un rayo es de 1 entre 56.000.

A raíz de la caída “casi inminente” de la estación espacial china Tiangong-1 (y a más largo plazo la caída del mismísimo telescopio espacial Hubble) en Wired explican Cómo los científicos calculan cuáles son las probabilidades de que un artefacto espacial te caiga encima y te mate, en How Scientists Predict If a Spacecraft Will Fall and Kill You.

Para calcular cuáles son las probabilidades de que un objeto caído del cielo alcance a una persona en la Tierra los científicos utilizan datos demográficos relativos a la densidad de población según la latitud y longitud terrestre; datos del año 2000 y la previsión para el año 2050 según el crecimiento de la población.

Chart IL
La línea roja indica la inclinación de la órbita de la estación espacial Tiangong-1, la latitud por la que probablemente entraría a la Tierra; allí la densidad de población es de entre 17 y 24 personas por km² | Mark Matney / NASA, vía Wired.

Con esos datos de población y la inclinación de la órbita del objeto los investigadores pueden calcular la probabilidad de que los restos caigan en una latitud y longitud determinadas y, por extensión, la cantidad de personas que corren el riesgo de ser alcanzadas. Así es como los investigadores del Orbital Debris Program Office de la NASA obtuvieron el gráfico ilustrado arriba, que muestra la densidad de población promedio bajo un rango de inclinaciones orbitales. (Se ha añadido una línea roja para indicar la inclinación de 42,8° del Tiangong-1). El gráfico utiliza datos de dos conjuntos de datos de población: uno del año 2000 y un modelo predictivo de población para el año 2050. Basado en este gráfico, la densidad media de población bajo la órbita de Tiangong-1 es inferior a 25 personas por kilómetro cuadrado.

Y eso no es mucha gente.

En este sentido la atmósfera terrestre juega un papel fundamental —una vez más— como salvavidas: “cuando una nave espacial cae en picado hacia la Tierra rara vez queda intacta. El calor extremo y las violentas fuerzas de reentrada atmosférica destruyen la mayoría de los objetos pequeños.”

En el caso de los objetos más grandes una reentrada descontrolada suele reducir el objeto a trozos más pequeños y enlentece la caída de los materiales. Tanto que incluso aunque te alcance uno de esos fragmentos podrías sobrevivir, salvo tal vez si te golpea en la cabeza. O si pesa 250 kg.

De hecho, la diferencia de tamaño entre la estación espacial y la Tierra es tan grande, la Tierra en realidad están tan poco poblada (y todavía mucho menos los océanos, que son la mayor parte de la superficie), que “este asunto no preocupa en especial a ningún experto,” concluye.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear